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sobre Vilallonga de Ter
Pueblo pintoresco en el valle de Camprodon; incluye la Roca de Pelancà
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A 1067 metros de altitud, en el corazón del Ripollès, Vilallonga de Ter se despliega como uno de esos secretos que la alta montaña catalana guarda celosamente. Este pequeño municipio de apenas 399 habitantes es mucho más que un punto en el mapa: es la puerta de entrada al Valle de Camprodon por su vertiente más salvaje, un territorio donde los Pirineos muestran su carácter más auténtico y donde el río Ter todavía corre con la fuerza de sus primeros kilómetros.
El pueblo se extiende a lo largo de un valle que parece diseñado para quienes buscan desconectar del ruido. Aquí no encontrarás grandes aglomeraciones ni instalaciones turísticas masificadas, sino la esencia pura del Pirineo catalán: casas de piedra con tejados de pizarra, prados verdes salpicados de ganado, bosques de abetos que trepan por las laderas y ese silencio que solo interrumpen el rumor del agua y el canto de los pájaros. Es territorio de excursionistas, amantes de la naturaleza y quienes aprecian el turismo pausado.
Vilallonga de Ter forma parte de esa Cataluña profunda que resiste al paso del tiempo, manteniendo vivas tradiciones y un modo de vida ligado al ritmo de las estaciones. Visitarlo es sumergirse en la vida de la montaña pirenaica, donde cada rincón cuenta una historia y donde el paisaje es, sin duda, el verdadero protagonista.
Qué ver en Vilallonga de Ter
El patrimonio arquitectónico de Vilallonga de Ter se integra armoniosamente con el entorno natural. La iglesia parroquial de Sant Martí preside el núcleo urbano con su característica torre campanario, un ejemplo de la arquitectura religiosa de montaña que combina elementos románicos con reformas posteriores. Pasear por las calles del pueblo permite descubrir la arquitectura tradicional pirenaica, con sus construcciones en piedra y madera adaptadas al clima riguroso de la alta montaña.
Pero el verdadero patrimonio de Vilallonga es paisajístico. El municipio se encuentra rodeado de montañas que superan los 2000 metros, con cumbres como el Pic de la Dona o el Puig de la Canal, que dibujan un horizonte espectacular. Los prados de Setcases, accesibles desde el pueblo, ofrecen panorámicas de postal, especialmente en primavera cuando florecen o en otoño cuando los bosques se tiñen de ocres y dorados.
El valle del Ter en este tramo mantiene su carácter más salvaje, con el río formando pozas cristalinas y pequeñas cascadas que invitan al baño en los meses estivales. Los bosques de ribera y los hayedos que cubren las laderas configuran un ecosistema de gran valor natural, ideal para los amantes de la fotografía de naturaleza.
Qué hacer
Vilallonga de Ter es, ante todo, un destino para quienes disfrutan del senderismo y la montaña. Desde el pueblo parten numerosas rutas de diferente dificultad. La ascensión al Pic de la Dona (2.702 m) es una de las más apreciadas, aunque requiere buena forma física. Para caminatas más accesibles, los senderos que recorren el valle siguiendo el curso del Ter permiten descubrir rincones de gran belleza sin grandes desniveles.
En invierno, la proximidad a Vallter 2000, la estación de esquí situada a pocos kilómetros, convierte Vilallonga en un excelente campamento base para esquiadores que buscan alojamientos más tranquilos y económicos que los del propio pie de pistas. La estación ofrece pistas para todos los niveles y un entorno de alta montaña espectacular.
Para los aficionados a la micología, los bosques de los alrededores son territorio de setas, especialmente en otoño. También es posible practicar la pesca en el río Ter, respetando siempre la normativa vigente y los periodos autorizados.
La gastronomía local merece una mención especial. En Vilallonga y sus alrededores se puede degustar la cocina de montaña catalana, con platos contundentes basados en productos locales: carnes a la brasa, embutidos de la zona, patatas de montaña y los famosos trinxat y escudella. La proximidad a Camprodon permite además descubrir las galletas tradicionales que han hecho famosa la comarca.
Fiestas y tradiciones
Como en toda localidad de montaña, las fiestas en Vilallonga de Ter están ligadas al calendario agrícola y religioso. La fiesta mayor se celebra alrededor del 11 de noviembre, en honor a Sant Martí, patrón del pueblo. Es un momento especial para visitar el municipio, cuando los vecinos se reúnen para mantener vivas sus tradiciones.
En verano, habitualmente en agosto, tienen lugar celebraciones más festivas que aprovechan el buen tiempo y la mayor afluencia de visitantes y veraneantes. Son ocasiones perfectas para conocer la vida social del pueblo y disfrutar de actividades tradicionales.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona (a unos 100 km), se toma la N-260 hasta Camprodon y desde allí la GIV-5264 que remonta el valle siguiendo el Ter hasta Vilallonga. La carretera es de montaña, con curvas, pero está bien mantenida. Desde Barcelona, el trayecto es de aproximadamente dos horas y media, pasando por Ripoll.
Mejor época para visitar: Cada estación tiene su encanto. La primavera (mayo-junio) ofrece paisajes verdes y flores; el verano es ideal para el senderismo y disfrutar del río; el otoño regala colores espectaculares y es temporada de setas; el invierno atrae a los esquiadores y amantes de los paisajes nevados.
Consejos: Lleva calzado adecuado para caminar, incluso si solo planeas pasear por el pueblo. En invierno, consulta el estado de las carreteras y lleva cadenas. Es recomendable reservar alojamiento con antelación, especialmente en temporada alta de esquí y en verano. Y, sobre todo, respeta el entorno natural: este es un territorio privilegiado que merece nuestra protección.