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sobre Renau
Pueblo minúsculo y encantador con una ermita barroca de Jujol muy apreciada
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Renau es como cuando, en un viaje por la autopista, tomas una salida al azar. No esperas nada y, de repente, el ruido de los coches se cambia por el silencio de un camino de tierra. Este pueblo del Tarragonès, con sus ciento y pico habitantes, es ese tipo de sitio. Está a un suspiro de Tarragona ciudad, pero subes unos minutos entre campos y el ambiente cambia por completo: aquí lo que marca el paso es el ritmo del campo.
Un núcleo que se ve en un café
No vengas con la lista de monumentos en la mano. El plan en Renau es aparcar el coche y caminar sin rumbo. El pueblo es pequeño; en un rato lo tienes visto. La iglesia de Sant Miquel hace de faro entre las casas bajas de piedra y ladrillo. No hay calles escenográficas ni tiendas de souvenirs. Es un lugar donde a media mañana solo se oye, a lo lejos, el runrún de un tractor. Sabes que estás en un pueblo vivo, no decorado.
Lo bueno empieza al dejar las últimas casas
Cuando abandonas el núcleo empieza lo interesante. Los caminos que rodean Renau son pistas agrícolas que serpentean entre olivares, almendros y campos de cereal. En primavera huele a tierra húmeda y verde; en verano, a hierba seca y calor. No busques miradores con barandilla ni rutas señalizadas con palitos. Esto es terreno para perderse (un poco) con sentido común. Puedes caminar horas sin ver a nadie, solo el horizonte abierto del interior tarraconense. En días muy claros, desde alguna loma, se intuye una línea azul tenue que debe ser el mar.
Caminar sin mapa (pero con el móvil a mano)
La red de senderos no está marcada como tal. Son los viejos caminos que unían masías, algunos bien conservados, otros medio comidos por la vegetación. Son fáciles, sin cuestas brutales, pero tienen truco: hay cruces sin indicar y algún tramo que termina en una finca privada. No es para hacer alpinismo extremo, pero sí para dar un rodeo tonto si no prestas atención. Lleva agua siempre; en los campos no hay fuentes y en pleno verano el sol pega duro.
El contraste inmediato con Tarragona
Esta es su gran baza: estás a quince minutos en coche del bullicio romano y mediterráneo de Tarragona, pero parece que hayas retrocedido décadas. Funciona bien si llevas unos días de turismo urbano y necesitas respirar aire que no huela a fritanga ni a multitud.
Vida local: lo justo para pillar ambiente
La fiesta grande es Sant Miquel, a finales de septiembre. Son actos de pueblo pequeño: una misa, alguna comida comunal y probablemente música en la plaza donde todo el mundo se conoce. En verano suele haber algún baile al aire libre al atardecer. No es un festival; es más bien la excusa para que los vecinos bajen a charlar mientras los niños corren alrededor.
Entonces… ¿para qué sirve Renau?
Renau no es un destino. Es una pausa. No vengas buscando emociones fuertes ni postales perfectas. Viene bien si lo que necesitas es desconectar durante unas horas, dar un paseo entre olivos sin más plan que eso y sentir cómo cambia el aire cuando te alejas de la costa. Es ese desvío pequeño que no te cambia el viaje, pero sí te baja las revoluciones del día. Y a veces eso es justo lo que apetece