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sobre Taradell
Pueblo con castillo en la roca y fiesta de los Tonnis
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La primera vez que fui a Taradell me pasó algo curioso: el GPS decía que ya había llegado, pero lo único que veía eran campos y alguna masía suelta. Pensé que se había equivocado. Luego entendí el truco: el pueblo queda un poco recogido, detrás de una loma, como esos bares que no ves desde la carretera pero cuando entras están llenos de gente del lugar. El turismo en Taradell tiene un poco de eso: parece que no haya nada… hasta que empiezas a subir hacia el casco urbano y todo encaja.
El castillo en lo alto de la roca
El Castell de Taradell está colocado donde lo pondría cualquiera que quisiera vigilar toda la Plana de Vic: arriba del todo. La fortificación es muy antigua —sus orígenes suelen situarse en la Alta Edad Media— y la ubicación deja claro por qué eligieron ese punto.
La subida es parte de la gracia. El sendero serpentea entre bosque y, cuando llegas arriba, el paisaje se abre de golpe. Desde allí se ve buena parte de la plana y, en días claros, las montañas del fondo dibujan una línea bastante seria en el horizonte.
No esperes un recinto monumental restaurado al milímetro. Son ruinas, piedra y viento. Y funciona así: te sientas un momento en la roca, miras alrededor y entiendes rápido por qué alguien decidió levantar una torre justo allí.
Un pueblo con ritmo propio
Taradell está a pocos minutos de Vic, pero el ambiente es distinto. Tiene vida de pueblo grande, con servicios y movimiento, aunque sin el trajín constante de la capital comarcal.
El centro se recorre fácil, con calles donde todavía se mezclan casas antiguas con construcciones más recientes. Hay balcones con plantas, vecinos que se saludan y ese sonido ocasional de gralla que aparece cuando hay ensayo o fiesta cerca.
¿Sabes cuando entras en un sitio y notas que la gente vive allí de verdad, no que todo gira alrededor del visitante? Pues ese tipo de sitio.
Comer como se ha comido siempre en Osona
La cocina de la zona tira de platos contundentes. En invierno es fácil encontrar escudella i carn d’olla, de esas que empiezan con sopa caliente y siguen con carne y verduras que te dejan listo para una siesta larga.
En muchas casas también siguen preparando canelons por Sant Esteve, una tradición bastante extendida en Cataluña: aprovechar lo que quedó de las comidas navideñas y darle segunda vida en forma de canelón gratinado.
Y sí, estás en Osona. Aquí el embutido forma parte del paisaje cotidiano. El fuet aparece en mesas familiares, excursiones y meriendas de bocadillo desde hace generaciones.
Excursiones alrededor de Taradell
Una de las cosas prácticas de Taradell es dónde está situado. En pocos minutos cambias de paisaje.
Hacia un lado se abre la Plana de Vic, con campos que en verano parecen una alfombra dorada. Si miras hacia el otro, empieza el relieve más boscoso que conecta con el Montseny y con las Guilleries.
Hay varias rutas de senderismo por la zona. Mucha gente utiliza Taradell como punto de partida para caminar hacia el Matagalls, uno de los picos conocidos del Montseny. También hay caminos más tranquilos por bosques y colinas cercanas, de esos en los que lo más probable es cruzarte con ciclistas o con alguien paseando al perro.
Un consejo sencillo: reserva tiempo para parar y mirar alrededor. En esta parte de Osona el paisaje cambia bastante según la estación.
Cuánto tiempo dedicarle
Taradell funciona bien como excursión de un día. Puedes subir al castillo por la mañana, pasear por el centro sin prisas y después alargar la jornada con alguna caminata por los alrededores.
No es un sitio que necesite una semana entera, pero tampoco uno de esos lugares que ves en veinte minutos y ya está. Más bien es como ese plan que haces sin demasiadas expectativas y al final te deja buen sabor de boca.
Y eso, en un rincón de interior a pocos kilómetros de Vic, ya es bastante.