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sobre Margalef
Meca mundial de la escalada situada en un valle rocoso con un embalse pintoresco
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El turismo en Margalef se entiende mejor cuando se mira el mapa del Priorat. El pueblo aparece en un valle estrecho, bajo los relieves de la Serra del Montsant, rodeado de paredes de conglomerado y terrazas agrícolas. Hoy es conocido entre escaladores, pero su forma y su ubicación responden a una lógica mucho más antigua: la de un pequeño núcleo agrícola adaptado a un terreno difícil.
Margalef se documenta ya en la Edad Media, cuando estas tierras empezaron a organizarse tras la expansión cristiana hacia el sur de Cataluña. Durante siglos el territorio estuvo vinculado a la influencia de la cartuja de Escaladei, que marcó buena parte del desarrollo agrario del Priorat. Olivos, almendros y algo de viña ocuparon los bancales que aún se ven en las laderas. El valle obligaba a trabajar cada palmo de tierra.
Las paredes que hoy atraen a escaladores siempre estuvieron ahí. Son formaciones de conglomerado erosionadas por el agua y el viento durante miles de años. Durante mucho tiempo fueron simplemente el telón de fondo del pueblo y un límite natural para la agricultura.
El carácter del pueblo y su historia
El núcleo urbano es pequeño y compacto. Las casas siguen la pendiente y se agrupan alrededor de la plaza donde se levanta la iglesia parroquial. El edificio actual responde en gran parte a reformas de época moderna, cuando muchos pueblos del Priorat renovaron o ampliaron sus templos. No es un edificio monumental, pero ocupa el punto más reconocible del casco urbano.
Las calles conservan rasgos de la arquitectura rural de la comarca. Muros de piedra, almacenes agrícolas reconvertidos y pequeños patios interiores. Durante siglos la vida giró alrededor del campo y de la gestión del agua, siempre escasa en esta parte del Priorat.
La población nunca fue grande. Incluso en sus momentos de mayor actividad agrícola el pueblo mantuvo dimensiones reducidas. Esa escala todavía se percibe al recorrerlo.
La geología y el paisaje
El relieve que rodea Margalef pertenece al entorno del Montsant. Aquí predominan los conglomerados, una roca formada por cantos redondeados unidos por sedimentos más finos. La erosión ha creado paredes llenas de agujeros y cavidades. Esa estructura explica por qué la escalada encontró aquí un terreno tan particular.
Entre estas formaciones aparecen bancales antiguos sostenidos por muros de piedra seca. Muchos siguen en uso. Otros se han abandonado y el monte bajo los va recuperando poco a poco.
El río Montsant discurre cerca del pueblo. No es un gran río, pero ha sido fundamental para el valle. A su alrededor se concentran las pocas zonas más húmedas del paisaje.
Actividades en el territorio
La escalada ha cambiado la vida del pueblo en las últimas décadas. Las paredes cercanas concentran numerosos sectores equipados y atraen a gente de muchos países. Es habitual ver cuerdas y cascos desde los caminos que salen del núcleo.
También hay senderos que recorren el entorno inmediato del Montsant. Muchos siguen antiguos caminos agrícolas o de comunicación entre pueblos vecinos. Algunos discurren junto al río y otros ganan altura rápidamente hacia las laderas.
El paisaje del Priorat aparece enseguida. Viñas en terrazas, olivares viejos y monte bajo mediterráneo. Es un territorio seco y pedregoso, pero muy trabajado durante generaciones.
En la zona se elaboran vinos bajo la denominación Montsant. La cultura del vino forma parte del paisaje agrícola del Priorat desde hace siglos, aunque la producción se concentra sobre todo en pueblos cercanos.
Tradiciones y calendario
La Festa Major suele celebrarse en verano, cuando muchos vecinos que viven fuera regresan al pueblo. Durante unos días la plaza vuelve a llenarse de actividad y encuentros entre familias.
El calendario agrícola sigue marcando el ritmo del territorio. En otoño la vendimia anima los viñedos de la comarca. En invierno el trabajo se concentra más en el olivar.
Mejor momento para visitar
La primavera y el otoño suelen ser las estaciones más suaves en esta parte del Priorat. En verano el calor se nota pronto en el valle y en invierno las noches pueden ser frías.
El pueblo se recorre en poco tiempo. Lo interesante está también alrededor: los caminos, las paredes de roca y los bancales que explican cómo se ha vivido aquí durante siglos.