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sobre Montmeló
Mundialmente conocido por albergar el Circuito de Barcelona-Cataluña
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El primer documento que menciona Montmeló suele situarse en el año 945. En él aparece un tal Radulf, juez de Montis Molonis, que cede tierras al monasterio de Sant Pere de les Puelles. Mil años después, el nombre del pueblo aparece en los informativos de medio mundo cuando los monoplazas de Fórmula 1 ruedan en el Circuit de Barcelona‑Catalunya. Entre esos dos extremos hay un municipio pequeño del Vallès Oriental donde todavía se leen varias capas de historia: restos romanos en las colinas cercanas, ermitas medievales y un paisaje que durante siglos fue zona de paso entre Barcelona y Girona.
De los asentamientos romanos al Circuit
En la colina de Can Tacó, a poca distancia del núcleo urbano, se conservan restos de un establecimiento romano de época republicana. Quedan tramos de muralla, cisternas excavadas para recoger el agua de la ladera y fragmentos de pintura mural geométrica que aparecieron durante las excavaciones. El lugar domina el corredor natural del Vallès; esa posición explica su función de control del paso entre la costa y el interior.
En el entorno también se han documentado restos de explotaciones agrícolas romanas, como en la zona de Can Massot, donde aparecieron elementos constructivos y materiales que apuntan a una villa vinculada al cultivo y al comercio en la antigua vía que conectaba Barcino con el interior. Hoy varios de estos puntos se enlazan mediante itinerarios señalizados que recorren las colinas bajas que rodean el pueblo.
La presencia contemporánea que más ha marcado la imagen de Montmeló es, claro, el Circuit de Barcelona‑Catalunya. El trazado funciona desde comienzos de los años noventa y acoge grandes competiciones de motor. Durante esos fines de semana el municipio cambia de escala: llegan aficionados de muchos países y el ruido de los motores se oye desde buena parte del casco urbano cuando el viento sopla hacia el pueblo. El resto del año la instalación sigue activa con entrenamientos y pruebas.
Lo que queda del pueblo antiguo
El núcleo histórico de Montmeló es pequeño y se recorre caminando sin dificultad. La iglesia parroquial de Santa Eulàlia ocupa el centro del pueblo; el edificio actual es resultado de reconstrucciones posteriores a la Guerra Civil. Cerca se levanta el ayuntamiento, construido a finales de los años veinte, cuando el crecimiento industrial del Vallès empezaba a transformar muchos pueblos agrícolas.
El trazado urbano no es especialmente monumental, pero conserva calles estrechas y casas de dos o tres plantas que recuerdan el antiguo carácter agrícola del municipio. Hasta bien entrado el siglo XX el paisaje inmediato estaba dominado por viñas y frutales; hoy convive con polígonos industriales y con la proximidad constante de las infraestructuras del área metropolitana.
Cocina de casa y fines de semana largos
La cocina local pertenece al repertorio tradicional del Vallès. En muchas casas y hornos del pueblo se prepara coca salada con verduras asadas y embutidos, una combinación habitual en la comarca. Los caracoles a la llauna aparecen con frecuencia en reuniones familiares y comidas colectivas, sobre todo en los meses fríos, cuando también se celebran calçotadas en masías y patios.
En repostería siguen siendo comunes los bizcochos sencillos de almendra o limón, heredados de una cocina doméstica que aprovechaba lo que daban los huertos y los frutales de la zona.
Fiestas y calendario local
El calendario festivo gira en torno a las celebraciones tradicionales del municipio. La fiesta mayor vinculada a Sant Sebastià se celebra en enero y reúne actividades populares, música y bailes en la plaza. Es una de esas fechas en las que vuelven vecinos que ahora viven en otras ciudades cercanas.
En primavera suele organizarse una feria de inspiración andaluza en el entorno del Circuit, con casetas y música. En otoño se celebra una carrera popular que atraviesa distintos puntos del término municipal y mezcla tramos urbanos con caminos agrícolas.
Cómo llegar y qué ver en los alrededores
Montmeló está conectado con Barcelona por la línea de Rodalies que atraviesa el corredor del Vallès; el trayecto en tren ronda la media hora. En coche se llega por la C‑17 o por las carreteras que enlazan con Granollers y Montornès.
El casco urbano se visita rápido, así que tiene sentido acercarse a los caminos de la Serra de la Conreria. Desde allí salen rutas sencillas que suben hacia pequeñas ermitas y miradores naturales sobre el Vallès. En días claros se entiende bien la lógica del lugar: un paso natural entre sierras donde, desde época romana hasta hoy, casi todo el mundo ha estado de paso. Montmeló ha crecido precisamente en ese cruce.