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sobre El Lloar
Pequeño pueblo con vistas al río Montsant y formaciones rocosas curiosas en un ambiente muy tranquilo
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El Lloar está en la parte central del Priorat, una comarca marcada por el cultivo de la vid y por una geografía poco cómoda: laderas duras, suelos pedregosos y bancales que se han ido construyendo generación tras generación. Con menos de un centenar de habitantes, el pueblo conserva la escala de los núcleos agrícolas pequeños, donde el paisaje productivo empieza prácticamente en la última casa.
Un núcleo pequeño ligado a la tierra
El trazado de las calles es irregular y bastante compacto, algo habitual en pueblos que crecieron sin planificación, adaptándose al relieve. Hay tramos empedrados y casas de piedra con portales de arco o pequeñas ventanas enrejadas. No es una arquitectura monumental, sino funcional: muros gruesos, pocas concesiones decorativas y construcciones pensadas para protegerse del calor del verano y del viento.
La iglesia parroquial de Sant Andreu ocupa uno de los puntos centrales del casco. El edificio se remonta probablemente al siglo XV, aunque ha tenido reformas posteriores —bastantes iglesias del Priorat se ampliaron o modificaron en el XVIII—. La estructura es sencilla, con nave única y un campanario de espadaña que domina el perfil del pueblo.
Viñedos y olivos alrededor del pueblo
El paisaje inmediato explica bastante bien cómo funciona el Priorat. Alrededor del núcleo aparecen terrazas de viñedo sostenidas por muros de piedra seca, parcelas de olivo y manchas de pinar o encinar en las zonas más abruptas. La tierra oscura y pedregosa —la conocida llicorella— condiciona tanto el cultivo como la forma del terreno.
Si se sale caminando por los caminos agrícolas que rodean el pueblo se entienden bien estas pendientes y el trabajo que implican. Son pistas utilizadas por los agricultores y por los vehículos que suben a las fincas, así que conviene caminar con atención cuando pasan tractores.
La ermita de Sant Joan de la Melsa
En una elevación cercana se encuentra la ermita de Sant Joan de la Melsa. Este tipo de ermitas rurales suele estar ligado a antiguas devociones campesinas y a pequeños encuentros comunitarios a lo largo del año. El acceso se hace por caminos de tierra entre olivos y parcelas de viña.
Más que el edificio en sí —bastante sobrio—, lo interesante es la posición: desde ese punto se entiende bien la disposición del valle y la sucesión de bancales que caracteriza al Priorat.
Caminos entre pueblos del Priorat
El Lloar se conecta con otros pueblos de la comarca por carreteras locales y por antiguos caminos agrícolas. Algunos senderos siguen el trazado que durante siglos se utilizó para moverse entre fincas o para transportar la uva durante la vendimia.
El relieve es exigente. Aunque las distancias en el mapa parecen cortas, las pendientes son constantes. Quien salga a caminar o en bicicleta suele agradecer llevar un track o un mapa fiable.
Vida agrícola y calendario del pueblo
La viticultura marca el ritmo anual. En septiembre, durante la vendimia, aumenta mucho la actividad en los caminos y en las parcelas cercanas: tractores, remolques y cuadrillas trabajando desde primera hora. No es un espectáculo organizado, sino simplemente el momento más intenso del año agrícola.
La fiesta mayor se celebra tradicionalmente en torno a Sant Andreu, a finales de noviembre. En pueblos de este tamaño suele tener un carácter muy local, con actos pensados sobre todo para los vecinos.
Apunte práctico
El pueblo es pequeño y se recorre rápido, en menos de una hora. Aparcar suele hacerse en los accesos o en pequeñas explanadas cercanas al casco.
Si te interesa el paisaje agrícola del Priorat, lo más interesante no está tanto en el interior del pueblo como en los caminos que salen hacia las viñas y los olivares que lo rodean.