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sobre Sant Llorenç Savall
Puerta de entrada al parque natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac
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El macizo de Sant Llorenç del Munt no es un telón de fondo para Sant Llorenç Savall, sino su razón geológica. La carretera BV‑1221, que sube desde Terrassa, desemboca en un ensanchamiento del valle donde el pueblo se ha ido acomodando. La montaña ocupa todo el horizonte norte y su presencia calcárea determina la forma del casco urbano, la orientación de las calles y el inicio de los caminos que se pierden entre los pinos. Es un paisaje que se lee en vertical.
Un núcleo condicionado por la piedra
Los primeros documentos que citan «Sancti Laurentii» son del siglo X, cuando los monjes de Sant Cugat recibieron la iglesia y las tierras de esta ladera. El suelo, pedregoso y con pendiente, no era el más fértil, pero durante siglos se trabajó en bancales para viñas y olivos. Todavía se distinguen algunas de estas terrazas en las laderas orientadas al sur.
La arquitectura popular más antigua responde a esa lógica: muros de piedra local, calles estrechas y cubiertas a dos aguas para evacuar el agua que baja de la montaña. A finales del XIX, la filoxera arrasó los viñedos y parte de la población emigró. Los que permanecieron encontraron otro recurso en la propia sierra: la extracción de piedra para la construcción. El paisaje actual, con claros entre el bosque y cortados rocosos, habla de ese ciclo de cultivo, abandono y aprovechamiento minero.
La parroquia antigua, integrada en el tejido urbano
La iglesia de Sant Llorenç, que muchos vecinos llaman «la iglesia vieja», se levantó entre los siglos XI y XII sobre restos anteriores. No preside una plaza mayor; está encajada entre las casas del núcleo antiguo, como si el pueblo hubiera crecido a su alrededor con el tiempo.
Conserva elementos románicos en la nave y un campanario de torre cuadrada que es su seña más visible. El ábside se modificó en época gótica y la portada se reformó después, un proceso habitual en las parroquias rurales que se adaptaban a cada época. En el interior hay un retablo barroco de madera dedicado a San Lorenzo con una particularidad: los paneles laterales se cierran sobre el altar, protegiendo el conjunto como si fuera un armario. Era una solución práctica para iglesias con uso intermitente.
Senderos que penetran en el parque natural
Varios caminos parten del pueblo hacia el Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Siguen trazas antiguas, anteriores a las carreteras, que comunicaban valles.
Uno de los más transitados cruza la riera y asciende entre pinares y afloramientos rocosos hacia las crestas del macizo. La subida es constante y recompensa con vistas sobre la plana del Vallès. En la lejanía se dibuja el mosaico de campos y polígonos que rodea Terrassa y Sabadell.
Las cruces de piedra en algunas cimas no son decorativas. Durante siglos marcaban collados y puntos de paso para pastores y arrieros. Muchas son reconstrucciones recientes, pero su ubicación respeta los lugares tradicionales de tránsito.
La coca de recapte, una comida de aprovechamiento
Por aquí es frecuente la coca de recapte, una preparación salada con masa de pan estirada y cubierta con lo que hubiera: verduras asadas, sardina, butifarra o bacalao. Durante décadas fue comida de campo, hecha en casa para llevar a las tareas agrícolas. Los ingredientes varían con la temporada, lo que la define mejor como una fórmula de aprovechamiento que como una receta cerrada.
Cómo moverse y qué tener en cuenta
El acceso más directo es por carretera desde Terrassa (BV‑1221). Es un trayecto corto, muy usado por ciclistas los fines de semana. También hay línea de autobús desde Terrassa, aunque con frecuencias reducidas, sobre todo en festivos.
Sant Llorenç Savall no está preparado para un turismo masivo. La información sobre rutas suele encontrarse en los paneles informativos de la plaça de la Vila, donde arrancan varios senderos señalizados.
La primavera y el otoño son los mejores momentos para caminar. El verano acumula calor en el valle y el invierno trae viento frío de la montaña. Al caer la tarde, cuando se van los excursionistas, el pueblo recupera un silencio que siempre ha estado ahí, pendiente de la mole calcárea que lo domina.