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sobre Figaró-Montmany
Pueblo en el valle del Congost con torres modernistas y acceso al Montseny
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El paso natural del Congost explica muchas cosas de este lugar. El río ha abierto aquí un corredor estrecho entre montañas que durante siglos fue una de las vías más directas entre la llanura del Vallès y la Plana de Vic. Hoy el municipio es pequeño —apenas supera el millar de habitantes—, pero el turismo en Figaró-Montmany suele empezar entendiendo esa geografía: un valle encajado, bosques que suben rápido por las laderas y un pueblo que creció al borde del camino histórico.
Durante buena parte de la Edad Media el protagonismo lo tuvo Montmany. La parroquia de Sant Julià aparece documentada en época medieval y organizaba un territorio disperso de masías y pequeños cultivos. El actual núcleo del Figaró, en cambio, creció más tarde, ligado al paso por el Congost y a las comunicaciones entre Barcelona y el interior. Esa diferencia todavía se percibe en el paisaje: un núcleo lineal en el fondo del valle y, más arriba, la iglesia antigua dominando las laderas.
Dos núcleos con historias distintas
La iglesia de Sant Julià de Montmany se levanta en una posición visible desde distintos puntos del valle. El edificio actual responde a reformas posteriores, pero mantiene la lógica de muchas parroquias rurales medievales: una iglesia que articula un territorio de masías dispersas. Desde aquí se entiende bien la relación entre relieve, caminos y poblamiento.
El núcleo del Figaró se desarrolló mucho más tarde. El paso por el Congost fue siempre transitado, pero el crecimiento real llegó con las mejoras en las comunicaciones de los siglos XIX y XX. La llegada del ferrocarril a la línea que conecta Barcelona con el interior favoreció la aparición de segundas residencias y veraneantes de la capital. Aun así, el pueblo nunca dejó de tener una escala pequeña.
La iglesia de Sant Cristòfol, en el centro del núcleo actual, refleja esa evolución. No es un gran edificio monumental. Ha sufrido reformas y ampliaciones con el tiempo, algo habitual en parroquias que acompañan el crecimiento del pueblo.
Masías y paisaje en las laderas del Montseny
Alrededor del valle aparecen masías repartidas por las laderas. Muchas conservan estructuras que pueden remontarse a los siglos XVII y XVIII, aunque casi todas han sido adaptadas con el tiempo. Formaban parte de una economía basada en cultivos de secano, pequeños huertos y algo de ganado.
El mosaico agrícola se ha ido cerrando en muchos puntos. Los bosques de encina y pino han ganado terreno. Aun así, todavía se perciben bancales y antiguos campos cuando se camina por los senderos que suben desde el fondo del valle.
Parte del término municipal queda dentro del ámbito del Parque Natural del Montseny, un espacio protegido que también tiene reconocimiento internacional como reserva de la biosfera. La transición entre paisaje mediterráneo y montaña media se aprecia bien en esta zona.
Caminos hacia el Montseny
Desde el pueblo salen varios caminos que ascienden hacia las laderas del Montseny. Algunos siguen trazados antiguos utilizados por las masías para comunicarse entre sí o bajar al valle. Otros conectan con itinerarios más largos dentro del parque natural.
Las pendientes aparecen pronto. El valle del Congost es estrecho y obliga a subir en poco espacio. A cambio, en algunos puntos altos se abre la vista sobre el propio valle y las montañas que lo rodean.
Con bicicleta de montaña ocurre algo parecido. Hay pistas forestales que permiten recorrer la zona, aunque el desnivel marca bastante el ritmo.
Antes de ir
Figaró-Montmany se recorre rápido. El interés está en caminar un poco fuera del núcleo y entender cómo el valle organiza el territorio. Si se mira con calma, todavía se distinguen las capas de su historia: la parroquia medieval en la altura, el crecimiento ligado al paso del Congost y las masías que ocupan las laderas desde hace siglos.