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sobre Sant Antoni de Vilamajor
Municipio tranquilo a las puertas del Montseny ideal para el veraneo
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Si buscas turismo en Sant Antoni de Vilamajor, empieza por lo básico: dónde dejar el coche. El aparcamiento gratuito detrás del ayuntamiento se llena pronto. A media mañana suele tocar dar vueltas por la BV-5107 hasta que alguien se va. No hay muchos más sitios claros donde aparcar cerca del centro.
Lo que hay (y lo que no)
Sant Antoni de Vilamajor tiene 13,7 km² y unos 6.724 vecinos. El casco cabe en dos dedos de mapa: calle Major, carrer Vell, la plaza de la iglesia y poco más.
La parroquia de Sant Antoni Abat aparece documentada en el siglo XII. El edificio actual ha tenido reformas, así que no esperes una iglesia románica intacta. Dentro huele a cera. Fuera hay un banco donde suele sentarse gente del pueblo a pasar la mañana mirando el móvil o comentando el día.
En el carrer Vell está la Casa Massades, con portal de piedra y dinteles algo torcidos. La puerta casi siempre está cerrada y no se visita.
Cal Perpunter, la gran masía donde hoy está el ayuntamiento, sí se puede pisar. Pasillo con baldosines, tablón municipal y mostrador de atención. Nada más. Funciona como edificio administrativo y se nota.
Por qué viene la gente
La mayoría llega a comer. No hay mucho más motivo para desviarse desde la C‑35.
La zona lleva siglos cultivando viña y huerta en el entorno del Montseny. Hoy varios restaurantes trabajan con producto cercano. No es raro que el tomate venga del huerto de al lado o que el cordero llegue de algún pueblo cercano de la comarca.
También hay alguna bodega pequeña por la zona y casas que sirven vinos del Vallès. Si vienes en fin de semana, conviene reservar. Entre semana el menú suele depender de lo que haya en cocina ese día. Cuando se acaba un guiso, se acaba.
Montseny al alcance
El término municipal toca el Parc Natural del Montseny, y eso se nota. Hay senderos que empiezan cerca de la BV‑5107 y en caminos agrícolas que salen del propio pueblo.
La ruta hacia la Font del Gavatx es corta y con subida suave. Termina en una fuente de piedra donde en verano suele haber perros metidos en el agua.
Quien quiera alargar puede subir hacia el Turó del Samon. El paisaje es el típico de esta parte del Montseny: encinas, pistas forestales y alguna vista amplia cuando el día está claro.
Otra opción es el Camí de les Fonts, que sigue la riera hacia el santuario de Sant Lleïr. Hay sombra y tramos con piedra húmeda. Mejor llevar calzado con suela decente. Con lluvia resbala.
Los nevaters ya no bajan hielo desde la montaña, pero algunos caminos empedrados siguen ahí y dejan claro que por aquí se movía mercancía antes de que hubiera carreteras.
Fiestas que conviene saber
El 17 de enero suele celebrarse la Festa Major d’Hivern por Sant Antoni. Delante de la iglesia queman un tronco grande, se bendicen animales y el pueblo huele a pino quemado buena parte del día.
La noche de Sant Joan encienden la hoguera con la Flama del Canigó. La plaza se llena de familias y mesas improvisadas.
En agosto llega la Festa Major d’Estiu, normalmente el tercer fin de semana. Hay actividades para críos, sardanas y algún concierto de versiones por la noche.
Si no te gustan las multitudes, septiembre es más tranquilo. El ritmo vuelve a ser el de un pueblo del Vallès y varios negocios descansan algún día entre semana.
Cómo aprovechar el día
Llega temprano y aparca detrás del ayuntamiento si encuentras sitio. Da una vuelta al casco: en media hora está visto.
Luego decide. Si el tiempo acompaña, tira hacia alguna ruta del Montseny. Si hace calor, acércate al antiguo safareig rehabilitado (Espai Francesc Bardera) y busca algo de sombra cerca de la riera.
A media tarde la plaza vuelve a moverse un poco, con gente que sale a tomar algo o simplemente a sentarse un rato.
Consejo directo: combina paseo corto y comida larga. Sant Antoni de Vilamajor no tiene grandes monumentos ni museos. Pero está a un paso del Montseny y funciona bien como parada tranquila antes o después de meterte en la montaña.