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sobre Sant Feliu de Codines
Villa con entorno natural privilegiado y el espacio natural de San Miguel del Fai cerca
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El primer documento que menciona Sant Feliu de Codines está fechado el 28 de agosto de 1002. Es una donación de tierras al monasterio de Sant Cugat del Vallès, un pergamino firmado con cruces por quienes no sabían escribir su nombre. Más de mil años después, el pueblo sigue en la misma ladera, a unos 480 metros, entre pinares y sobre la depresión del Vallès.
Del asentamiento romano al Sant Feliu medieval
Antes del nombre actual aparece otro: Ticiano. Fue probablemente una pequeña explotación agrícola romana vinculada al entorno del río Tenes. Sobre ese territorio se levantaría una capilla dedicada a Sant Feliu, documentada entre los años 986 y 1002.
El santo —Feliu de Girona, mártir del siglo IV— tuvo mucha presencia en la Cataluña medieval. Se le invocaba a menudo en lugares donde el agua escaseaba o dependía de fuentes irregulares.
Sant Feliu quedó durante siglos dentro de la baronía de Montbui. El reconocimiento como villa llegó en 1793 por concesión de Carlos IV. El ayuntamiento propio se organizó a comienzos del siglo XIX. Para entonces el núcleo ya tenía calles cortas, casas bajas y una iglesia en el punto más alto.
La plaza y el trazado del casco antiguo
La Plaça de l'Ajuntament mantiene la escala de las plazas pequeñas del siglo XVIII. Es un rectángulo irregular, empedrado, donde el espacio parece pensado más para el paso que para quedarse.
En el centro hay un antiguo pozo de piedra ya seco. Alrededor se levantan edificios sobrios. El ayuntamiento ocupa el solar donde estuvo la casa de la antigua baronía. Frente a él, la rectoría conserva un portal de piedra sencillo.
Desde la plaza salen tres calles que organizan el casco antiguo. La del Villar conduce hacia la ermita. La de l'Església sube hasta la parroquia. La del Tenes desciende hacia el valle.
El recorrido muestra cómo se construía aquí: piedra del terreno para los muros, teja catalana, fachadas orientadas al sur cuando era posible. Algunas casas conservan portales adovelados y rejas de hierro forjado de reformas del siglo XIX.
Huellas culturales y un pequeño museo local
A finales del siglo XIX Sant Feliu atrajo a gente de Barcelona que buscaba pasar temporadas fuera de la ciudad. En la tradición local se menciona una estancia breve de Antoni Gaudí por la zona. No hay mucha documentación, pero el episodio circula en la memoria del pueblo.
También pasaron figuras del mundo cultural y político catalán de comienzos del siglo XX. El motivo era el aire más limpio, el silencio y cierta distancia de Barcelona.
El Museu Arqueològic Municipal ocupa el antiguo matadero, conocido como l'Escorxador. La colección es modesta pero útil: útiles de sílex, materiales ibéricos, restos romanos del antiguo Ticiano y piezas medievales halladas en el término.
No requiere mucho tiempo. En un rato se obtiene una idea clara de cómo este punto del Vallès ha estado habitado durante milenios.
Cocina doméstica y productos de la zona
La cocina cotidiana en Sant Feliu sigue ligada a lo que se prepara en casa o en las panaderías del pueblo. La coca de recapte aparece con frecuencia: masa de pan fina con verduras asadas y, según el día, pescado o embutido.
La escudella catalana es comida de domingo o de días señalados. Galets grandes, pilota y caldo hecho a fuego lento. Platos que aún forman parte del calendario doméstico.
En los alrededores quedan pequeñas parcelas de viña. No es una producción grande ni muy visible. Aun así, se puede encontrar vino elaborado por particulares de la zona, vendido a pequeña escala.
Caminos hacia los Cingles de Bertí y el valle del Tenes
Los Cingles de Bertí son una línea de roca calcárea que se levanta sobre el Vallès. Desde Sant Feliu salen varios senderos que suben hacia esa cornisa natural. El ascenso es progresivo: pinar, encina y tramos de pista forestal.
Arriba el paisaje se abre hacia la llanura del Vallès. En algunos puntos se conservan restos de trincheras de la Guerra Civil, discretos y sin señalización especial.
Más abajo discurre el Tenes. No es un río grande, pero ha marcado el territorio. Un camino sigue su curso en algunos tramos, por antiguos pasos de carros.
Cerca del recorrido está la Font de la Tria. El agua sale fría todo el año. Durante décadas fue lugar de lavado para las casas cercanas. La pica de piedra todavía lo recuerda.
Ritmo del pueblo y acceso
La Festa Major se celebra a comienzos de septiembre. El programa mantiene elementos tradicionales: sardanas, música de cobla y actos organizados por las entidades locales. Son celebraciones pensadas sobre todo para los vecinos.
El resto del año Sant Feliu funciona como un municipio tranquilo del Vallès Oriental. Hay mercado semanal, vida de plaza y movimiento de gente que vive aquí y trabaja en otros puntos de la comarca.
Se llega por carretera local desde la C‑17. El centro histórico tiene calles estrechas y algunas zonas con restricciones para el coche. Lo práctico es dejar el vehículo en las áreas exteriores y subir andando. El desnivel es corto, pero se nota: Sant Feliu está construido en cuesta desde el primer día.