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sobre Roda de Ter
Pueblo literario cuna de Miquel Martí i Pol junto al río Ter
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Deja el coche en la zona nueva, cerca del campo de fútbol. Las calles son más anchas. El casco antiguo es pequeño y con cuestas; el coche solo te dará problemas. Los sábados por la mañana hay mercado y se llena.
Empieza por el Pont Vell. Cruza el río Ter sobre tablones de madera que suenan a hueco bajo los pies. Es medieval. Desde ahí se ve el meandro que hace el agua antes de irse hacia las Guilleries. Si ha llovido, el nivel sube y casi roza la base.
Cómo moverse
La carretera C-153 parte el pueblo en dos. No tiene pérdida. Aparca en la parte moderna y entra andando al núcleo antiguo. En diez minutos lo cruzas. Las calles viejas son estrechas y algunas con pendiente. Nada exagerado, pero mejor ir a pie.
Qué ver aquí
La iglesia de Santa Maria es del siglo XIV. Tiene un campanario cuadrado que se ve desde lejos. El interior es sencillo: una nave grande y algunos retablos barrocos. Más interesante está a las afueras: el yacimiento de L'Esquerda, a unos dos kilómetros por un camino rural. Fue un poblado ibérico y luego medieval. Allí encontraron una moneda carolingia del siglo IX. Suele abrir solo ciertos días, a menudo en fin de semana; compruébalo antes. El centro histórico se recorre en media hora sin prisa. Calles estrechas, piedra mezclada con construcciones más recientes. La antigua fábrica textil La Blava sigue marcando la vista del río, aunque ya no funciona. El paseo junto al Ter es lo más agradecido para caminar. Es llano, va junto al agua y llega hasta la confluencia con el Gurri.
Cuándo venir
La fiesta mayor es a finales de verano: sardanas, castellers y conciertos en la plaza. En primavera suele haber una feria de semillas antiguas donde gente de la comarca intercambia tomates o judías de sus huertos.
Comer
No hay un plato con nombre propio. Se come lo típico de Osona: embutidos, carne de cerdo y productos de la huerta.
Consejo práctico
Roda no es un pueblo postal ni lo pretende. Aquí nació Miquel Martí i Pol. Hay fragmentos de sus poemas colocados en paredes por todo el pueblo como una ruta literaria silenciosa. Acaba otra vez en el puente viejo cuando bajes del paseo o del casco antiguo