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sobre Montcada i Reixac
Municipio metropolitano nudo de infraestructuras con zonas naturales recuperadas
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El turismo en Montcada i Reixac empieza entendiendo dónde está. El municipio se sitúa en un punto de paso natural entre Barcelona y el Vallès, justo donde la plana del Besòs se abre antes de entrar en la sierra. La primera mención documental de Montcada aparece en el año 986 en un pergamino del monasterio de Sant Cugat. Desde entonces, el lugar ha visto pasar casi de todo: un castillo medieval vigilando el camino hacia Barcelona, infraestructuras hidráulicas que abastecieron a la capital y, ya en el siglo XX, un paisaje industrial muy ligado al crecimiento metropolitano.
Montcada i Reixac no es un pueblo pensado para el visitante ocasional. Su interés está en cómo se superponen capas de historia en un espacio pequeño y muy transformado.
Cuando el paisaje explica el pasado
La geografía marca el carácter del municipio. El término municipal va desde la llanura del Besòs hasta la Serralada de Marina, y ese desnivel explica buena parte de su historia.
En el turó de Les Maleses se conservan restos de un poblado ibérico que controlaba la vall del Besòs hace unos 2.500 años. Parte del yacimiento está excavada y permite hacerse una idea de la posición estratégica del lugar. Desde arriba se domina todo el corredor natural que conecta el Vallès con el llano de Barcelona; en días claros incluso se alcanza a ver el mar.
Más abajo estaba el castillo de Montcada. Hoy quedan restos modestos —muros, trazas de cimientos— que obligan a imaginar el volumen original de la fortaleza. La subida desde el núcleo antiguo ronda los tres kilómetros y ayuda a entender por qué ese cerro era clave: desde allí se vigilaba uno de los accesos históricos a Barcelona. El castillo dejó de tener función militar hacia el siglo XV, cuando la población fue bajando hacia la llanura.
El siglo industrial
Hasta bien entrado el siglo XX, Montcada y Reixac eran núcleos rurales separados por campos. La instalación de una gran fábrica de cemento a comienzos del siglo pasado cambió el ritmo del lugar. Llegó trabajo, crecieron barrios obreros y el municipio pasó en pocas décadas de ser un entorno agrícola a integrarse en el cinturón industrial de Barcelona.
Ese pasado todavía se reconoce en algunos edificios técnicos. La Casa de les Aigües, vinculada al sistema que llevaba agua del Besòs hacia Barcelona a través del Rec Comtal, forma parte de esa historia. El conjunto, proyectado en el siglo XIX por el arquitecto Antoni Rovira i Trias, muestra bien cómo la ingeniería hidráulica se convirtió en una pieza clave para el crecimiento de la capital.
Dos núcleos que aún se distinguen
El municipio actual mantiene una dualidad clara. Montcada conserva un trazado más compacto alrededor de la iglesia de Sant Pere y del carrer Major, donde aún se percibe la estructura del antiguo núcleo. Reixac, en cambio, creció de manera más dispersa.
Entre ambos espacios pasan hoy el tren y varias grandes vías de comunicación que conectan Barcelona con el Vallès. Esa red de infraestructuras explica buena parte del paisaje actual: Montcada i Reixac funciona, en muchos sentidos, como un punto de transición entre la ciudad y el interior.
El edificio del ayuntamiento resume bien esa evolución. La Casa de la Vila, proyectada a mediados del siglo XIX por Francesc de Paula del Villar, había sido antes una hostería de carros del siglo XVIII. El cambio de uso habla de un lugar que pasó de ser parada en el camino a centro administrativo de un municipio cada vez más urbano.
Caminar el municipio
La manera más clara de entender Montcada i Reixac es recorrerlo a pie.
El trazado del Rec Comtal todavía puede seguirse en varios tramos del municipio. Caminar junto a esta antigua canalización permite entender cómo el agua del Besòs se conducía hacia Barcelona durante siglos y cómo esa infraestructura condicionó el territorio.
En la parte alta, dentro del parque de la Serralada de Marina, un sendero señalizado conduce hasta el poblado ibérico de Les Maleses. La subida no es larga y atraviesa zonas de pinar y matorral mediterráneo. Desde arriba se aprecia bien la relación entre la montaña, el río y el corredor urbano que hoy ocupa la metrópoli.
Fiestas y cocina cotidiana
La cocina local no se diferencia demasiado de la del resto del Vallès y del área de Barcelona, pero conserva algunas costumbres del calendario festivo. En carnaval es habitual la coca de llardons, ligada tradicionalmente a la época de matanza del cerdo. En Pascua aparece la mona, y en otoño los panellets siguen marcando la festividad de Todos los Santos.
En las celebraciones populares —fiestas mayores de los distintos barrios o encuentros vecinales— no es raro encontrar preparaciones sencillas como los cargols a la llauna, muy extendidos en buena parte de Catalunya.
A lo largo del año también se organizan ferias y actividades culturales promovidas por entidades locales, generalmente en plazas y espacios públicos del municipio.
Cómo llegar y orientarse
Montcada i Reixac está integrada en la red de cercanías ferroviarias de Barcelona y cuenta con varias estaciones dentro del término municipal. En coche se accede fácilmente desde las vías rápidas que conectan la capital con el Vallès.
Para una visita tranquila, basta con combinar el paseo por el núcleo antiguo con alguna caminata corta hacia la Serralada de Marina o siguiendo el antiguo trazado del Rec Comtal. No es un lugar de grandes monumentos; tiene más interés si se mira como parte de la historia urbana y industrial que rodea Barcelona.