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sobre Montseny
Pueblo que da nombre al macizo y parque natural ideal para el excursionismo
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El turismo en Montseny se entiende mejor si se parte de su situación: un pequeño municipio situado dentro del Parque Natural del Montseny, en la vertiente del Vallès Oriental, a algo más de quinientos metros de altitud. Aquí viven menos de cuatrocientas personas y el término municipal está prácticamente absorbido por el bosque. Hayedos, robledales y torrentes dibujan un paisaje que cambia mucho entre estaciones, y ese ritmo natural sigue marcando la vida cotidiana.
A diferencia de muchos pueblos de la comarca, Montseny no se organiza alrededor de una plaza clara ni de un casco compacto. El poblamiento ha sido históricamente disperso: masías, casas aisladas y pequeños agrupamientos ligados a la tierra y al ganado. Esa estructura todavía se percibe al recorrer el municipio. Se llega por carreteras estrechas que serpentean entre pinos, castaños y encinas, y el propio trazado obliga a conducir despacio.
La huella del pasado en el paisaje
El pequeño núcleo donde se encuentra la iglesia de Sant Julià del Montseny funciona como referencia territorial. El edificio es de origen románico, aunque ha pasado por reformas posteriores que han modificado parte de su aspecto. Su arquitectura es sobria, de piedra y con aberturas pequeñas, algo habitual en construcciones de montaña expuestas a inviernos duros. Más que un gran monumento, la iglesia cumple una función de orientación en un territorio donde las casas aparecen dispersas.
El municipio se integra por completo en el Parque Natural del Montseny, protegido desde finales de los años setenta y reconocido como Reserva de la Biosfera. La montaña cambia mucho según la altitud: encinar mediterráneo en cotas más bajas, robledales en zonas intermedias y hayedos en las partes altas. Esa transición se aprecia con claridad cuando se recorren las carreteras o los senderos que suben hacia las cumbres.
Uno de los hayedos más conocidos es el de la zona de la Fageda del Vilar. En otoño el suelo queda cubierto de hojas y el bosque adquiere tonos ocres y rojizos que transforman por completo el paisaje. Es también la época en la que aumenta la presencia de excursionistas en todo el macizo.
Las masías dispersas por el término recuerdan la base agrícola y ganadera del lugar. Muchas siguen siendo viviendas o explotaciones activas; otras han cambiado de uso con el tiempo. En cualquier caso, la mayoría son propiedades privadas y se ven desde caminos o senderos, no se visitan.
El agua también forma parte del paisaje del Montseny. Torrentes, rieras y pequeñas fuentes atraviesan el municipio. La riera de Arbúcies pasa cerca y, en algunos puntos, forma pozas donde la gente se refresca cuando llega el calor. Conviene tener en cuenta que el caudal depende mucho de las lluvias y que algunas fuentes pueden quedarse secas en verano.
Caminar por el Montseny
Gran parte de quienes se acercan hasta aquí lo hacen para caminar. La red de senderos del parque permite recorridos cortos por el fondo de valle o ascensiones más exigentes hacia las cumbres del macizo. Entre las más conocidas están el Turó de l'Home y Les Agudes, que superan los 1.700 metros. Desde las partes altas, cuando el día está limpio, a veces se alcanza a ver el Mediterráneo.
El tiempo en la montaña cambia con rapidez, incluso en días que empiezan despejados. No es raro que la temperatura baje o que entre niebla en cotas altas, así que conviene ir preparado si se planea una ruta larga.
También hay pistas forestales por las que circulan bicicletas y, en algunos casos, vehículos autorizados. La convivencia entre usos obliga a prestar atención, sobre todo en cruces o descensos.
En otoño aparece otra actividad muy extendida: la búsqueda de setas. Rovellons, fredolics o ceps atraen a mucha gente a los bosques del Montseny. El parque establece normas para regular la recolección y evitar la presión excesiva sobre el entorno, algo que conviene revisar antes de salir al monte. Durante los fines de semana de buena meteorología, los accesos más conocidos pueden llenarse de coches.
Antes de ir
Montseny es pequeño y se recorre rápido si se limita uno al núcleo principal. La mayor parte del tiempo se pasa caminando por el entorno natural.
En fines de semana y en otoño el parque recibe mucha afluencia, por lo que el aparcamiento en los accesos más frecuentados puede complicarse. Entre semana el ambiente suele ser mucho más tranquilo.