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sobre Sant Quirze del Vallès
Municipio residencial tranquilo con zonas verdes y masías
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Sant Quirze del Vallès creció alrededor de su parroquia, como tantos núcleos del Vallès. La iglesia ocupa todavía el punto donde se organizaba la vida rural del entorno, cuando esto no era un municipio conectado al área metropolitana de Barcelona sino una pequeña parroquia dispersa entre campos y masías. Hoy los trenes y las carreteras han acercado mucho la ciudad, pero el centro histórico sigue recordando ese origen.
Entre dos siglos que no son los tuyos
La primera referencia escrita a Sant Quirze aparece a comienzos del siglo XI, cuando unos documentos mencionan la iglesia en una donación. En aquel momento no existía un pueblo como tal: era una parroquia rural bajo la órbita de Terrassa, situada en una zona de paso entre distintos valles agrícolas.
El edificio parroquial actual se consagró a mediados del siglo XI. A lo largo del tiempo fue ampliándose: capillas añadidas, reformas y cambios que explican por qué las proporciones del conjunto no siempre resultan del todo regulares. En el interior se conserva un retablo gótico que suele citarse entre los elementos más antiguos del templo, aunque el edificio que lo rodea es el resultado de muchas intervenciones posteriores.
Sant Quirze se constituyó como municipio independiente en el siglo XIX, separándose administrativamente de Terrassa. Mucho más tarde se añadió el “del Vallès” al nombre oficial, una forma de situarlo con claridad dentro de la comarca.
La ermita que guarda una losa romana
A unos dos kilómetros del centro urbano, en el entorno de Vilamilanys, se encuentra la ermita de Sant Feliuet. El pequeño edificio tiene origen altomedieval y durante siglos funcionó como capilla vinculada a la parroquia principal.
Lo más curioso no está en los muros sino en el suelo: una ara paleocristiana, probablemente de época tardorromana, reutilizada como pieza de pavimento. No era raro que los constructores medievales reaprovecharan piedras antiguas sin demasiada preocupación arqueológica. Hoy esa losa recuerda que este territorio estaba ocupado mucho antes de que existiera la parroquia.
El interior es sencillo, con muros de mampostería y una iluminación muy escasa que entra por una pequeña abertura orientada al sur. Más que un edificio monumental, es un lugar ligado a la memoria local. Tradicionalmente, el lunes de Pascua se celebra aquí el aplec de Sant Feliuet, una reunión vecinal que mantiene la costumbre de subir hasta la ermita y pasar el día en los prados cercanos.
De pueblo rural a municipio del área metropolitana
Durante buena parte del siglo XX, Sant Quirze fue todavía un entorno agrícola. A partir de los años sesenta y setenta la proximidad con Barcelona y Sabadell empezó a transformar el municipio. Muchos antiguos campos se urbanizaron y aparecieron barrios residenciales conectados con la red ferroviaria y las grandes vías del Vallès.
Aun así, el centro conserva una escala más cercana al pueblo que a la ciudad. Alrededor de la iglesia parroquial sobreviven calles estrechas y la plaza Mayor, donde sigue celebrándose el mercado semanal.
Uno de los espacios más utilizados por los vecinos es el Parc de Can Verdaguer, que ocupa los terrenos de una antigua finca vinculada a una masía del mismo nombre. No es un parque monumental. Tiene caminos, zonas de descanso y áreas donde es habitual ver a gente paseando, corriendo o aprendiendo a montar en bicicleta. Funciona más como lugar cotidiano que como atracción.
Dos fiestas y una costumbre
Entre las celebraciones locales destaca el Aplec del Mussol, que se organiza cada primavera y moviliza a muchas asociaciones del municipio. El origen del nombre no está del todo claro y suele explicarse con distintas historias transmitidas dentro del propio pueblo. Con el tiempo se ha convertido en una de las fiestas más reconocibles del calendario local, con música, comida popular y actividades en el centro.
El lunes de Pascua, en cambio, el ambiente cambia por completo. La gente sube hasta Sant Feliuet con comida para pasar el día y reunirse con familia o amigos en los alrededores de la ermita. No hay grandes escenarios ni programación compleja: es más bien una continuidad de las antiguas romerías del mundo rural.
Cómo acercarse y recorrerlo
Sant Quirze del Vallès está muy cerca de Barcelona y de las principales ciudades del Vallès Occidental. Se puede llegar fácilmente por carretera y también en tren desde la capital y desde Sabadell.
El núcleo histórico se recorre sin prisa en menos de una hora. La iglesia parroquial es el punto de partida natural para entender cómo se formó el municipio. Desde allí se llega enseguida a la plaza Mayor y a las calles del entorno.
Si tienes coche, merece la pena acercarse después a la ermita de Sant Feliuet para ver el paisaje agrícola que todavía resiste en algunos márgenes del término. El acceso es sencillo, aunque el último tramo de camino es estrecho. A partir de ahí, basta caminar un poco por los alrededores para entender mejor de dónde viene este lugar.