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sobre La Nou de Gaià
Pequeño pueblo tranquilo con un castillo y jardines románticos cerca de la costa
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Hay pueblos a los que llegas casi por casualidad, porque ibas camino de la costa o porque te has cansado del tráfico de Tarragona. La Nou de Gaià es uno de esos sitios. Sales de la carretera principal, giras un par de veces y de repente estás en un pueblo pequeño, agrícola, de los que todavía funcionan a su ritmo.
La Nou de Gaià tiene alrededor de 600 habitantes y se levanta a poca distancia del mar, aunque aquí lo que manda es el campo. Está a menos de media hora en coche de Tarragona y relativamente cerca de la Costa Daurada, así que mucha gente pasa por la zona combinando playa y interior. El contraste se nota: en la costa hay movimiento constante; aquí, en cambio, el día gira alrededor de los campos y de la vida de pueblo.
No esperes una lista larga de monumentos. El núcleo es compacto, con casas agrupadas alrededor de la iglesia y varias calles cortas que en realidad se recorren rápido. Lo interesante está más en el ambiente que en los “puntos de interés”.
Alrededor del pueblo aparece el paisaje típico del Camp de Tarragona: viñas, olivos y almendros formando un mosaico bastante ordenado. Si pasas en época de vendimia verás más tractores que turistas. Y eso, la verdad, ya dice bastante de cómo funciona el lugar.
Qué ver en La Nou de Gaià
La referencia del pueblo es la iglesia parroquial de Sant Jaume. No es una iglesia enorme ni especialmente ornamentada, pero ocupa ese sitio central que en los pueblos marca un poco todo: la plaza, las conversaciones después de misa, las fiestas cuando tocan. A su alrededor se organiza buena parte del casco urbano.
Caminar por el centro se hace en poco tiempo. En veinte minutos, más o menos, ya te has hecho una idea clara del lugar. Aun así merece la pena ir despacio: portales de piedra, balcones de hierro, alguna casa con patio interior donde aún se intuye que hubo corrales o almacenes agrícolas. De vez en cuando pasa un remolque o un coche cargado hasta arriba de herramientas, y te recuerda que esto no es un decorado.
Si sigues hacia las afueras empiezan enseguida los caminos rurales. Ahí aparecen viñas vinculadas a la Denominación de Origen Tarragona y algunas masías dispersas entre campos. No todas están habitadas, pero forman parte del paisaje desde hace generaciones. Si caminas o vas en bici por estos caminos conviene ir con ojo: es terreno de trabajo y es normal cruzarse con tractores o maquinaria.
Lo que puedes hacer sin complicaciones
Una de las cosas que mejor encajan aquí es la bici tranquila por carreteras secundarias. Las que conectan con pueblos cercanos como El Catllar pasan entre campos y tienen ese tipo de desnivel suave que parece fácil… hasta que llevas un rato pedaleando y notas las piernas. Nada dramático, pero suficiente para sentir que has hecho algo de ejercicio.
También hay bastantes caminos que sirven para caminar entre pueblos o simplemente dar una vuelta por los alrededores. No son rutas de montaña ni senderos espectaculares. Son caminos agrícolas de toda la vida. En días despejados, desde algunos puntos se llega a intuir el Mediterráneo a lo lejos, aunque aquí lo interesante es más bien entender cómo se organiza el territorio: parcelas, muros de piedra seca, caminos que llevan a masías.
En cuanto a la comida, el estilo es el que domina en el interior del Camp de Tarragona: platos de cocina tradicional, productos del campo y bastante presencia de carne. Estando tan cerca del mar, tampoco es raro que el pescado aparezca cuando te mueves entre pueblos de la zona. Y, claro, el vino de las bodegas cercanas suele acompañar sin demasiadas ceremonias.
La Nou de Gaià no es un lugar al que vengas buscando grandes atracciones. Es más bien ese tipo de pueblo que funciona bien para bajar revoluciones un rato, dar un paseo por los caminos y ver cómo sigue latiendo el campo a pocos kilómetros de la costa. Si te gusta entender los lugares más que tacharlos de una lista, aquí hay material.