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sobre Santa Eulàlia de Riuprimer
Pueblo tranquilo en un valle con tradición agrícola
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Recuerdo la primera vez que pasé por aquí en coche camino de Vic. Ese momento en el que miras a un lado y a otro y piensas: “aquí la vida va a otro ritmo”. El turismo en Santa Eulàlia de Riuprimer no funciona como en otros sitios de Osona donde llegas, aparcas y todo está preparado para el visitante. Aquí entras casi sin darte cuenta, entre campos y masías, y lo que ves es simplemente un pueblo viviendo su día a día.
Con algo más de 1.500 habitantes y a pocos kilómetros de Vic, Santa Eulàlia sigue teniendo ese aire de pueblo agrícola donde todavía se nota que el campo manda bastante más que el turismo.
El pequeño núcleo alrededor de la iglesia
El centro es compacto. Un puñado de calles que se organizan alrededor de la iglesia parroquial de Santa Eulàlia, que lleva aquí siglos —aunque lo que vemos hoy es fruto de varias reformas con el paso del tiempo—.
No esperes un casco histórico grande ni monumental. Es más bien de esos lugares donde en diez minutos ya te has orientado. Casas de piedra, algunas puertas antiguas, ventanas pequeñas y bastante tranquilidad. Si la iglesia está abierta, merece la pena asomarse un momento: interior sencillo, nave única y ese ambiente sobrio tan típico de muchas parroquias rurales de Cataluña.
Caminos rurales entre masías
Lo que realmente define el entorno de Santa Eulàlia de Riuprimer está fuera del núcleo. En cuanto sales un poco del pueblo aparecen caminos agrícolas que serpentean entre campos y masías dispersas.
Muchas de estas casas llevan generaciones en la misma familia. Algunas se han rehabilitado como segundas residencias, pero otras siguen funcionando como explotaciones agrícolas. Los campos cambian según la época del año: cereal en invierno, maíz cuando llega el calor.
Pasear o ir en bici por estas pistas es bastante agradable si te gusta el paisaje abierto de Osona. No hay grandes desniveles ni rutas complicadas. Son caminos de tierra donde, siendo sinceros, es bastante más fácil cruzarte con tractores o vacas que con senderistas.
Pequeñas ermitas y miradores naturales
Por los alrededores también aparecen algunas ermitas rurales que salpican las colinas cercanas. Son construcciones sencillas, muchas veces en medio de campos o pequeños bosques. Algunas se alcanzan siguiendo pistas agrícolas que conectan diferentes masías.
En los días claros, desde las zonas más altas se intuyen las sierras que rodean la Plana de Vic y, a lo lejos, el perfil del Montseny. Nada espectacular en plan mirador acondicionado, pero sí ese tipo de vista amplia que aparece al girar una curva del camino.
Comer por la zona: mejor acercarse a Vic
Santa Eulàlia de Riuprimer es un municipio pequeño y la vida social suele moverse más hacia Vic. Lo habitual es acercarse allí si buscas más opciones para comer o pasar un rato en terrazas.
Eso sí, estás en Osona, y eso significa embutidos por todas partes: fuet, longaniza, butifarra negra… productos que forman parte de la despensa cotidiana de la comarca. En mercados y tiendas de los pueblos cercanos se nota bastante ese vínculo con la ganadería y la agricultura local.
Vic, a un salto
Una de las ventajas de parar por Santa Eulàlia es que Vic está literalmente a pocos minutos en coche. Allí el ambiente cambia: plazas con más movimiento, edificios históricos y uno de los mercados más conocidos de la comarca, que tradicionalmente llena el centro de puestos y gente.
La catedral también merece una parada rápida si ya estás por la zona.
Fiestas que siguen siendo de pueblo
Las celebraciones locales siguen teniendo ese formato bastante familiar. La fiesta mayor dedicada a Santa Eulàlia suele celebrarse en febrero y gira alrededor de actos tradicionales organizados por el propio pueblo.
En verano también hay fiesta mayor, con música, bailes y actividades que suelen montar las asociaciones locales. Y cuando llega la noche de Sant Joan, las hogueras vuelven a aparecer en algunos rincones del municipio, algo muy típico en muchos pueblos de Cataluña.
Un pueblo para entender la Osona más tranquila
Santa Eulàlia de Riuprimer no es un destino al que vengas a tachar monumentos de una lista. Es más bien ese tipo de sitio que ves de paso, paras un rato, das una vuelta y te haces una idea bastante clara de cómo es la vida en la Plana de Vic cuando sales de las ciudades.
Campos abiertos, masías dispersas, caminos tranquilos y un pueblo que sigue funcionando más por la rutina agrícola que por el turismo. Y, la verdad, eso también tiene su gracia.