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sobre Ogassa
Antiguo pueblo minero de carbón; situado bajo la Serra Cavallera con vistas impresionantes
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Hay pueblos a los que llegas casi por casualidad. Vas subiendo con el coche por una carretera cada vez más estrecha, mirando el GPS un par de veces para asegurarte de que no te has equivocado… y de pronto aparece. Turismo en Ogassa va un poco de eso: de acabar en un sitio pequeño del Ripollès donde el paisaje manda y la historia del lugar no está escondida en un museo, sino repartida por el monte.
Ogassa no es grande —de hecho es uno de esos municipios donde todo el mundo se conoce— y está en una zona de montaña donde el invierno se nota. Durante décadas la vida giró alrededor de las minas de carbón. Hoy quedan rastros de aquello por todas partes, como si el pueblo hubiera decidido no borrar del todo esa etapa.
Llegar desde Girona suele llevar algo más de hora y media, subiendo por la C‑17 hacia Ripoll y después internándote por carreteras locales que ya te avisan de lo que viene: bosque, pendientes y bastante tranquilidad. No es un sitio de paso. Si llegas hasta aquí es porque querías venir.
La huella visible de la minería
Caminar por Ogassa tiene algo curioso: a ratos parece un pueblo de montaña tranquilo y, de repente, te topas con restos de la minería. Antiguas estructuras, bocas de mina o instalaciones medio escondidas entre prados y árboles. No está todo preparado como un parque temático. Muchas cosas simplemente siguen ahí.
Eso le da bastante contexto al lugar. A finales del siglo XIX y durante buena parte del XX, la extracción de carbón marcó la vida de la zona. Hoy cuesta imaginar el movimiento que debió de haber aquí viendo lo tranquilo que está todo.
La iglesia de Sant Martí sigue siendo uno de los puntos centrales del núcleo. Es sobria, de las que encajan bien en un pueblo de montaña donde nunca ha habido demasiados adornos. Alrededor están las casas, adaptadas a las pendientes, con esa sensación de lugar donde el invierno obliga a tomarse la vida con otro ritmo.
El entorno también juega su papel. Los bosques que rodean el municipio cambian mucho según la estación: verdes densos en verano, tonos ocres cuando llega el otoño. Desde algunos caminos cercanos se abren vistas hacia las montañas del Pirineo oriental que, sin ser espectaculares de postal, sí invitan a parar un momento.
Caminar por el bosque (y poco más, que ya es bastante)
Ogassa funciona bien como punto de partida para salir a andar. Hay caminos y pistas forestales que se internan en el bosque sin demasiada señalización turística, algo que a muchos les gusta y a otros les pone un poco nerviosos.
Si te gusta caminar con mapa o GPS y sin demasiada gente alrededor, es de esos sitios que se disfrutan. Entre hayas, pinos y prados de montaña no es raro ver rastros de corzos o jabalíes. Y si miras al cielo con algo de paciencia, alguna rapaz suele aparecer planeando.
Cuando llega la nieve, algunos grupos se acercan a la zona para rutas con raquetas o esquí de montaña en las laderas cercanas. No esperes circuitos preparados ni nada parecido. Aquí cada uno se organiza su salida y conviene ir bien equipado, sobre todo cuando la niebla se mete en el bosque.
El otoño tiene su propio público. La zona es conocida por la presencia de setas como rovellons o fredolics, y durante esas semanas se ve bastante movimiento por los caminos. Como en toda Cataluña, la recolección suele estar regulada y conviene informarse antes de llenar la cesta.
Un pueblo pequeño que todavía funciona como pueblo
Con poco más de doscientas personas viviendo aquí, Ogassa mantiene esa dinámica de lugar donde la vida sigue bastante ligada al territorio. Algo de ganadería, algo de campo y muchas casas familiares que se llenan más en fines de semana o vacaciones.
La fiesta mayor suele celebrarse en agosto y es cuando el pueblo se anima más. Regresa gente que vive fuera, se montan actividades y durante unos días las calles tienen más ruido del habitual.
En noviembre llega Sant Martí, el patrón. No es una celebración grande, pero mantiene esa parte de tradición local que en pueblos pequeños sigue teniendo sentido. Son actos sencillos, muy de vecinos.
¿Merece la pena acercarse?
Ogassa no es el típico lugar al que llegas, haces cuatro fotos y te vas pensando que has descubierto un secreto. Es más bien un pueblo tranquilo con una historia minera bastante marcada y un entorno de bosque donde apetece caminar.
Si vas esperando un casco histórico espectacular o una lista larga de cosas que ver, quizá te quedes un poco frío. Pero si te atraen esos sitios de montaña donde todavía se nota cómo se ha vivido allí durante generaciones, entonces sí tiene gracia acercarse.
A veces lo mejor que se puede decir de un lugar es algo sencillo: aquí se está tranquilo. Y en según qué viajes, eso vale bastante.