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sobre Sant Pere de Ribes
Municipio residencial con núcleo antiguo y urbanizaciones cerca de Sitges
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El turismo en Sant Pere de Ribes empieza con algo poco habitual en el Garraf: aparcar no suele ser un problema. Deja el coche cerca de la plaza del ayuntamiento y muévete andando. El casco antiguo es pequeño. Tres o cuatro calles y ya lo tienes visto.
Lo que queda de mil años
La torre del castillo se ve desde casi cualquier punto del pueblo. Piedra gruesa, unos cuantos metros de altura y poco más alrededor. Es lo que queda de una fortificación muy antigua que fue destruida y rehecha varias veces.
Al lado está la iglesia de Sant Pere. La base del templo es medieval, aunque lo que ves hoy es bastante posterior. Hubo reformas y ampliaciones con los siglos. El portal de les Ànimes es de las pocas piezas que recuerdan al edificio anterior. Está bien conservado, pero no esperes grandes sorpresas.
El circuito que se tragó el campo
A unos diez minutos andando aparece algo raro en medio del paisaje: el Autòdrom de Terramar. Un circuito ovalado de hormigón construido en los años veinte.
Las curvas peraltadas siguen allí. Grandes, agrietadas y cubiertas de hierba en algunos tramos. Durante décadas apenas tuvo uso y el lugar quedó medio abandonado. A veces se ve gente entrando a curiosear o a correr por dentro del óvalo.
Si vas, camina con cuidado. El terreno no está pensado para visitas.
La Cuba que volvió
En la calle Major hay una casa con torre que rompe la línea de las demás. Es Can Punxes. La levantó un indiano que regresó de Cuba con dinero, algo bastante común en pueblos de esta parte de Catalunya.
La casa no se visita, pero sirve para entender parte de la historia local. Mucha gente emigró, algunos volvieron con capital y levantaron viviendas que todavía destacan en el centro.
Cada enero el pueblo suele recordar ese vínculo con una fiesta dedicada a los indianos. Ropa blanca, música caribeña y bastante gente en la calle durante un fin de semana.
Caminar o volver al coche
Desde el pueblo salen varios caminos sencillos.
Uno rodea la zona del castillo y vuelve al casco urbano en poco rato. Otro sube hacia la ermita de Sant Pau y se acerca al parque del Garraf. Allí el paisaje cambia: menos casas, más piedra y monte bajo.
También hay rutas entre viñedos en dirección a Les Roquetes y caminos que conectan con Sitges. En verano el sol aprieta y la sombra escasea. Lleva agua.
Comer y cerrar la visita
Aquí se come lo que toca en el Garraf. Xató cuando es temporada: escarola, bacalao y salsa espesa de frutos secos y pimiento seco. Cada cocina lo hace a su manera.
También verás escalivada con pescado salado o platos sencillos de bar. Nada raro. Comida de pueblo trabajador.
Sant Pere de Ribes no compite con Sitges. No tiene playa ni paseo marítimo. Es un pueblo grande donde la gente vive y trabaja. Pasa la mañana, da una vuelta por el centro y acércate al autódromo si te pica la curiosidad.
Si luego quieres mar, Sitges está a unos minutos en coche. Allí ya cambia el ambiente. Y aparcar cuesta bastante más.