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sobre Figaró-Montmany
Pueblo en el valle del Congost con torres modernistas y acceso al Montseny
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En las estribaciones del Montseny, donde las montañas del prelitoral catalán comienzan a alzarse con personalidad propia, se encuentra Figaró-Montmany, un municipio de poco más de mil habitantes que conserva intacto el encanto de la Cataluña rural. A 330 metros de altitud, este pequeño pueblo del Vallès Oriental ofrece ese equilibrio perfecto entre la tranquilidad del interior y la proximidad a Barcelona, situada a apenas 45 kilómetros.
El territorio municipal, resultado de la unión de los antiguos núcleos de Figaró y Montmany, se extiende por un paisaje de suaves colinas cubiertas de bosques de encinas y pinos, donde las masías tradicionales salpican el horizonte como testigos silenciosos de siglos de vida rural. Es un destino ideal para quienes buscan desconectar sin alejarse demasiado de la ciudad, donde el silencio solo se rompe por el canto de los pájaros y el murmullo del viento entre los árboles.
Lo que hace especial a Figaró-Montmany es precisamente su autenticidad. Aquí no encontrarás masificación turística ni grandes atracciones comerciales, sino la posibilidad de experimentar la Cataluña interior tal como la viven sus habitantes: con calma, arraigada a la tierra y profundamente conectada con la naturaleza circundante.
Qué ver en Figaró-Montmany
El patrimonio arquitectónico de Figaró-Montmany se concentra principalmente en sus iglesias parroquiales y en las numerosas masías que jalonan el término municipal. La iglesia de Sant Cristòfol de Figaró, de origen románico aunque muy transformada a lo largo de los siglos, ocupa un lugar central en el núcleo de Figaró. Su sencilla estructura refleja la austeridad característica de las construcciones rurales catalanas.
En Montmany, la iglesia parroquial de Sant Julià destaca por su ubicación privilegiada y su campanario, visible desde varios puntos del municipio. Ambos templos conservan elementos que narran la historia religiosa y social de estas tierras.
Pero el verdadero patrimonio de Figaró-Montmany son sus masías catalanas, construcciones tradicionales que se distribuyen por todo el territorio. Aunque la mayoría son propiedades privadas, su presencia en el paisaje permite comprender cómo era la vida rural en el Vallès Oriental. Algunas de estas masías se remontan a los siglos XVII y XVIII, con sus características fachadas de piedra y tejados de teja árabe.
El entorno natural es, sin duda, el gran protagonista. El municipio forma parte del área de influencia del Parque Natural del Montseny, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Los bosques mediterráneos y las zonas de montaña media crean un mosaico de ecosistemas ideal para los amantes de la naturaleza.
Qué hacer
Figaró-Montmany es un paraíso para los aficionados al senderismo y las actividades en la naturaleza. Varias rutas de diferente dificultad atraviesan el municipio, conectando con la extensa red de caminos del Montseny. Una de las más populares conduce hasta puntos panorámicos desde donde contemplar toda la comarca del Vallès Oriental, con vistas que en días despejados alcanzan hasta el Mediterráneo.
El cicloturismo y la BTT encuentran aquí terreno ideal, con caminos rurales y pistas forestales que serpentean entre bosques y campos de cultivo. La orografía suave del municipio permite rutas accesibles para todos los niveles.
Para los interesados en la observación de aves, los bosques y campos de Figaró-Montmany albergan una rica avifauna mediterránea. Rapaces, pájaros forestales y especies propias de zonas agrícolas conviven en este territorio de transición.
La gastronomía local se basa en los productos de la tierra. Aunque el municipio no cuenta con una gran oferta de restauración, las poblaciones cercanas ofrecen cocina tradicional catalana donde degustar platos de temporada, embutidos artesanales y la célebre mongeta del ganxet, legumbre típica de la zona.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Figaró-Montmany mantiene vivas las tradiciones populares catalanas. La Fiesta Mayor de Figaró se celebra a finales de agosto en honor a Sant Cristòfol, con actividades que incluyen sardanas, habaneras y los tradicionales castellers si las collas visitan el pueblo.
En Montmany, la celebración principal tiene lugar a mediados de septiembre, coincidiendo con la festividad de Sant Julià. Ambas fiestas mayores recuperan el espíritu comunitario con verbenas populares, comidas de hermandad y actividades para todas las edades.
Las celebraciones de Sant Joan, la noche del 23 de junio, mantienen su carácter mágico en este entorno rural, con hogueras y tradiciones vinculadas al solsticio de verano.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, se accede a Figaró-Montmany por la C-17 (Eix del Congost) en dirección a Vic. Tras unos 40 kilómetros, se toma el desvío hacia el municipio. El trayecto dura aproximadamente 45 minutos en coche. También es posible llegar en transporte público mediante autobuses interurbanos desde Barcelona y poblaciones cercanas como Granollers.
Mejor época: Aunque Figaró-Montmany es visitable todo el año, la primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-noviembre) son especialmente recomendables. En primavera, los bosques se llenan de vida y color; en otoño, la paleta cromática de los árboles caducifolios y las temperaturas suaves invitan a caminar.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar y ropa adecuada si planeas rutas de senderismo. El pueblo no dispone de grandes comercios, por lo que conviene prever lo necesario. Respeta el entorno natural y las propiedades privadas, especialmente las masías habitadas.