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sobre Llanars
Pueblo vecino a Camprodon con encanto rural; iglesia románica destacada y entorno de montaña
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A primera hora, cuando el sol todavía tarda en asomar por encima de las montañas, el aire en Llanars baja frío desde las laderas del valle. En verano se agradece; en invierno se mete en las manos aunque haya guantes. El río Ter pasa cerca del núcleo y se oye antes de verlo, con ese sonido constante de agua rápida que acompaña al pueblo desde siempre.
Llanars, en el Ripollès, es pequeño incluso para los estándares de este valle: unas pocas calles, casas de piedra bastante bien conservadas y prados que empiezan prácticamente al salir del último portal. Está a escasos minutos en coche de Camprodon, así que mucha gente lo usa como base tranquila mientras el movimiento se concentra allí.
La iglesia de Sant Esteve ocupa el centro del núcleo. Tiene origen medieval, aunque lo que se ve hoy es el resultado de reformas sucesivas. El campanario se distingue enseguida cuando llegas por la carretera del valle. Alrededor, las casas mantienen esa mezcla típica del Pirineo oriental: muros gruesos de piedra, balcones de madera y tejados pensados para aguantar nieve.
Caminar junto al Ter y por los caminos del valle
Uno de los paseos más sencillos sale prácticamente del mismo pueblo siguiendo el río Ter. El sendero avanza entre prados y pequeños bosques, con tramos donde el agua queda muy cerca. No tiene gran dificultad y suele hacerse incluso con niños, aunque conviene llevar calzado con suela firme porque algunas zonas pueden estar húmedas.
Si te alejas un poco más aparecen caminos rurales que conectan con otros núcleos del valle. Muchos atraviesan prados donde todavía se ve ganado pastando buena parte del año. En otoño el suelo se cubre de hojas y el olor a tierra húmeda se queda flotando en el aire, sobre todo después de las primeras lluvias.
Conviene llevar mapa o el recorrido descargado en el móvil. Algunos cruces están marcados y otros no tanto, y es fácil acabar siguiendo una pista ganadera que se alarga más de lo previsto.
A un paso de Vallter
Desde Llanars la carretera sigue valle arriba hacia Setcases y más allá hacia la zona de Vallter. En invierno, cuando hay nieve, el pueblo se llena de coches a primera hora de la mañana: gente que duerme aquí o en los alrededores y sube después hacia las pistas o a caminar con raquetas.
La distancia no es grande en kilómetros, pero la carretera tiene curvas y en días de nevada puede ir más lenta de lo habitual. Si tu idea es subir en temporada alta, salir temprano evita buena parte del tráfico.
Masías, prados y vida de valle
En los alrededores se ven varias masías dispersas, algunas todavía dedicadas a la ganadería. Los prados abiertos forman parte del paisaje del valle del Ter y cambian mucho según la estación: verdes intensos en primavera, amarillos secos a finales de verano, a veces cubiertos por una capa fina de nieve en invierno.
En otoño también aparecen buscadores de setas por los bosques cercanos, aunque la producción depende mucho de cómo haya venido el año de lluvias.
Fiestas y ritmo local
La fiesta mayor suele celebrarse en verano, cuando regresan familias que mantienen casa en el pueblo aunque vivan fuera. Durante esos días el ambiente cambia: más movimiento en las calles, música en la plaza y comidas largas que se alargan hasta la noche.
El 26 de diciembre, día de Sant Esteve, mantiene un tono mucho más tranquilo y familiar, ligado a la parroquia y a encuentros entre vecinos.
Cuándo acercarse
Llanars funciona bien en cualquier época, pero conviene saber a qué vienes. En pleno agosto el valle tiene bastante movimiento, sobre todo por la cercanía de Camprodon. Si buscas silencio, las primeras horas del día o los meses de otoño suelen mostrar el pueblo tal como es la mayor parte del año: prados húmedos por la mañana, humo saliendo de alguna chimenea y el ruido constante del Ter corriendo valle abajo.