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sobre Sant Martí de Centelles
Municipio disperso dominado por los riscos de Bertí y el castillo
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Llegar a Sant Martí de Centelles tiene algo de esas escapadas en las que piensas “a ver qué hay por aquí” y acabas frenando el coche más veces de lo previsto. La carretera se enrosca entre bosque y masías, y de repente te das cuenta de que el ritmo cambia. Sant Martí de Centelles, en la comarca de Osona, es uno de esos municipios que mucha gente atraviesa camino del Montseny sin pararse demasiado… y quizá ahí está parte de la gracia.
El término municipal es amplio y bastante disperso. Más que un pueblo compacto, lo que encuentras son masías, pequeños núcleos y caminos rurales que conectan campos, bosque y laderas que miran hacia la Plana de Vic. No hay un “centro histórico” al uso donde se concentre todo. Aquí la vida se reparte por el territorio, como pasa en muchos municipios de interior.
Además, está a un salto del Montseny. Desde Vic o desde Barcelona se llega en poco rato, lo que hace que mucha gente venga a caminar o a dar una vuelta en bici sin meterse en las zonas más concurridas del parque.
Qué ver sin distracciones
La iglesia de Sant Martí es el punto más reconocible del municipio. Es un templo pequeño, de origen románico, que ha pasado por varias reformas con el tiempo. No es uno de esos lugares que llenan autobuses, pero si te gustan las iglesias rurales catalanas tiene ese aire sencillo que encaja bien con el entorno.
Lo que realmente define el paisaje son las masías. Están repartidas por todo el término y muchas siguen en uso, así que la mayoría no se pueden visitar. Aun así, basta con recorrer los caminos rurales para ir encontrándolas: casas de piedra, tejados inclinados, patios con herramientas, huertos y, a veces, ganado cerca. Son de esos edificios que te recuerdan que aquí la agricultura y la ganadería han marcado el ritmo durante generaciones.
Alrededor hay bastante bosque. Encinas, robles y pino mediterráneo mezclados según la zona. En otoño el suelo se llena de hojas y setas —cuando el año viene bueno— y es habitual ver a gente con cesta recorriendo los caminos. Nada especialmente salvaje, pero sí suficiente para caminar un rato y desconectar.
Desde algunos puntos elevados también se abre la vista hacia la Plana de Vic. Si pillas un día claro, el contraste entre los campos abiertos y las sierras que rodean la zona se aprecia bastante bien.
Caminar, pedalear y dejar pasar la tarde
Sant Martí de Centelles funciona mejor cuando no tienes un plan demasiado rígido. Hay pistas forestales y senderos que enlazan masías y zonas de bosque, muchos de ellos usados desde hace tiempo por vecinos, agricultores o gente que sale a pasear.
Si te gusta la bici, las carreteras secundarias de la zona tienen ese perfil de sube y baja constante que te hace trabajar un poco las piernas pero sin convertirlo en una etapa de montaña. Además, el tráfico suele ser escaso, que ya es bastante decir.
También es territorio de setas cuando llega el otoño. Mucha gente de la comarca viene a caminar por los bosques cercanos con la cesta en la mano. Lo típico: salir temprano, mirar bien el suelo y volver con lo que haya dado el día… o con la excusa de haber pasado la mañana al aire libre.
Un calendario que sigue el ritmo del pueblo
Las celebraciones locales suelen girar alrededor de la fiesta mayor dedicada a Sant Martí, hacia noviembre. En esos días el ambiente cambia bastante: actividades populares, encuentros vecinales y ese movimiento que solo aparece cuando el pueblo se junta.
En verano también suele haber actos más informales aprovechando las noches largas: música, encuentros al aire libre o pequeñas actividades organizadas por asociaciones locales.
Pero fuera de esas fechas, Sant Martí de Centelles se mueve a otro ritmo. Es un municipio tranquilo, de los que no buscan llamar la atención. Y a veces eso es justo lo que apetece: conducir un rato, parar en cualquier camino, estirar las piernas y mirar alrededor sin demasiadas expectativas. Muchas veces así es como se encuentran los sitios que luego recuerdas.