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sobre Sant Quirze de Besora
Pueblo a orillas del Ter rodeado de montañas y bosques
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Enclavado en el corazón de la comarca de Osona, Sant Quirze de Besora emerge como uno de esos destinos que invitan a desconectar del ritmo frenético de la ciudad. A 587 metros de altitud y rodeado por el verde intenso de los bosques prepirenaicos, este municipio de poco más de 2.000 habitantes conserva ese espíritu auténtico de la Cataluña interior, donde las tradiciones textiles se entrelazan con un paisaje de montaña que cambia con cada estación.
El municipio se extiende a orillas del río Ter, en una zona de transición entre la llanura de Vic y las primeras elevaciones que anuncian los Pirineos. Aquí el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, permitiéndonos saborear los pequeños placeres: un paseo por el casco antiguo, el aroma de la cocina tradicional catalana o el rumor del agua que ha movido durante siglos la industria local.
Sant Quirze de Besora es también puerta de entrada natural al Collsacabra, una impresionante formación geológica que regala algunas de las vistas más espectaculares de la Catalunya central. Un destino perfecto para quienes buscan naturaleza, historia y tranquilidad sin renunciar a la comodidad de estar relativamente cerca de Barcelona.
Qué ver en Sant Quirze de Besora
El casco histórico del municipio conserva el trazado típico de los pueblos industriales catalanes, con edificios que recuerdan su pasado textil. La iglesia parroquial de Sant Quirze i Santa Julita, de origen románico pero reconstruida en siglos posteriores, preside el núcleo urbano. Merece la pena acercarse para contemplar su estructura y los elementos arquitectónicos que han sobrevivido a las diferentes reformas.
Uno de los atractivos más singulares es el Museo del Ter, un espacio dedicado a la relación histórica entre el río y la actividad humana en la zona. A través de sus salas se comprende cómo el Ter fue motor económico, fuente de vida y, a veces, también amenaza para las poblaciones ribereñas.
Para los amantes de la arquitectura industrial, los antiguos edificios fabriles dispersos por el municipio cuentan la historia de una época en la que Sant Quirze fue un importante centro textil. Aunque muchos han sido reconvertidos, su presencia evoca un pasado de telares y chimeneas humeantes.
El entorno natural es, sin duda, uno de los grandes tesoros. Los bosques de ribera del Ter ofrecen agradables paseos, mientras que las elevaciones circundantes permiten disfrutar de panorámicas excepcionales sobre la comarca. Desde varios puntos se divisan las cumbres más altas de Osona y, en días despejados, los perfiles del Montseny y el Pirineo.
Qué hacer
Las posibilidades para disfrutar del aire libre son numerosas. El municipio cuenta con varias rutas de senderismo señalizadas que recorren tanto las orillas del Ter como las zonas boscosas de montaña. Una opción muy recomendable es seguir los caminos que conducen hacia el Collsacabra, donde el paisaje se vuelve más dramático con sus característicos acantilados.
Los aficionados al ciclismo de montaña encuentran aquí terreno ideal, con pistas forestales y caminos de diferentes niveles de dificultad. La carretera que asciende hacia Rupit y las Guilleries ofrece un reto estimulante para los ciclistas de carretera.
El río Ter permite practicar pesca deportiva en determinados tramos, una actividad tranquila perfecta para conectar con la naturaleza. En verano, algunas zonas del río invitan a refrescarse, aunque siempre con precaución y respetando las indicaciones locales.
La gastronomía local merece una atención especial. La comarca de Osona es famosa por sus embutidos, especialmente el fuet y la llonganissa, así como por platos contundentes como las judías del ganxet o los guisos de carne. No faltan establecimientos donde degustar la cocina tradicional catalana elaborada con productos de proximidad.
Para los interesados en el turismo cultural, Sant Quirze de Besora sirve como excelente base para explorar otros pueblos de Osona, como Vic con su impresionante catedral y mercado medieval, o Rupit, una de las localidades medievales mejor conservadas de Cataluña.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a finales de agosto en honor a los santos patronos, Sant Quirze y Santa Julita. Durante varios días, el pueblo se llena de actividades para todos los públicos: conciertos, bailes tradicionales, competiciones deportivas y los típicos correfocs que iluminan las noches de verano.
En septiembre tiene lugar la Feria de Sant Miquel, una cita tradicional que recupera el ambiente de los antiguos mercados rurales. Es una excelente oportunidad para conocer los productos locales y el carácter festivo de la comarca.
Durante el año se organizan diversas actividades culturales, desde exposiciones hasta conciertos, que mantienen viva la vida social del municipio más allá de las grandes celebraciones.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, se accede por la C-17 (Eix del Ter) en dirección a Ripoll. El trayecto es de aproximadamente una hora y media en coche. La carretera atraviesa paisajes muy atractivos, especialmente al superar Vic. También existe conexión en transporte público mediante autobuses desde Barcelona y Vic.
Mejor época para visitar: Cada estación tiene su encanto. La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables y colores espectaculares en los bosques. El verano es perfecto para disfrutar del río y las rutas de montaña, mientras que el invierno, aunque frío, regala paisajes de nieblas y heladas que tienen su propia belleza.
Consejos útiles: Lleva calzado cómodo para caminar y, si planeas hacer rutas de montaña, consulta antes el estado de los senderos. La zona tiene buena cobertura de servicios básicos, pero conviene planificar las comidas si vas a pasar el día en la naturaleza.