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sobre Santa Coloma de Farners
Capital de la Selva; conocida por sus balnearios
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El lunes anterior al primer fin de semana de diciembre, la plaza del pueblo huele a nuez moscada y anís. Es época de ratafía. En Santa Coloma de Farners ese licor forma parte de la vida local, no de un reclamo para el visitante. Hablamos de la capital de la Selva. Un pueblo de casi catorce mil vecinos donde la gente sigue bajando al mercado con carrito y donde las aguas termales se usan desde hace más de un siglo.
Aparcar y moverse por el centro
Llegar es fácil. La C‑35 te deja a las afueras en poco rato desde Girona. El problema es el coche. El centro es pequeño y las plazas vuelan por la mañana.
Lo más práctico es dejar el coche en la zona del pabellón o cerca de la estación. Desde ahí bajas andando y en pocos minutos estás en la plaza Mayor.
El casco antiguo no da para mucho más de un paseo corto. De punta a punta no hay más de diez minutos. El crecimiento grande del pueblo llegó en el siglo XIX con la industria del corcho y el textil, y eso se nota en barrios más amplios fuera del núcleo antiguo.
Subida al Castell de Farners
El Castell de Farners queda a unos tres kilómetros del centro, en dirección a Sant Hilari. Se puede subir en coche hasta cerca y terminar el tramo final andando.
Que nadie espere un castillo completo. Quedan muros, una torre muy tocada y una explanada con buenas vistas sobre la llanura de la Selva. Es una fortificación medieval que lleva siglos en ruinas.
A medio camino está el santuario de la Mare de Déu de Farners. La parte más antigua es románica. El resto se ha ido rehaciendo con el tiempo. Suele estar abierto algunos ratos, pero no siempre.
Ratafía y dulces del pueblo
La ratafía aquí no es una curiosidad. Muchas casas siguen haciendo la suya con nueces verdes y una mezcla de hierbas que cada familia guarda como secreto.
Si preguntas en el pueblo, siempre aparece alguien que macera la botella en el balcón durante meses. Algunas recetas llevan muchas plantas distintas. Otras añaden café o piel de cítricos.
También es típica la coca dulce de Farners, plana y con azúcar por encima. Nada que ver con otras cocas saladas de Cataluña. Y están las galletas en forma de flor, que se elaboran en el pueblo desde hace más de un siglo.
Baños termales
Las aguas termales llevan tiempo siendo parte del paisaje local. A las afueras hay varios edificios históricos ligados a antiguos balnearios.
No esperes instalaciones modernas en todos los casos. Algunos espacios conservan un aire bastante clásico. Piscinas, agua caliente y poco más.
Cerca de la carretera hay una fuente termal pública donde el agua sale caliente. Es básicamente un grifo. Hay gente que llena garrafas y otros se remojan como pueden.
Cuándo ir
El otoño suele ser el momento más agradable. La sierra se llena de gente buscando setas y el ambiente en el pueblo es más tranquilo que en verano.
En verano hace calor y el monte alrededor se vuelve seco. Aun así, por las tardes corre algo de aire desde las Guilleries.
Durante el año se organizan varias ferias relacionadas con la ratafía y con productos locales. Cuando coinciden, el centro se llena bastante.
Santa Coloma de Farners no requiere un viaje largo solo para verla. Pero si estás por Girona o por la Selva, merece parar unas horas. Aparca arriba, baja a la plaza, da una vuelta corta y luego sube al castillo. Con eso ya te haces una idea bastante clara del lugar.