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sobre Sant Just Desvern
Municipio residencial de calidad junto a Collserola con edificio Walden 7
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La primera referencia escrita a Sant Just Desvern data de 965, en un documento del monasterio de Sant Cugat. Por entonces era un núcleo agrícola entre torrentes, con viñas, olivos y campos de cereal. El contraste con su evolución posterior define el municipio: un paisaje rural que acabó conviviendo con arquitecturas singulares del siglo XX, a escasos kilómetros de Barcelona.
De pueblo agrícola a paisaje industrial
Durante siglos, Sant Just fue un pueblo de payeses. La vid ocupaba gran parte de la tierra cultivable; el resto se repartía entre olivos, almendros y cereal que aprovechaba el agua de los torrentes de Collserola.
El cambio llegó en los años veinte con la instalación de una fábrica de cemento en una cantera de la serra de Sant Ramon. La industria alteró el paisaje y atrajo nueva población. En pocas décadas, el municipio se expandió hacia la llanura del Llobregat. Desde entonces conviven dos realidades: el viejo pueblo agrícola y un entorno industrial que, con el tiempo, daría pie a experimentos arquitectónicos.
Arquitectura empeltada
El ayuntamiento utiliza la expresión «arquitectura empeltada» —injertada— para referirse a intervenciones que introdujeron lenguajes modernos en edificios tradicionales.
Un ejemplo visible es Can Ginestar, una masía del siglo XVII reformada a comienzos del XX por un arquitecto vinculado al entorno de Gaudí. La intervención añadió elementos de hormigón, hierro trabajado y tribunas de madera que recuerdan al modernismo tardío. Hoy funciona como biblioteca y centro cultural; si está abierta, se puede entrar al patio interior.
Cerca está la casa conocida como la Bonavista, de finales de los años veinte, donde conviven rasgos del noucentisme con detalles próximos al art déco. Más cerca de la carretera histórica hacia Barcelona se encuentra el antiguo Hostal de la Creu, un edificio de 1930 que ensaya un lenguaje mediterráneo de voladizos, cerámica y cubiertas inclinadas.
El recorrido puede terminar en el Hostal Vell, remodelado a finales de los años cincuenta con ladrillo visto y estructuras de viguetas. No es una obra monumental, pero muestra cómo el lenguaje moderno fue entrando en la escala doméstica del municipio.
Walden‑7 y la antigua cementera
El episodio más conocido de la arquitectura local llegó en los años setenta. Sobre los terrenos de la antigua cementera se construyó Walden‑7, el complejo residencial diseñado por Ricardo Bofill y su Taller de Arquitectura. Son centenares de viviendas organizadas en bloques que se cruzan alrededor de patios interiores. Pasarelas, escaleras y galerías pintadas en tonos intensos generan un espacio que parece una ciudad imaginada.
A pocos metros está la antigua fábrica de cemento reconvertida por el propio Bofill en su estudio, La Fábrica. Los silos y estructuras industriales se reutilizaron como despachos y salas de trabajo rodeados de vegetación. No es un lugar de visita regular; sigue siendo un espacio de trabajo que solo se abre en ocasiones concretas.
Collserola al alcance
El límite norte de Sant Just toca directamente el Parque Natural de Collserola. Desde el centro del municipio salen varios caminos que suben hacia la sierra. Un itinerario habitual asciende hacia la zona de Sant Ramon, donde la vista abarca Barcelona, el delta del Llobregat y, con buena visibilidad, las montañas del interior.
La red de senderos —los corriols que usan corredores y ciclistas— conecta con pistas forestales más largas dentro del parque. Conviene llevar agua porque en los primeros tramos no siempre hay fuentes.
Para caminar con menos desnivel, el recorrido por el torrent de la Guinardera sigue el fondo del valle entre vegetación de ribera. A lo largo del trayecto aparecen restos de antiguas infraestructuras hidráulicas; la documentación medieval menciona ya molinos harineros en esta zona.
Fiestas y vida local
La Festa Major suele celebrarse a mediados de agosto y mantiene un programa reconocible en los pueblos del entorno: sardanas, actividades populares y conciertos en la plaza.
En otoño llegan las Festes de Tardor. Durante esos días el centro se llena de paradas y actividades vecinales en una iniciativa conocida como Sant Just al Carrer, donde asociaciones y particulares sacan productos artesanos o de segunda mano.
Uno de los momentos más esperados es la cursa de karts de coixinets. Los participantes construyen pequeños vehículos de madera —sin motor— que descienden por una calle en pendiente mientras el público se acumula en las aceras. El tono es festivo: disfraces, diseños extravagantes y bastante ruido.
Cómo llegar y moverse
Sant Just Desvern está pegado al área metropolitana de Barcelona. El tranvía (líneas T1, T2 y T3) atraviesa el municipio y conecta con la Diagonal. Desde allí también se enlaza con el metro en Zona Universitària.
En coche se accede por la B‑23 o la A‑2. El aparcamiento en la calle suele ser sencillo fuera del eje central, donde hay tramos regulados.
El núcleo urbano no es grande, pero tiene desnivel: entre la riera y las zonas más altas hay cuestas cortas pero intensas. Calzado cómodo ayuda a entender cómo el antiguo pueblo agrícola fue creciendo ladera arriba mientras la ciudad se acercaba desde Barcelona.