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sobre Santa Maria de Palautordera
Municipio a los pies del Montseny con el Arboretum y entorno verde
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El primer documento que menciona Santa Maria de Palautordera suele situarse en el año 862: un precepto de Carlos el Calvo que dona la villa de Vitamenia al conde Sunyer I. Más de mil años después, el pueblo sigue ocupando ese punto de transición entre la llanura del Vallès y las primeras pendientes del Montseny. No responde a la imagen de un núcleo pensado para el visitante: aquí la vida gira alrededor de las escuelas, los talleres, los campos cercanos al Tordera y las fiestas del calendario local.
El palacio que dio nombre
El topónimo suele explicarse a partir de palatium y tordaria: algo así como el palacio en el valle del Tordera. En la documentación medieval aparece citado un palau fortificado junto al río hacia mediados del siglo XIV. No quedan restos identificables, pero el trazado del casco antiguo todavía sugiere un origen defensivo: calles estrechas que ascienden desde la riera y parcelas pequeñas, muy juntas entre sí.
La iglesia parroquial de Santa María se levantó entre 1567 y 1588. Es un edificio de transición: estructura gótica tardía —nave única con capillas laterales y bóveda de crucería— combinada con detalles que ya miran al Renacimiento. Su posición, ligeramente elevada respecto al entorno inmediato, explica su papel como referencia visual dentro del antiguo núcleo.
Las intervenciones arqueológicas realizadas en el subsuelo han localizado enterramientos medievales. No es extraño: durante siglos la iglesia fue también el principal espacio funerario de la comunidad.
El puente Trencat y el paso del Tordera
A la altura del núcleo urbano aparece el llamado puente Trencat, uno de los elementos más reconocibles del municipio. Su nombre —“roto”— ha dado pie a varias explicaciones. La más repetida habla de una riada antigua que habría dañado parte de la estructura. También es posible que el apelativo se popularizara por la silueta irregular del puente, con un arco más elevado que los demás, algo que ya llamaba la atención en grabados y fotografías antiguas.
La restauración realizada en los años recientes optó por una intervención bastante discreta, que permite distinguir lo antiguo de lo añadido. Desde aquí el Tordera se ve ancho y cambiante según la estación: a veces apenas un hilo de agua, otras un cauce que recuerda la facilidad con la que este río se desborda.
Muy cerca arranca el camino que sube hacia la ermita del Remei, situada sobre un pequeño turó. El edificio actual se levantó a comienzos del siglo XIX y responde a un neoclasicismo sobrio: planta sencilla, fachada limpia y una cúpula proporcionada. La subida es corta y sirve también como mirador sobre el valle del Tordera y los campos que rodean el pueblo.
Cocina de huerta y matanza
La cocina local pertenece al mismo paisaje que la rodea: huerta en el fondo del valle, gallinero, y durante mucho tiempo la matanza del cerdo en invierno. Las mongetes del ganxet —variedad muy cultivada en el Vallès y comarcas cercanas— aparecen con frecuencia acompañando butifarra o guisos sencillos.
También es habitual encontrar platos contundentes de col, patata y tocino, similares a los que se preparan en otras zonas de montaña catalana. Y en épocas festivas no suele faltar la coca de llardons, ligada tradicionalmente al aprovechamiento de la grasa del cerdo.
El mercado semanal mantiene todavía algo de ese ambiente de plaza de pueblo donde se mezclan vecinos de toda la vida, gente llegada hace décadas desde el área metropolitana y excursionistas que pasan el día en el Montseny.
Las fiestas del calendario local
La Festa Major de agosto sigue siendo el momento en que el pueblo se reconoce a sí mismo. Las actividades se concentran alrededor de la plaza y de las calles del centro, con actos tradicionales que en Cataluña se repiten de un municipio a otro: música en directo, bailes, sardanas y participación de entidades locales.
En invierno suele celebrarse la Fira de la Candelera, vinculada históricamente al mundo agrícola. Las ferias de este tipo eran, más que un espectáculo, un punto de encuentro para intercambiar semillas, herramientas o animales. Hoy el formato es distinto, pero aún mantiene cierta relación con el entorno rural y con las plantas del Montseny.
Caminar hacia el Montseny
El término municipal toca directamente el parque natural del Montseny, declarado reserva de la biosfera. La transición se percibe con claridad: los campos del valle dejan paso a los bosques de castaño, encina y haya según se gana altura.
Desde el pueblo salen varios caminos señalizados que se internan en la vertiente sur del macizo. Algunos siguen antiguas pistas forestales; otros enlazan con senderos más largos que atraviesan el parque. No hace falta ir muy lejos para entender la relación histórica entre Santa Maria y la montaña: durante siglos el Montseny fue fuente de leña, pastos y castañas.
En días claros, las zonas más altas permiten ver buena parte del Vallès y, hacia el este, la línea del Mediterráneo.
Cómo llegar y cuándo acercarse
Santa Maria de Palautordera se encuentra en el extremo oriental del Vallès Oriental, relativamente cerca de la C‑17 y de la AP‑7. Desde Barcelona el trayecto en coche suele rondar los tres cuartos de hora, dependiendo del tráfico.
La línea R2 de Rodalies tiene estación en Palautordera, situada a cierta distancia del centro urbano, por lo que a menudo hace falta caminar un rato o continuar en coche.
Cada estación cambia bastante el paisaje. En primavera el valle aparece muy verde y los márgenes de los caminos se llenan de flores. El otoño atrae a quienes suben al Montseny a buscar setas. En invierno el ritmo baja y el pueblo se vuelve más tranquilo; cuando nieva en las cumbres cercanas, el aire frío baja hasta el valle y las chimeneas vuelven a encenderse.
Santa Maria de Palautordera no se ha transformado en un escenario turístico. Funciona, ante todo, como lugar donde vive gente que trabaja entre el Vallès y el Montseny. El visitante que llega con tiempo suele acabar haciendo lo mismo que los vecinos: caminar junto al río, subir hacia la ermita o acercarse a la montaña sin demasiada prisa.