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sobre Les Franqueses del Vallès
Municipio formado por varios núcleos con patrimonio románico y actividad agrícola
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Los mapas mienten. O mejor dicho, no cuentan toda la verdad. Buscas turismo en Les Franqueses del Vallès y parece un punto cualquiera entre Granollers y la autopista, pero cuando estás allí descubres que funciona más bien como un menú de varios platos: Bellavista, Corró d'Avall, Corró d'Amunt, Llerona y Marata. Cada uno con su carácter, y lo bastante distintos como para preguntarte si de verdad siguen siendo el mismo municipio.
El pueblo que se perdió en el centro comercial
La primera vez que vine fue por error. Había quedado con un amigo en Granollers, me pasé de salida y acabé en Bellavista. Te juro que pensé que era un barrio nuevo de la ciudad: mismos bloques, mismos bancos, mismas tiendas. Hasta que vi un tractor aparcando entre dos SUVs. Ese momento de disonancia cognitiva resume bastante bien Les Franqueses: urbanización dormitorio que todavía guarda huellas claras de cuando todo esto era campo.
Luego te metes por Llerona y cambia el paisaje. Allí está la villa romana, asociada muchas veces con la antigua Lauro ibérica. No esperes Pompeya: quedan muros, algunas piezas y bastante terreno abierto donde tienes que poner algo de imaginación. Normalmente se puede visitar sin demasiadas complicaciones y, para lo cerca que está de zonas industriales y carreteras, el contraste tiene su gracia.
Cuando el Paleolítico se cruza con el polígono
La cosa se vuelve curiosa cuando descubres que cerca de Can Màrgens —una masía de las que parecen sacadas de un calendario rural— hay restos del Paleolítico inferior. Se habla de más de 500.000 años de presencia humana en la zona. Y a pocos minutos ves naves industriales y parkings de grandes superficies de bricolaje.
Es ese tipo de mezcla que define bastante bien el Vallès: capas de historia superpuestas sin demasiado drama.
La ruta verde (unos 16 km si la haces entera) conecta varios de estos puntos. Vas caminando entre campos y caminos anchos y, de repente, aparece la Torre de Seva. Es un edificio raro en el buen sentido: parte fortaleza, parte casa señorial, con añadidos de distintas épocas. Ventanas góticas, otras renacentistas, reformas posteriores… parece el resultado de siglos de reformas sin un plano único. A mí me resultó curiosa precisamente por eso.
La mongeta que cambió mi opinión sobre las legumbres
Confieso que siempre he sido más de butifarra que de mongetes. Pero aquí hay una judía, la del ganxet, que tiene forma de pequeño gancho y un sabor mucho más suave de lo que esperas de una legumbre. Me recordó un poco a la castaña, pero más ligera.
Tiene denominación de origen en esta zona del Vallès y del Maresme, y se nota que la gente la cuida. En mercados semanales todavía es fácil ver puestos donde la venden en bolsas sencillas, sin demasiada historia alrededor.
El clásico butifarra amb mongetes aquí se toma muy en serio. La butifarra suele ser gruesa y jugosa, y las judías quedan tan tiernas que casi parecen mantequilla. Recuerdo comerlo en una comida popular de Corró d'Avall y repetir más de lo razonable. El hombre que servía las raciones me miró con media sonrisa cuando pedí la tercera: “T’ha agradat, eh?”. Pues sí.
La fiesta donde bailan como si se sacudieran el polvo
En septiembre, Corró d'Avall celebra su fiesta mayor y aparece el Ball de l'Espolsada. Si nunca lo has visto, cuesta explicarlo: parejas que bailan mientras se dan pequeños golpecitos en la espalda, como si se estuvieran sacudiendo el polvo de la ropa.
La música se parece mucho a la de Castellterçol, lo que recuerda que muchas tradiciones se movían de pueblo en pueblo mucho antes de que existiera internet.
Lo mejor es que no hay demasiado teatro alrededor. Si estás allí cuando arranca el baile, lo ves. Y si te quedas el rato suficiente, acabas metido en la rueda aunque no tengas ni idea de los pasos. A mí me pasó: terminé con la camiseta llena de marcas de manos y riéndome como un crío.
Cómo perderse (y encontrarse) en cinco pueblos
El truco de Les Franqueses es no quedarse con la primera impresión. Sí, hay polígonos industriales. Sí, Bellavista podría confundirse con muchas urbanizaciones del área metropolitana.
Pero luego aparece la iglesia románica de Santa Coloma de Marata, tranquila y sin demasiada gente alrededor. O el olivo milenario de la ruta de los árboles singulares, con un tronco retorcido que parece haber visto pasar medio milenio de historias.
Si te apetece una vista general, sube al turó de les Mentides al atardecer. El nombre ya despierta curiosidad. Desde arriba se entiende mejor el municipio: los cinco núcleos separados, los campos entre medias, el Montseny cerrando el horizonte. Durante unos minutos todo encaja bastante bien.
Consejo de amigo
No vengas con prisa. Les Franqueses no funciona como esos sitios donde haces tres fotos y sigues ruta. Aquí lo interesante está en ir saltando de un núcleo a otro, pasear un rato, sentarte en una terraza cualquiera y ver cómo pasa la tarde.
Y si algún vecino te menciona una calçotada en Marata, no lo pienses demasiado. Los domingos por aquí suelen oler a humo de parrilla y a sobremesa larga. A veces viajar también va de eso.