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sobre Santa Maria de Corcó
Conocido oficialmente como L'Esquirol es puerta al Collsacabra
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En los mapas figura como Santa Maria de Corcó, pero aquí todo el mundo conoce este pueblo de Osona como L’Esquirol. Su posición, a casi setecientos metros de altitud en el cruce entre la Plana de Vic y la sierra, lo ha configurado históricamente como un lugar de paso. No es un fin en sí mismo, sino la antesala práctica para adentrarse en el Collsacabra.
Desde el núcleo, el paisaje se transforma con rapidez. Las llanuras de cultivo ceden paso a los perfiles escarpados y a los bosques cerrados de la montaña. L’Esquirol funciona como un centro de servicios para la zona, con un carácter más funcional que monumental. Su arquitectura, con edificios de piedra y calles anchas, responde a su papel de núcleo comarcal, heredero de una vida vinculada al campo.
El pueblo y su territorio
La iglesia parroquial de Santa Maria tiene un origen románico, aunque su aspecto actual responde a reformas posteriores. Su presencia domina el casco urbano, pero el elemento patrimonial más reconocible del municipio se encuentra en la pedanía de Cantonigròs. Allí está La Foradada, un arco natural de roca que actúa como mirador sobre los valles. Su silueta recortada contra el cielo se ha convertido en la imagen más difundida de la comarca.
El verdadero protagonista, sin embargo, es el paisaje del Collsacabra. Se trata de una meseta elevada, fracturada por acantilados como los Cingles de Tavertet. La combinación de bosques, prados y masías aisladas de piedra define una estética rural de cierta severidad, lejos de lo ornamental.
Senderismo y ciclismo
La red de senderos señalizados es extensa. La ruta más frecuentada es la que asciende desde Cantonigròs hasta la base de la Foradada, un paseo asequible que recompensa con buenas vistas. Las opciones se multiplican para quien quiera adentrarse en la meseta o recorrer el borde de los cingles, ya en caminatas de media o larga distancia que exigen preparación.
El terreno también atrae a practicantes de ciclismo de montaña, con una trama de pistas forestales exigentes. En verano, algunas pozas en los barrancos menores sirven de refugio frente al calor.
La gastronomía aquí se apoya en los productos de la tierra. Es común encontrar en las cartas platos de cuchara, embutidos de la zona, carnes a la brasa y setas de temporada, como los rovellons. Los quesos de vaca y oveja de Osona también tienen presencia.
Fiestas locales
El ciclo festivo tiene dos hitos. A finales de junio se celebra la Fiesta Mayor de Verano, con Sant Pere como patrón, que suele incluir bailes tradicionales y conciertos. En octubre tiene lugar la Fiesta Mayor de Otoño, en torno a la Virgen del Rosario, con un carácter más vinculado al final de la cosecha y que a menudo incorpora mercados de productos de temporada.
Cómo organizar la visita
Para llegar, la opción más directa es la carretera. Desde Barcelona, se toma la C-17 hacia Vic y después la C-153 en dirección a Olot; el desvío está señalizado. Desde Vic, el trayecto en coche son unos 20 minutos. La conexión en transporte público se basa en autobuses, principalmente desde Vic.
Cualquier época sirve, pero cada estación impone su carácter. El verano es el más concurrido, con un clima benigno para caminar. La primavera y el otoño, con menos visitantes, muestran los colores cambiantes del bosque. El invierno puede ser frío y húmedo, y transmite una sensación de retiro.
Conviene tratar L’Esquirol como base para pernoctar y aprovisionarse. Para adentrarse en el Collsacabra es necesario calzado de montaña, agua y un mapa físico o descargado, pues la cobertura de móvil falla en muchos barrancos. La oficina de turismo comarcal, en Vic, dispone de información detallada sobre rutas y alojamientos.