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sobre Sant Joan de Vilatorrada
Municipio industrial junto al Cardener con tradición en los Tres Tombs
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Hay un momento, justo cuando sales de Manresa y la C-55 se estira un poco y te acercas a Sant Joan, en el que piensas: “¿esto estaba aquí?”. Porque de repente aparece una antigua fábrica textil enorme, de ladrillo rojizo, con ese aire industrial del siglo XIX… y delante hay palmeras. Palmeras. Como si alguien hubiera confundido durante un segundo el Bages con la costa.
El turismo en Sant Joan de Vilatorrada tiene algo de eso: un lugar que mezcla pasado industrial, campo alrededor y vida de pueblo sin intentar maquillarlo demasiado. No encaja del todo en ninguna etiqueta, pero funciona. Como ese amigo que se apunta a mil cosas distintas y, sorprendentemente, le salen bien.
El pueblo que no se enteró de que tenía que ser bonito
Mira, no voy a mentirte. Sant Joan no es Cadaqués ni Besalú. No tiene calles medievales perfectamente restauradas ni fachadas pensadas para salir en Instagram. Lo que tiene es otra cosa: la sensación de que la gente vive aquí sin estar pendiente de si el sitio queda bien en una foto.
Es un poco como ir a casa de un cuñado en agosto. No te monta un espectáculo, pero te sientas, comes bien y acabas escuchando historias que luego repites en otras cenas.
Uno de los edificios que más llama la atención es la antigua fábrica Borràs. Un bloque enorme de ladrillo que recuerda hasta qué punto la industria textil marcó esta zona del Bages. Hoy el espacio se utiliza para distintas actividades municipales, pero basta rodearlo caminando para imaginar el movimiento que hubo aquí durante décadas: turnos largos, humo en las chimeneas y medio pueblo entrando y saliendo a diario.
La ruta que casi nadie menciona
Aquí va una de esas cosas que te cuenta alguien del pueblo. Mucha gente pasa por Sant Joan camino de otros sitios, pero si te quedas un rato puedes salir a caminar por los caminos rurales que rodean el municipio.
Hay una ruta que enlaza varias masías repartidas por el término. No es una excursión épica ni un sendero de alta montaña. Son caminos tranquilos, campos alrededor y ese silencio de domingo por la mañana cuando aún queda algo de niebla baja en el Bages.
Por la zona de Mas Sant Joan hay una pequeña iglesia muy antigua —se suele situar en época altomedieval— que aparece casi sin avisar entre los campos. Cerca de ahí, además, se encontró hace tiempo una ara romana dedicada a Diana, la diosa de la caza. Eso ya te da una pista de que por aquí ha pasado gente desde hace muchísimo.
Sant Joan tiene esa sensación de capas: romanos, masías dispersas, después fábricas, y ahora un municipio que vive entre Manresa y el campo.
Cuando el pueblo se junta
Si quieres ver ambiente, lo mejor es coincidir con la fiesta mayor, que suele celebrarse alrededor de San Juan. Durante esos días el pueblo cambia bastante: conciertos, actos populares y mucha gente en la calle hasta tarde.
También es bastante conocida la romería a la ermita de Sant Iscle i Santa Victòria. Se sube caminando por pista forestal hasta un pequeño cerro desde el que se ve buena parte del Bages. No es una subida complicada, pero se nota si vienes con zapatos de ciudad.
Arriba suele haber ese ambiente tan de romería catalana: familias, conversación larga, comida compartida y vistas abiertas en todas direcciones.
El vino del Bages que muchos no esperan
Otra cosa que sorprende si no conoces la zona: Sant Joan está dentro de la D.O. Pla de Bages.
Durante mucho tiempo esta comarca se asoció más con la minería o con la industria que con el vino, pero la tradición vitivinícola es antigua y en los últimos años han ido apareciendo proyectos pequeños que trabajan variedades locales, como la picapoll.
No es una región que se venda con grandes campañas, y quizá por eso mucha gente pasa de largo. Pero si te gusta el vino, el Bages tiene más miga de lo que parece.
Mi verdad sobre Sant Joan
¿Merece la pena acercarse a Sant Joan de Vilatorrada? Depende de lo que busques.
Si quieres un pueblo de postal con tiendas de recuerdos y calles perfectamente restauradas, aquí no lo vas a encontrar. Pero si te interesa ver cómo se vive realmente en esta parte del interior de Cataluña, sin decorado turístico, entonces tiene sentido parar.
Mi plan sería sencillo: ven una mañana tranquila, da una vuelta por el centro, acércate a caminar un rato por los caminos que rodean el pueblo y acaba paseando junto al riu d’Or. Con eso ya te haces una idea bastante clara del sitio.
Sant Joan es un poco como ese disco viejo que encuentras en casa de tus padres. No es el más moderno ni el más famoso, pero cuando lo escuchas descubres que tiene canciones que aguantan bien el paso del tiempo.