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sobre Rellinars
Pequeño municipio rural en el parque de Sant Llorenç con cultivos de piedra seca
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Hay pueblos a los que llegas por un plan claro. Y luego están los que aparecen porque te has desviado un poco de la ruta o porque alguien te dijo “pásate por ahí si te gusta caminar”. El turismo en Rellinars se parece más a lo segundo. No es un sitio al que se vaya buscando grandes monumentos; es más bien ese tipo de lugar al que llegas, aparcas el coche, miras alrededor y piensas: vale, aquí se viene a bajar el ritmo.
Está en el Vallès Occidental, relativamente cerca de Barcelona, pero el ambiente cambia rápido. Pinos, encinas, caminos de tierra y ese silencio que solo se rompe cuando pasa algún ciclista o alguien sale a caminar con el perro.
Un pueblo pequeño, de los que se recorren en un rato
El núcleo de Rellinars es compacto. No hay demasiado misterio: unas pocas calles, casas bajas y la sensación de que todo está a dos minutos andando.
La iglesia de Sant Genís marca bastante el centro del pueblo. El origen es románico, aunque con reformas posteriores, algo bastante habitual en iglesias rurales de la zona. No es un edificio monumental, pero ayuda a entender la historia del lugar: durante siglos esto ha sido un pequeño núcleo agrícola más pendiente del campo que de llamar la atención.
Si vienes, no esperes un casco antiguo lleno de rincones fotogénicos cada diez metros. Aquí la gracia está más en el entorno que en el propio pueblo.
Els Castellets y el paisaje del Parc Natural
Alrededor de Rellinars empieza a notarse uno de los rasgos del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac: esas formaciones rocosas irregulares que aparecen entre los bosques. Algunas, como las conocidas como els Castellets, parecen torres de piedra desgastadas por el tiempo.
Es un paisaje muy del interior de Cataluña: pinares, encinares y roca conglomerada que se deshace en formas raras. Si te gusta caminar, enseguida encuentras senderos que salen del propio pueblo o de sus alrededores.
No es raro cruzarse con masías dispersas entre los caminos. Muchas siguen habitadas y otras simplemente quedan ahí, como recordatorio de cuando esta zona tenía mucha más vida agrícola.
Rutas hacia La Mola
Desde el entorno de Rellinars también salen caminos que conectan con rutas más largas dentro del parque. Una de las más conocidas es la que lleva hacia La Mola, la montaña que domina todo el macizo.
Arriba está el antiguo monasterio de Sant Llorenç del Munt, un edificio románico bastante sobrio que hoy funciona más como referencia del paisaje que como monumento aislado. En días claros las vistas se abren hacia el Vallès y, según cómo esté la atmósfera, incluso más allá.
Subir requiere caminar un buen rato y algo de desnivel, pero es una de esas rutas que mucha gente repite porque el terreno es variado y el paisaje va cambiando bastante.
Senderismo, bici y algo de roca
El entorno de Rellinars funciona bien para moverse al aire libre sin demasiada planificación.
Los senderistas tienen varios caminos que se internan en el parque natural. Algunos siguen antiguas pistas forestales y otros se vuelven más estrechos a medida que se adentran en el bosque.
La bicicleta de montaña también es habitual por aquí. Las pistas enlazan diferentes zonas del macizo y permiten hacer rutas largas sin necesidad de tocar demasiada carretera. Eso sí, cuando llueve el terreno puede ponerse traicionero: la mezcla de roca y tierra compacta resbala más de lo que parece.
En algunas paredes del parque también se practica escalada. Hay sectores conocidos entre quienes escalan, aunque en ciertas épocas existen restricciones para proteger la fauna, sobre todo aves que nidifican en los cortados.
Un sitio para parar un poco
Rellinars no intenta competir con pueblos más conocidos de la zona. Y casi mejor así. Es más bien ese lugar al que vienes a caminar un rato, sentarte un momento en la plaza y seguir luego hacia el parque natural.
Si te gustan los sitios tranquilos y el paisaje de Sant Llorenç del Munt, encaja bien como punto de partida o como parada corta. A veces no hace falta mucho más que eso.