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sobre Gualba
Municipio a los pies del Montseny conocido por su parque medioambiental y saltos de agua
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Llegué a Gualba un domingo temprano, con las botas todavía manchadas de barro de una caminata del día anterior. Es curioso: en fotos el pueblo pasa bastante desapercibido, pero cuando estás allí cambia la cosa. Es de esos sitios que no llaman desde lejos, pero cuando bajas del coche y das dos pasos empiezas a entenderlo.
El turismo en Gualba gira alrededor de algo muy sencillo: estar a la puerta del Montseny. El pueblo no intenta impresionar. Está ahí, tranquilo, pegado a la montaña, con ese aire de lugar donde la vida diaria sigue su ritmo.
Un pueblo pequeño al pie del Montseny
Gualba está en las primeras laderas del Montseny, en el Vallès Oriental. Viven aquí algo menos de dos mil personas. El núcleo es compacto, con calles cortas y algunas casas antiguas mezcladas con construcciones más recientes.
No es un sitio lleno de monumentos. La referencia más clara es la iglesia de Sant Miquel de Celrà, que suele situarse en época románica, probablemente entre los siglos XII y XIII. Piedra gruesa, muros sobrios y ese aspecto de edificio que ha visto pasar bastantes inviernos.
El centro se recorre rápido. En veinte o treinta minutos ya tienes una idea del pueblo. Lo interesante empieza cuando sales un poco hacia los caminos que lo rodean.
Masías, campos y caminos alrededor del pueblo
En cuanto te alejas unas calles aparecen las masías. Algunas siguen habitadas o vinculadas a actividades agrícolas. Otras quedan medio escondidas entre árboles y campos.
Ese paisaje explica bastante bien cómo ha funcionado la zona durante generaciones. Casas dispersas, huertos, pequeños caminos rurales que conectan todo y mucho bosque alrededor. No es raro cruzarse con tractores o con vecinos que van andando de una finca a otra.
Si vienes esperando un casco histórico monumental, no es ese tipo de sitio. Pero si te gusta mirar cómo se organiza un territorio rural de verdad, aquí hay bastante que observar.
Bosques y fuentes en la puerta del parque natural
Gran parte del término municipal toca el Parque Natural del Montseny, declarado Reserva de la Biosfera. Eso se nota enseguida en el paisaje.
Los bosques mezclan castaños, robles y encinas. Algunos castaños son enormes; muchos llevan décadas, quizá siglos, creciendo en estas laderas. En otoño el suelo se llena de hojas y castañas. En primavera todo se vuelve más húmedo y verde.
También aparecen bastantes fuentes y pequeños torrentes. La Font de la Teula suele ser una parada habitual para quien camina por la zona. No tiene nada monumental: agua fresca, sombra y un banco donde parar un momento. Algo parecido pasa con la Font dels Monjos o la Font Fresca, puntos conocidos por la gente del pueblo para estirar las piernas.
Caminar o pedalear por el entorno
Moverse por aquí suele ser bastante sencillo. Desde el mismo pueblo salen caminos señalizados que se adentran en el Montseny o suben hacia collados cercanos.
Algunas rutas son suaves, pistas forestales anchas donde puedes caminar sin complicaciones. Otras ya tienen más desnivel. Si llueve, conviene ir con cuidado porque la piedra y la tierra se vuelven resbaladizas.
Las bicicletas de montaña también aparecen mucho por la zona. Hay pistas largas entre bosque donde se rueda bien, mezcladas con tramos que obligan a apretar un poco más las piernas.
Mientras caminas es fácil ver movimiento entre los árboles. Ardillas, pájaros y, con algo de suerte o paciencia, algún jabalí a lo lejos. Aquí la fauna sigue bastante presente, así que toca moverse con respeto y sin hacer demasiado ruido.
Si solo tienes unas horas en Gualba
Cuando alguien me pregunta qué hacer en Gualba en poco tiempo, suelo decir lo mismo: paseo corto por el pueblo y luego salir hacia el bosque.
La calle Major atraviesa buena parte del núcleo. Desde ahí puedes acercarte a la zona donde el torrente baja hacia el Tordera y seguir algún camino cercano. En pocos minutos ya estás rodeado de árboles.
Si tienes más tiempo, entonces sí compensa alargar la caminata hacia los senderos del Montseny o enlazar caminos que van en dirección a Sant Celoni. No hace falta organizar nada complicado. Basta con seguir las pistas y ver hasta dónde te apetece llegar.
Gualba funciona así. No es un lugar que te abrume con cosas que ver. Más bien te invita a moverte un poco, a pisar tierra y a escuchar el bosque. Y, oye, a veces eso es justo lo que uno buscaba sin saberlo.