Artículo completo
sobre Sant Boi de Lluçanès
Pueblo tranquilo con un gran roble centenario y entorno natural
Ocultar artículo Leer artículo completo
El suelo del bosque cruje bajo las botas, una mezcla de hojas secas y ramitas. A media mañana de otoño, la humedad de los prados se levanta con el sol y el aire huele a tierra mojada y musgo. A ratos se oye un pinzón, a ratos el motor lejano de un tractor. El turismo en Sant Boi de Lluçanès es esto: caminar despacio por un altiplano donde viven unas seiscientas personas.
Sant Boi se encuentra a unos 800 metros, en la comarca de Osona. El paisaje mezcla bosques espesos con prados abiertos y masías dispersas que aparecen al doblar una pista. Es un territorio agrícola y ganadero, y esa relación con la tierra se nota: campos trabajados, cobertizos con maquinaria, perros que ladran desde un corral.
La iglesia y las calles tranquilas
En el centro, la iglesia parroquial marca el ritmo. Conserva estructura románica, con una portada sobria y muros de piedra que han visto pasar muchas reformas. Dentro, la luz entra de forma desigual por las ventanas pequeñas y cae sobre vigas de madera oscurecida.
Alrededor se agrupan unas pocas calles. A primera hora de la tarde apenas pasa nadie. Es un buen momento para fijarse en detalles pequeños: una puerta antigua, macetas en un balcón, el sonido de una radio encendida detrás de una ventana.
El territorio de las masías
Gran parte del carácter de Sant Boi está fuera del núcleo. Las masías, con sus paredes gruesas y tejados de teja curva, aparecen repartidas por todo el término municipal. Desde las pistas rurales se ven a cierta distancia. Conviene mantenerla: son viviendas privadas y aquí la vida diaria sigue su curso.
Los senderos suelen ser anchos y fáciles de seguir. Algunos conectan con otros pueblos del Lluçanès, atravesando colinas suaves. Cuando el tiempo lo permite, desde ciertos puntos altos se ve la llanura de Vic hacia el norte y, más lejos, las primeras montañas del Prepirineo.
Setas y silencio otoñal
Con las lluvias de otoño, el bosque cambia. Bajo robles y hayas empiezan a aparecer rovellons. No es raro ver coches aparcados al borde de pistas forestales los fines de semana de octubre.
Si vienes en esa época, lo sensato es madrugar y evitar las zonas más concurridas. Y recoger solo lo que se conoce bien: cada temporada hay avisos por intoxicaciones.
Sobre dos ruedas
Las pistas de grava que rodean Sant Boi se prestan a la bicicleta de montaña. No hay pendientes extremas, pero el terreno sube y baja lo suficiente como para que la ruta se note en las piernas.
Quien prefiera el asfalto encuentra carreteras secundarias con muy poco tráfico. En días laborables es posible pedalear kilómetros sin cruzarse con más que algún tractor.
En verano, el sol cae fuerte a partir del mediodía. Salir temprano se agradece.
Calendario agrícola y fiesta
La cocina de la zona sigue ligada al calendario. Embutidos curados, carnes de la comarca y verduras de huerta. En otoño, las setas se cuelan en muchos platos, según lo que haya dado el bosque ese año.
La fiesta mayor suele celebrarse en verano. Durante esos días hay música en la plaza y encuentros vecinales que conservan bastante de reunión local.
Luego, Sant Boi vuelve a su ritmo habitual. Tranquilo, algo apartado de las rutas más transitadas de Osona, con ese paisaje de prados y bosques para caminar sin mirar demasiado el reloj.