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sobre Vidreres
Municipio con tradición corchera y muchas urbanizaciones; castillo de Sant Iscle
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Si buscas turismo en Vidreres, lo primero es práctico: vienes de paso hacia la costa y paras un rato. Mucha gente lo hace para comer algo rápido, estirar las piernas y seguir. El pollo a la brasa suele salir bien. Lo preparan al momento, que ya es bastante en un pueblo que vive del tráfico que va y viene de Lloret y la costa.
Aparcar y respirar
Llegas por la C‑35. El pueblo queda partido por la carretera: arriba el casco antiguo, abajo el polígono y los aparcamientos de los supermercados. Lo normal es dejar el coche abajo y subir andando.
En agosto cuesta encontrar sitio. El resto del año no suele haber problema.
La primera impresión es clara: pueblo de trabajo. Casas de los años 70, reformas a medias, alguna vivienda nueva salpicada entre bloques más viejos. Gente con bata comprando pan. Un bar con mesas llenas a media mañana. Vida diaria, sin adornos.
La iglesia y poco más
La iglesia de Sant Esteve es el edificio más antiguo que verás. El origen suele situarse en época románica, aunque se ha reformado varias veces. Dentro conservan un Cristo románico que pasa bastante desapercibido si no sabes que está allí.
La plaza es pequeña. Unos bancos, un par de plataneros y poco más. Das la vuelta en cinco minutos.
Del castillo de Sant Iscle apenas queda rastro. Algunas piedras en el monte, según cuentan, y poco señalizadas. Se menciona en historias de las revueltas remensas del siglo XV. Hoy no hay mucho que ver.
El bosque que queda
Detrás del pueblo empiezan los montes donde se trabajaba el corcho. A los corcheros les llaman aquí tapissers. Aún quedan caminos que se meten entre pinos y alcornoques.
No son rutas espectaculares, pero sirven para caminar un rato. En verano conviene llevar agua: la sombra aparece y desaparece según el tramo.
Por esta zona pasa el GR‑92 en alguno de sus desvíos interiores. Si ya sigues ese sendero, lo tendrás ubicado.
También se puede subir a la ermita de Sant Ponç. Es una subida corta, unos veinte minutos si vas tranquilo. Desde arriba se ve el pueblo, el polígono y la carretera. Nada dramático, pero despeja.
Pollo y cerveza
Aquí la parada suele ser para comer. Hay varios asadores y bares sencillos donde el pollo a la brasa es lo que más sale. Lo acompañan con ensalada, patatas y cerveza fría. Sin más misterio.
El pan suele ser el típico de bolsa que encuentras en muchos sitios de paso. Cumple y ya está.
Si caes en domingo por la mañana, hay mercado. Predominan los puestos de ropa barata, fruta y herramientas. La gente del pueblo viene a comprar y a charlar un rato. Si te apetece mirar, te mezclas y listo.
Martí Vergés y poca cosa más
El vecino más conocido fue Martí Vergés, mediocentro del Barça en los años 50 y 60. Después de su carrera volvió a vivir aquí.
En el campo de fútbol hay una referencia a su nombre. El campo es modesto, como cabe esperar en un municipio de este tamaño.
Consejo de uso
Vidreres funciona mejor como parada que como destino.
Aparca abajo, sube a ver la iglesia, da una vuelta corta y si te apetece comes algo antes de seguir hacia la costa o hacia el interior.
Si vas a comer, evita la una del mediodía en fin de semana. Coincide con mucha gente que vuelve de la playa y las mesas se llenan rápido.