Artículo completo
sobre Arbúcies
Situado en el corazón del Montseny; famoso por sus jardines y el agua abundante
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Arbucies se entiende mejor mirando al Montseny. El pueblo se abre en uno de los valles que descienden del macizo hacia la llanura de la Selva, en un lugar donde el agua nunca ha sido problema y los bosques han marcado el ritmo de vida durante siglos. La villa actual es relativamente compacta, pero el territorio que depende de ella está salpicado de masías antiguas, parroquias rurales y caminos que suben hacia el castillo de Montsoriu.
A comienzos de mayo el centro cambia de aspecto. Los vecinos preparan alfombras de flores que se colocan en varias calles alrededor de la iglesia y duran lo que dura la procesión que las atraviesa. Es una tradición compartida con otros pueblos catalanes, aunque aquí mantiene un aire bastante doméstico: pétalos, serrín teñido y familias enteras agachadas dibujando motivos que desaparecerán en pocas horas.
El castillo que explica el valle
Montsoriu se levanta en una cresta del Montseny y, desde muchos puntos del valle de Arbucies, se distingue su silueta. La ubicación no es casual: controlaba el paso natural entre la costa y el interior. Los vizcondes de Cabrera lo ampliaron sobre todo entre los siglos XIII y XIV, cuando el castillo llegó a convertirse en una de las grandes fortalezas góticas de Cataluña.
Lo que hoy se ve no es solo una ruina evocadora. Las murallas mantienen tramos muy sólidos, con espesores notables, y el recinto conserva bien la estructura defensiva. Subir exige una caminata que ronda la hora por pista forestal; el último tramo se hace a pie. Desde arriba se entiende la lógica del asentamiento humano en el valle: agua cercana, bosque abundante y una posición resguardada.
En Arbucies suelen recordar ese pasado con una recreación histórica dedicada a la llamada Revolta dels Cabrera, relacionada con los conflictos entre la población y el poder feudal. Se organiza algunos años a mediados de marzo y sirve, sobre todo, para mantener viva una historia local que no siempre aparece en los manuales.
Iglesias que hablan de un poblamiento disperso
Sant Mateu de Joanet aparece citada ya en el siglo IX, cuando Arbucies todavía no se había consolidado como núcleo urbano. La iglesia está a unos kilómetros del centro actual y atendía a las masías dispersas del entorno. Conserva el ábside románico y una pila bautismal con inscripciones que aún generan interpretaciones distintas.
Para llegar hay que dejar el coche en una pista y caminar unos minutos. El lugar transmite bien la lógica del poblamiento antiguo: pequeñas comunidades rurales alrededor de una parroquia.
Más cerca del pueblo, Sant Pere Desplà guarda uno de los elementos más singulares del entorno: fragmentos de pintura mural prerrománica que permanecieron ocultos bajo capas de cal hasta finales del siglo XX. Las figuras, en tonos rojizos y negros, representan parte de un ciclo apostólico. No compiten con los grandes conjuntos románicos del Pirineo, pero ayudan a imaginar cómo eran los interiores de las iglesias antes de las reformas posteriores.
El edificio actual ha sufrido muchas transformaciones y lo prerrománico sobrevive sobre todo en esas pinturas y en la planta. Cuando no está abierto, la llave suele gestionarse a través del museo etnológico del pueblo.
El pequeño conjunto se completa con Sant Cristòfol de Cerdans y Santa Maria de Lliors, ambas vinculadas a los primeros siglos del románico rural. Son iglesias bajas, de mampostería irregular y ventanas pequeñas. Siguen teniendo uso religioso ocasional, con celebraciones esporádicas que reúnen a vecinos de las masías cercanas.
El bosque que da de comer
El Montseny condiciona buena parte de la economía tradicional de Arbucies. Castañas, setas y caza menor han sido durante generaciones un complemento directo para las casas del valle.
Hacia finales de octubre suele celebrarse la Fira de Tardor, muy vinculada a esa relación con el bosque. Los productos de temporada —sobre todo setas y castañas— ocupan buena parte del ambiente del pueblo durante esos días. También aparecen músicos con flabiol, el pequeño instrumento que acompaña muchas sardanas cuando la formación es reducida.
Cuando cae la tarde, en la plaza se asan castañas en hogares improvisados. No hay demasiado aparato alrededor: humo, papel de estraza y gente cambiándose las castañas de mano porque queman.
Cómo moverse sin prisa
El núcleo de Arbucies se recorre rápido, pero lo interesante está alrededor. La subida a Montsoriu es la excursión más clara; existe también un sendero que conecta con el GR‑5 y evita parte de la pista forestal.
Las iglesias rurales aparecen señalizadas con pequeños carteles de madera que indican «romànic». A veces los desvíos no coinciden del todo con lo que marca el GPS, así que conviene llevar el recorrido preparado.
El Museu Etnològic del Montseny ocupa la antigua fábrica de la Gabella y ayuda a entender cómo se vivía en este valle: el trabajo del castañar, las herramientas agrícolas o la antigua actividad metalúrgica vinculada a las fargas hidráulicas. Desde allí también suelen orientar sobre visitas a iglesias cercanas o rutas por el entorno.
La primavera y el otoño son los momentos en que el valle se aprecia mejor. En verano el pueblo gana mucha población y el ambiente cambia; en invierno el Montseny atrapa nubes con facilidad y Arbucies recuerda que aquí el agua siempre ha formado parte del paisaje.