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sobre Constantí
Municipio con importante patrimonio romano incluyendo la villa de Centcelles con mosaicos paleocristianos únicos
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El nombre de Constantí suele vincularse al emperador Constantino, aunque no hay pruebas de que pasara por aquí. El lugar, en realidad, se explica mejor por la geografía. El río Francolí traza en este punto un meandro amplio y deja una franja de tierra fértil en la orilla derecha. Ese pequeño valle agrícola, muy cerca de la antigua Tarraco, era demasiado valioso como para quedar vacío. Los romanos se instalaron pronto y dejaron un complejo rural que todavía hoy condiciona la forma en que se habla de Constantí en los manuales de arte antiguo.
Los mosaicos de Centcelles
La villa romana de Centcelles es el motivo por el que muchos visitantes llegan hasta Constantí. No es un yacimiento espectacular a primera vista. El edificio principal recuerda más a una construcción agrícola que a un monumento romano: muros de piedra, cubierta a dos aguas y un aspecto bastante sobrio.
Dentro aparece lo verdaderamente singular. Una sala cubierta por una cúpula conserva mosaicos del siglo IV que suelen citarse entre los más antiguos del arte cristiano en el mundo romano. En la decoración se reconocen escenas de caza, figuras humanas, motivos geométricos y también representaciones asociadas al cristianismo primitivo, entre ellas una imagen de Cristo flanqueado por apóstoles.
La lectura completa del programa iconográfico aún se discute entre especialistas. Durante mucho tiempo se interpretó el edificio como un mausoleo vinculado a algún alto cargo de la Tarraco tardorromana; hoy algunos investigadores prefieren hablar de un complejo residencial con funciones cambiantes. Lo que sí está claro es la importancia del conjunto, integrado en el listado de patrimonio mundial vinculado a la antigua Tarraco.
La visita es breve. La sala de la cúpula concentra casi toda la atención, y conviene tomarse un momento para que los ojos se acostumbren a la luz tenue antes de intentar distinguir las escenas.
Restos medievales en el casco antiguo
El núcleo actual se levantó sobre capas anteriores, algo habitual en pueblos del Camp de Tarragona. De la fortificación medieval quedan fragmentos dispersos. Las murallas se documentan ya en el siglo XIII y más tarde se reforzaron. Hoy lo más visible es una torre integrada en la calle Sant Pere, que pasa bastante desapercibida si uno no sabe lo que está mirando.
La iglesia de Sant Feliu, terminada en el siglo XVII, responde a un lenguaje neoclásico bastante sobrio. Más que por su arquitectura, interesa por la posición: se levanta en la parte alta del pueblo. Desde los alrededores se entiende bien la lógica del asentamiento, con el valle del Francolí extendiéndose hacia Tarragona y los campos de cultivo ocupando casi todo el horizonte inmediato.
Viñas, cooperativa y vida agrícola
El paisaje alrededor de Constantí sigue siendo claramente agrícola. Viñedos, parcelas de avellanos y campos de cultivo acompañan los caminos que salen del pueblo. La cooperativa agraria continúa teniendo un papel central en la economía local, algo que todavía se percibe en el ritmo del calendario agrícola.
El vino forma parte de esa tradición, aunque aquí no se ha construido un discurso turístico alrededor de las bodegas. La producción suele canalizarse a través de la cooperativa y de explotaciones de la zona.
En invierno y a comienzos de primavera aparece otro elemento muy ligado al territorio: las calçotades. En muchos casos se organizan en casas particulares o en fincas familiares, siguiendo una costumbre muy arraigada en el Camp de Tarragona. Calçots asados directamente sobre la llama, salsa romesco, pan tostado y vino de la tierra. Poco más.
Cómo acercarse y moverse por el pueblo
Constantí está a pocos kilómetros de Tarragona y se llega en coche en unos minutos desde la capital. También hay conexión por carretera con el interior del Camp.
El centro se recorre a pie sin dificultad. Desde la plaza principal se alcanza enseguida la iglesia y, con un pequeño rodeo, la torre medieval. La villa romana de Centcelles queda a las afueras, entre campos.
Conviene comprobar con antelación los horarios de apertura del conjunto arqueológico, que pueden variar según la época del año. Por lo demás, la visita al pueblo es tranquila y breve. Constantí sigue funcionando sobre todo como municipio agrícola cercano a Tarragona, con un patrimonio romano que aparece casi de forma inesperada entre los cultivos.