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sobre Puigverd d'Agramunt
Pequeño núcleo con castillo e iglesia neoclásica; tradición agrícola
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El testamento de Pere Miró de Pons, datado en 1061, menciona “el castillo de Podio Viridi” como una de sus propiedades. Mil años después, ese documento sigue siendo la primera referencia escrita conocida de Puigverd d’Agramunt. El pueblo mantiene en parte la lógica de aquellos siglos: un pequeño núcleo organizado alrededor de una fortificación y rodeado por tierras de cultivo.
La Segarra —comarca de cereal y horizontes muy abiertos— explica bastante del paisaje y del ritmo del lugar. Casas bajas, calles rectas y un territorio donde la actividad agrícola sigue marcando el calendario.
El castillo que ya no defiende
Del castillo se conservan sobre todo los muros exteriores y la torre de homenaje. Desde ahí se entiende bien la elección del emplazamiento: domina el valle del Sió y el paso natural hacia Agramunt. No era una gran fortaleza, pero sí un punto de control eficaz dentro de la red de pequeños castillos que articulaban este territorio en la Edad Media.
Está protegido como Bien Cultural de Interés Nacional desde finales del siglo XX. La función militar desapareció hace mucho tiempo, cuando el linaje de los Puigverd —que dio nombre al lugar— se extinguió a finales del siglo XIV. La piedra, muy expuesta al sol y al viento, muestra también reformas posteriores, probablemente del siglo XVI, cuando el edificio aún servía como residencia señorial.
Hoy el recinto es de propiedad privada y no se visita por dentro. Aun así, se puede rodear el perímetro. Desde el lado oeste se aprecia mejor el talud y la forma rectangular del conjunto.
Tres iglesias para entender el pueblo
La iglesia parroquial de Sant Pere responde a un modelo bastante extendido en los pueblos catalanes del siglo XVIII: neoclasicismo sobrio, pensado más para la función litúrgica que para exhibir riqueza. Se levantó sobre una iglesia románica anterior. El interior tiene una sola nave con capillas laterales y muy poca ornamentación.
A unos dos kilómetros del núcleo urbano se encuentra la capilla de Sant Miquel, normalmente fechada entre los siglos XI y XII. Es románico muy temprano: muros de mampostería, una nave única y bóveda de cañón. La decoración prácticamente no existe. La luz entra por un pequeño óculo y por la puerta de arco de medio punto.
Más allá del edificio en sí, lo interesante es su continuidad en la vida del pueblo. Tradicionalmente, el día de Sant Miquel se celebra una misa y los vecinos suben caminando desde Puigverd.
La capilla de Sant Llorenç, anterior al siglo XV, fue reconstruida en el XVI tras un incendio. El retablo barroco que presidía el altar mayor se conserva hoy en el Museo Diocesano de Vic. La capilla está situada entre Puigverd y Agramunt, en un cruce de caminos que durante siglos comunicó varias poblaciones de la zona.
Tanto Sant Miquel como Sant Llorenç funcionan casi como hitos del término municipal, algo bastante habitual en el mundo rural medieval, cuando las referencias territoriales eran más físicas que cartográficas.
Cereales y hornos
La economía local sigue vinculada al campo. El paisaje es el típico de la Segarra: rotación de cereal —trigo, cebada, avena— con algunos olivares en las zonas más secas.
Las casas tradicionales responden a esa economía agraria. Son construcciones sencillas, con tejado a dos aguas y fachadas de piedra o tapial. En el carrer Major todavía se conserva el antiguo horno comunal, hoy rehabilitado. Durante mucho tiempo fue el lugar donde se cocía el pan para varias casas del pueblo.
La coca de recapte —con verduras asadas, a veces con embutido— forma parte de esa cocina de aprovechamiento propia de las zonas agrícolas. Según el momento del año o las celebraciones locales, todavía se prepara en el pueblo, aunque no siempre es fácil encontrarla fuera de ese contexto.
Caminos que conectan con el territorio
Desde la plaza Mayor sale un camino que baja hacia el yacimiento romano de Els Reguers. Se trata de una pequeña explotación agrícola de época romana, datada entre los siglos I y II d.C., situada cerca del Sió. Lo que se ve hoy son principalmente cimientos y restos de pavimentos, suficientes para entender la organización básica de la villa.
El recorrido ronda los tres kilómetros entre ida y vuelta y atraviesa campos de cultivo bastante abiertos. Desde ahí también parten pistas agrícolas que enlazan con otros pueblos cercanos, como Agramunt u Ossó de Sió, siguiendo trazados que en muchos casos tienen siglos de uso.
Cuándo ir y cómo llegar
Puigverd es un pueblo pequeño y la vida pública se concentra sobre todo en fines de semana, celebraciones y fiestas locales. La fiesta mayor suele celebrarse a finales de agosto.
Se llega por carretera desde Agramunt o Cervera a través de la red comarcal. En los accesos al pueblo hay espacio donde dejar el coche sin dificultad. El transporte público es limitado o inexistente, algo habitual en esta parte de la Segarra.
Para quien vaya en bicicleta, las carreteras secundarias de la zona suelen tener poco tráfico y desniveles moderados, con largas rectas entre campos de cereal. Es un paisaje muy abierto, sin demasiada sombra, así que conviene tenerlo en cuenta en verano.