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sobre Lliçà de Vall
Localidad del valle del Tenes con zonas industriales y residenciales
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Turismo en Lliçà de Vall es, sobre todo, parar un rato y seguir. Suele haber sitio para aparcar cerca del centro, alrededor de la plaza. Deja el coche ahí y muévete andando. El núcleo no es grande: en media hora lo tienes visto.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia de Sant Cristòfol queda en la parte alta. Tiene origen románico, aunque lo que se ve hoy es una mezcla de reformas posteriores. Si está abierta, la visita es rápida.
A pocos minutos andando está la casa fuerte de Can Coll. La torre, bastante alta, se reconoce enseguida desde la carretera. No se puede visitar. Se ve desde fuera y ya.
El supuesto castillo es básicamente restos de muro y un panel que explica lo que hubo allí. Si vienes siguiendo castillos del Vallès, este es prescindible. La subida no compensa demasiado.
El camino que sí tiene sentido
El Camí dels Monjos baja hacia el monasterio de Sant Miquel del Fai. Son varios kilómetros por pista forestal, con pendiente suave casi todo el tiempo. Lleva agua: hay tramos sin sombra.
Sant Miquel del Fai está colgado de un acantilado, con la cascada debajo cuando baja agua. Ese sí merece el desvío.
Para volver, lo habitual es bajar hasta la zona de Sant Feliu de Codines o moverse en transporte público pasando por Granollers. Conviene mirar horarios antes de salir porque no hay demasiadas frecuencias.
Comer sin complicaciones
En el pueblo se ven cosas bastante típicas de la zona. La coca de recapte aparece algunos fines de semana en panaderías: masa de pan con escalivada y carne o embutido. Recién hecha funciona.
Los canelones de Sant Esteve son tradición de muchas casas por aquí, con los restos de Navidad. Eso se come en familia. Si estás de paso, es raro que los veas.
En Pascua suele aparecer la mona: pan dulce con huevos duros o chocolate. Los críos la desmontan antes de comerla.
Fiesta mayor y otros días movidos
La fiesta mayor suele caer a principios de julio. Montan escenario, atracciones y actividades en la plaza y alrededores. Algunos actos se coordinan con el municipio vecino, Lliçà d'Amunt.
La noche de Sant Joan se enciende la hoguera en un descampado del pueblo y la gente baja con mesas plegables, coca y petardos.
El 23 de abril, Sant Jordi, aparecen paradas de libros y rosas en las calles del centro. Ambiente tranquilo.
Cómo llegar y cuándo ir
La forma más directa es subir por la C‑17 y enlazar con la carretera local que entra al pueblo. Desde Granollers se tarda poco.
Primavera suele ser el momento más agradecido: campos verdes alrededor y temperaturas suaves. En otoño también se está bien si el tiempo acompaña.
En agosto el ritmo baja bastante. Muchas persianas cerradas y poco movimiento.
Consejo final: Lliçà de Vall funciona mejor como parada corta o como base para moverse por el Vallès Oriental. Si vienes, dedica el tiempo a caminar hacia Sant Miquel del Fai o a recorrer los caminos de alrededor. El pueblo, por sí solo, se ve rápido.