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sobre Camprodon
Villa turística de montaña con puente emblemático; famosa por sus galletas y embutidos
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Enclavado en el corazón del Valle de Camprodon, a 947 metros de altitud, este pueblo de poco más de 2.400 habitantes es uno de los secretos mejor guardados del Pirineo catalán. Rodeado por las imponentes cumbres que dibujan la comarca del Ripollès, Camprodon combina el encanto de su casco histórico medieval con la majestuosidad de un entorno natural privilegiado, donde los bosques de hayas y abetos se funden con el sonido del río Ter.
Pasear por sus calles empedradas es como retroceder en el tiempo. Las fachadas señoriales, los balcones de forja y los pequeños comercios tradicionales conviven con una oferta turística que ha sabido mantenerse auténtica sin renunciar a la modernidad. Aquí, el ritmo lo marcan las estaciones: el verde intenso de la primavera, el frescor del verano, los ocres del otoño y la blancura invernal que convierte el valle en un paisaje de cuento.
Camprodon es también sinónimo de tradición gastronómica, especialmente reconocido por sus galletas y embutidos artesanales que han traspasado las fronteras comarcales. Pero más allá de su fama culinaria, este rincón del Ripollès ofrece al viajero la posibilidad de desconectar, respirar aire puro y descubrir un patrimonio cultural que habla de siglos de historia pirenaica.
Qué ver en Camprodon
El Pont Nou es, sin duda, el emblema visual de Camprodon. Este puente medieval del siglo XII, con su característico arco de medio punto sobre el río Ter, es una de las estampas más fotografiadas de la comarca. A pesar de su nombre, es uno de los puentes románicos mejor conservados de Cataluña y constituye la postal perfecta del pueblo.
El Monasterio de Sant Pere, también del siglo XII, representa la joya del patrimonio románico local. Su iglesia, con una nave única y decoración austera típica del estilo, conserva elementos arquitectónicos que permiten imaginar cómo era la vida monástica en plena Edad Media. El claustro, aunque ha sufrido modificaciones a lo largo de los siglos, mantiene el espíritu contemplativo de aquella época.
Recorrer el casco antiguo es un placer para los sentidos. La Plaça del Doctor Robert, centro neurálgico del pueblo, está rodeada de edificios señoriales con porches y arcadas. Aquí se encuentra el antiguo Hospital de Sant Julià, un edificio gótico que recuerda la tradición hospitalaria del camino pirenaico. Las calles Valenciana y Sant Roc conservan casas nobles con blasones en sus fachadas, testigos de la importancia histórica de este enclave comercial.
Para los amantes de la naturaleza, el entorno ofrece paisajes espectaculares. Los bosques del Valle de Camprodon invitan a paseos tranquilos, mientras que las vistas desde los miradores naturales del valle permiten contemplar la grandeza del Pirineo oriental.
Qué hacer
Camprodon es un destino perfecto para practicar senderismo durante todo el año. La red de caminos y senderos permite rutas para todos los niveles, desde paseos familiares por la ribera del Ter hasta excursiones más exigentes hacia las cumbres cercanas. La ruta hacia el Coll de Jou o los caminos que ascienden hacia Vallter ofrecen panorámicas impresionantes del valle.
En invierno, la proximidad de la estación de esquí de Vallter 2000, a apenas 14 kilómetros, convierte a Camprodon en un campamento base ideal para los amantes de los deportes de nieve. Esquí alpino, snowboard o raquetas de nieve son algunas de las opciones para disfrutar del Pirineo invernal.
La gastronomía local merece una atención especial. Visitar los comercios tradicionales donde se elaboran las famosas galletas de Camprodon es casi obligatorio, igual que degustar los embutidos artesanales de la zona. Los restaurantes del pueblo ofrecen cocina de montaña basada en productos locales: setas en otoño, caza, carnes a la brasa y platos de cuchara que reconfortan después de una jornada al aire libre.
Los amantes del turismo activo pueden practicar pesca deportiva en el Ter, rutas en bicicleta de montaña o simplemente disfrutar de la observación de la flora y fauna pirenaicas en un entorno bien conservado.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Camprodon refleja las tradiciones pirenaicas. A finales de julio, las Fiestas Mayores llenan las calles de música, bailes tradicionales y actividades para todos los públicos. La sardana, como baile catalán por excelencia, tiene un papel destacado en estas celebraciones.
En agosto, coincidiendo con el periodo estival, se celebran diversos actos culturales y conciertos que aprovechan el buen tiempo y la afluencia de visitantes. La Feria de Artesanía permite descubrir el trabajo de artesanos locales.
Durante el otoño, la llegada de las setas marca el ritmo en el valle, con jornadas gastronómicas dedicadas a estos productos del bosque. Y en invierno, el ambiente navideño transforma Camprodon con mercadillos y actividades que atraen tanto a visitantes como a familias locales.
Información práctica
Camprodon se encuentra a 128 kilómetros de Girona capital, un trayecto de aproximadamente hora y media en coche por la C-26. Desde Barcelona, la distancia es de unos 135 kilómetros, tomando la C-17 hasta Ripoll y luego la C-26. El acceso es sencillo durante todo el año, aunque en invierno conviene informarse sobre el estado de las carreteras en caso de nevadas.
La mejor época para visitar Camprodon depende de lo que busques. El verano (junio a septiembre) ofrece temperaturas agradables ideales para el senderismo y huir del calor de la costa. El otoño seduce con sus colores y la temporada micológica. El invierno atrae a los aficionados al esquí, mientras que la primavera muestra el valle en pleno renacimiento natural.
Se recomienda llevar calzado cómodo para caminar por el casco antiguo y por los senderos, así como ropa adecuada para la montaña, ya que el clima puede cambiar rápidamente. Camprodon cuenta con diversos alojamientos, desde hoteles rurales hasta apartamentos turísticos, pero conviene reservar con antelación, especialmente en temporada alta y fines de semana de invierno.