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sobre Caldes de Malavella
Villa termal histórica con restos romanos; famosa por sus balnearios y agua mineral
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A medio camino entre Girona y la costa brava, Caldes de Malavella emerge como un tesoro termal que ha seducido a viajeros desde tiempos romanos. Esta villa de 8.396 habitantes, situada a 84 metros de altitud en la comarca de la Selva, conserva ese espíritu balneario que la convirtió en destino predilecto de la burguesía catalana del siglo XIX. Sus aguas termales, que brotan a más de 60 grados, son el auténtico corazón de un municipio que ha sabido conjugar tradición, historia y bienestar.
Pasear por Caldes es descubrir un legado arquitectónico que habla de su glorioso pasado termal. Las antiguas mansiones de indianos, los balnearios centenarios y las fuentes humeantes salpican un núcleo urbano donde se respira tranquilidad. Aunque no está en la montaña ni junto al mar, su ubicación estratégica la convierte en base perfecta para explorar la provincia de Girona: a apenas 15 kilómetros de la capital, cerca del Parque Natural del Montseny y a un suspiro de las calas mediterráneas.
Es ese equilibrio entre lo termal y lo cultural, entre el relax y el descubrimiento, lo que hace de Caldes de Malavella un destino diferente. Un lugar donde el vapor de las aguas ancestrales se funde con la historia, invitando al viajero a sumergirse en una experiencia auténtica del interior catalán.
Qué ver en Caldes de Malavella
El Castell de Malavella, aunque en ruinas, domina el paisaje desde su colina y ofrece una de las mejores panorámicas de la comarca. Este castillo medieval del siglo XI merece la subida, especialmente al atardecer cuando las vistas alcanzan hasta el Montseny.
En el casco antiguo destaca la iglesia parroquial de Sant Esteve, de origen románico pero reformada en estilo gótico. Su campanario se alza como referente del skyline local. Muy cerca, la Plaça Major conserva ese aire señorial con sus pórticos y edificios históricos que recuerdan la época dorada del turismo termal.
Las fuentes termales son parada obligatoria. La Font de Sant Narcís y la Font del Lleó brotan visibles en el espacio público, permitiendo ver ese fenómeno natural que atrae visitantes desde hace dos milenios. El vapor constante que emana de ellas crea una estampa única, especialmente en días frescos.
Los amantes de la arquitectura disfrutarán con los antiguos balnearios Prats y Vichy Catalán, edificios modernistas que atestiguan la importancia histórica de Caldes como destino de salud. Aunque algunos funcionan como hoteles, su fachada se puede admirar libremente.
No hay que perderse el Museo del Turismo y la Historia de Caldes, instalado en Can Bech, una masía del siglo XVI. El espacio museístico explica la evolución del termalismo y la vida local a través de objetos y documentos históricos.
Qué hacer
El senderismo termal es una experiencia única: diversas rutas señalizadas permiten descubrir los puntos de surgencia de aguas calientes en plena naturaleza. La ruta que conecta las diferentes fuentes del municipio ofrece un paseo fácil de unas dos horas.
Para los aficionados al cicloturismo, Caldes está integrada en la Vías Verdes de Girona, con rutas de baja dificultad que atraviesan el paisaje de la Selva entre campos de cultivo y bosques mediterráneos.
La gastronomía local se puede degustar en diversos establecimientos del centro, donde predominan los productos de la huerta y las carnes a la brasa. Las aguas minerales locales, embotelladas desde hace más de un siglo, acompañan perfectamente cualquier comida.
Los tratamientos termales siguen siendo la actividad estrella. Varios establecimientos ofrecen circuitos de aguas, masajes y terapias aprovechando las propiedades mineromedicinales que ya conocían los romanos.
A pocos kilómetros se encuentra el Parque de la Prehistoria, con reproducción de megalitos y espacios didácticos sobre los primeros pobladores de la zona, ideal para familias.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a finales de agosto en honor a Sant Esteve, con verbenas, actividades populares y la tradicional procesión. Los bailes de sardanas y los castellers suelen animar el programa festivo.
En junio tiene lugar la Feria de Indianos, un mercado temático que recrea el ambiente de finales del siglo XIX cuando Caldes vivió su esplendor termal. Los vecinos se visten de época y las calles se llenan de puestos artesanales.
Las Fiestas de Sant Narcís, a finales de octubre, incluyen actividades culturales y deportivas que movilizan a toda la población.
Durante el otoño, la Feria de la Seta celebra los productos micológicos de los bosques cercanos, con jornadas gastronómicas y salidas guiadas de recolección.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona, Caldes de Malavella está a tan solo 15 kilómetros por la N-II o la autopista AP-7 (salida 7). El trayecto en coche dura unos 15 minutos. También hay servicio regular de autobús que conecta ambas poblaciones. Desde Barcelona, se tarda aproximadamente una hora por la AP-7.
Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para disfrutar de los paseos y el termalismo sin las altas temperaturas del verano. Sin embargo, el invierno tiene su encanto especial cuando el vapor de las fuentes termales contrasta con el aire fresco.
Consejos: Conviene llevar calzado cómodo para caminar por el casco antiguo y las rutas. Si se planea visitar los balnearios, mejor reservar con antelación. El municipio cuenta con aparcamientos gratuitos en las afueras del centro histórico. La oficina de turismo, situada cerca de la Plaça Major, ofrece mapas de rutas y toda la información necesaria para aprovechar la visita.