Artículo completo
sobre Porqueres
Municipio que rodea gran parte del lago de Banyoles; destaca su iglesia románica junto al agua
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay sitios que parecen inventados para que los ciclistas de montaña puedan presumir de rutas. Luego está Porqueres, que es como si alguien hubiera puesto un pueblo encima de un rompecabezas: el lago de Banyoles hace de esquina, las colinas del Pla de l'Estany completan el borde, y en medio, este municipio de algo menos de cinco mil habitantes que da la sensación de ocupar más espacio del que realmente tiene.
La iglesia que se merece un spin-off
La primera vez que vi Santa María de Porqueres pensé que era una broma. No porque sea fea, al contrario: es que tiene una portada con cuatro arquivoltas que parece sacada de un videojuego de construcción medieval. Tres de ellas son de herradura, algo poco habitual en el románico catalán. Es como encontrarte un Ferrari aparcado en un pueblo pequeño: no es imposible, pero te obliga a mirar dos veces.
La iglesia actual se consagró en el siglo XII. Pero lo interesante es que el lugar viene de mucho antes. Bajo el edificio han aparecido restos de ocupaciones anteriores, algunas de época romana e incluso anteriores. Es como esas casas viejas donde cada reforma va dejando capas de historia debajo del suelo.
El campanario que se ve hoy es posterior, levantado siglos después sobre el anterior. Y como en muchos pueblos, las campanas siguen marcando el ritmo de las cosas importantes: fiestas, domingos… o cuando pasa algo serio. En sitios así, el sonido de las campanas sigue siendo información.
El lago que no es solo de Banyoles
Aquí viene el detalle que mucha gente pasa por alto: el lago de Banyoles no pertenece únicamente a la ciudad de Banyoles. Parte del perímetro está dentro del término de Porqueres.
La vuelta completa al lago ronda los ocho kilómetros. Es ese tipo de recorrido que ves lleno de gente en bici, caminando o corriendo a cualquier hora del día. Algunos lo hacen como entrenamiento; otros simplemente dan la vuelta despacio, parándose a mirar el agua o a ver cómo cambia la luz según avanza la tarde.
Si lo haces andando, calcula algo más de una hora larga sin prisas. Y cuando terminas, lo normal es acabar sentado en alguna terraza del entorno del lago o acercarte a la plaza Mayor del pueblo, que mantiene la estructura de las plazas medievales: edificios alrededor y bastante vida local.
Cuando el ayuntamiento es literalmente una casa fuerte
El edificio del ayuntamiento, el Mas Ferrerós, no nació para trámites administrativos. Era una casa fuerte medieval, probablemente del siglo XIII, pensada para defenderse más que para gestionar papeles.
Tiene su punto irónico entrar allí para cualquier gestión municipal sabiendo que el edificio lleva siglos en pie. A veces, durante las jornadas de patrimonio o actividades culturales que se organizan en otoño, suelen abrir espacios o explicar la historia del edificio con algo más de detalle.
Lo que se come por aquí
La botifarra amb mongetes es uno de esos platos que aparecen una y otra vez en las casas catalanas. No tiene nada de sofisticado: butifarra a la plancha, alubias blancas bien salteadas y poco más. Pero cuando está bien hecha, cumple exactamente lo que promete.
La coca de llardons suele aparecer sobre todo en época de carnaval. Si pasas por aquí en otras fechas, puede que no la encuentres tan fácilmente.
También hay tradición de quesos artesanos en la zona, tanto de cabra como de vaca. En mercados locales o ferias comarcales a veces aparecen productores pequeños. Y pasa lo de siempre: cuando compras directamente a quien lo hace, el mismo queso sabe distinto.
La ruta de las tres ermitas (o cómo hacer ejercicio sin darte cuenta)
Hay una ruta bastante conocida por la zona que enlaza Santa María de Porqueres con otras ermitas cercanas, como Sant Esteve o Sant Martirià. En total ronda los ocho kilómetros, con algunos tramos de subida suave.
Es de esas caminatas que empiezan con el típico “vamos a dar una vuelta corta” y acaban acumulando más desnivel del que parecía en el mapa. Aun así, mucha gente la hace en bici o caminando sin problema.
En la ermita de Sant Martirià tradicionalmente se celebra una fiesta local en primavera, de las que aún mantienen bastante ambiente de pueblo: familias, vecinos y caras conocidas.
Lo que no te cuentan en las guías
Porqueres no funciona muy bien con la mentalidad de “voy a tachar cosas de una lista”. No hay una colección enorme de monumentos ni un casco histórico lleno de museos.
Es más bien ese tipo de sitio donde llegas, ves la iglesia, das una vuelta por el lago, y luego te sientas un rato a ver pasar a la gente. Y cuando miras el reloj han pasado tres horas sin darte cuenta.
En verano se nota bastante la presencia de segundas residencias, sobre todo de gente que viene de Barcelona. En primavera y otoño el ambiente suele ser más tranquilo. En invierno puede tocar un día gris, pero cuando sale el sol el paisaje alrededor del lago tiene algo muy sereno.
Mi consejo: acércate en coche, deja el coche en alguna zona del centro o cerca del lago y muévete andando. Dedica la mañana a la iglesia y a caminar un tramo del lago. Después come algo sencillo por la zona.
Y si aún te quedan ganas de seguir, Banyoles está literalmente al lado. Pero eso ya es otra historia.