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sobre Canovelles
Municipio con un gran mercado semanal y una iglesia románica destacada
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El primer documento que menciona Canovelles tiene más de mil años y se firmó en el monasterio de Sant Cugat. En él aparece un tal Guitard que cedía unas tierras al monasterio a cambio de protección. No era un gesto desinteresado: el siglo XI fue un periodo inestable en esta parte del Vallès y ponerse bajo la tutela de una institución poderosa tenía un precio. El acta, fechada en 1008, es la primera prueba escrita del lugar, aunque el asentamiento seguramente llevaba tiempo existiendo.
Entre el neolítico y el mundo romano
Mucho antes de ese documento medieval, la zona ya estaba ocupada. En el entorno de Ca N'Amell se han localizado restos de un poblado neolítico que indican que la llanura del Congost era fértil y fácil de trabajar. No sorprende: es un terreno abierto, con agua cerca y buenos suelos para el cultivo.
Siglos más tarde, también los romanos dejaron señales de su paso. Han aparecido fragmentos de cerámica, alguna moneda y una lápida dedicada a L. Porcius Partevius que, según suele explicarse, terminó reutilizada en el ábside de la iglesia. Es un ejemplo bastante habitual: muchas piezas romanas acabaron integradas en edificios medievales cuando dejaron de tener su función original.
La iglesia alrededor de la que creció el pueblo
Sant Feliu de Canovelles ayuda a entender cómo se organizaba el territorio en la Edad Media. La iglesia se levantó en la segunda mitad del siglo XI, en pleno desarrollo del románico en Cataluña. Del edificio original se conserva el ábside semicircular, con la decoración de arcos lombardos característica de ese momento.
La portada occidental parece posterior, probablemente de un siglo más tarde. La presencia de arquivoltas esculpidas indica una reforma que buscaba darle mayor presencia al acceso principal. Como ocurre en muchos pueblos del Vallès, la iglesia no solo era un lugar de culto: también marcaba el centro de la comunidad y el punto alrededor del cual se fue organizando el caserío.
Con el tiempo, el entorno pasó de una economía básicamente agrícola a una realidad más industrial y urbana. Aun así, el edificio sigue funcionando como referencia histórica del núcleo antiguo.
El llamado “Oliver”
Muy cerca de la iglesia se han encontrado restos de una domus medieval fortificada que en el pueblo se conoce como el Oliver. No se trataba exactamente de un castillo, sino de una residencia señorial con elementos defensivos: torre, patio interior y un recinto que delimitaba la propiedad.
Este tipo de casas fortificadas fueron relativamente comunes en la Cataluña medieval. No siempre pertenecían a grandes linajes; a veces eran la residencia de familias con suficiente poder económico y vínculos con instituciones eclesiásticas cercanas, como los monasterios del Vallès. Las excavaciones permiten intuir cómo funcionaba ese pequeño centro de poder local ligado a la explotación agrícola del entorno.
Un núcleo que sigue teniendo vida propia
Canovelles no se ha quedado congelado en el pasado. Con una población que ronda los dieciocho mil habitantes, forma parte del continuo urbano del Vallès Oriental y mantiene una actividad diaria intensa.
Aun así, en algunas calles del centro todavía se reconocen rasgos del antiguo pueblo agrícola: casas bajas con patio, calles pensadas para el paso de carros y una plaza donde tradicionalmente se celebra el mercado semanal. Ese mercado sigue siendo uno de los momentos en que el municipio se entiende mejor, porque mezcla vecinos de siempre con gente que llega de los alrededores.
Cómo acercarse y recorrerlo
Canovelles está junto a Granollers y se llega fácilmente por la C‑17. También se puede llegar en transporte público a Granollers y continuar en autobús.
El núcleo histórico se recorre en poco tiempo. La visita suele empezar en la iglesia de Sant Feliu; si te interesa la historia local, merece la pena fijarse en los detalles del ábside y en los elementos reutilizados en la fábrica del edificio. Desde allí se puede caminar hasta la zona donde aparecieron los restos del Oliver.
Las excavaciones de Ca N'Amell no siempre son visitables, aunque en ocasiones se organizan actividades o visitas cuando hay trabajos arqueológicos en marcha. Si no coinciden, un paseo por los caminos de la llanura del Congost ayuda a entender el paisaje agrícola que durante siglos sostuvo al pueblo y alimentó el mercado semanal que todavía hoy sigue marcando el ritmo de la semana.