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sobre Sant Esteve de Palautordera
Pueblo pintoresco a los pies del Montseny con castillo y ambiente cultural
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En el extremo oriental del Vallès, donde la llanura empieza a plegarse antes de entrar en el Montseny, aparece Sant Esteve de Palautordera. El turismo en Sant Esteve de Palautordera tiene mucho que ver con esa posición intermedia. No es todavía montaña, pero tampoco la plana agrícola continua que domina buena parte de la comarca. La carretera C‑35 pasa cerca y conecta rápido con Barcelona, mientras que hacia el norte el paisaje se vuelve más húmedo y boscoso.
El campanario de la parroquia marca el núcleo histórico. A su alrededor se formó el primer asentamiento estable, aunque el crecimiento del siglo XX acabó extendiendo el municipio hacia urbanizaciones dispersas por el llano.
La iglesia que aparece en los documentos más antiguos
La parroquia de Sant Esteve es la referencia más temprana del lugar. Ya se menciona en el año 862 en una donación del rey Carlos el Calvo al conde Sunyer I de Empúries. Eso no significa que el edificio actual sea tan antiguo. La fábrica visible hoy suele situarse a finales del siglo XI.
Del románico se conservan sobre todo los muros laterales con arcuaciones ciegas, un recurso bastante extendido en la arquitectura lombarda que llegó a Cataluña a través de cuadrillas de maestros de obra itinerantes. La planta es sencilla: una nave y un ábside semicircular.
Dentro hay un retablo barroco modesto. La advocación a San Esteban llama la atención porque no es la más habitual en esta zona del Vallès. Algunos historiadores lo relacionan con la órbita del monasterio de Sant Cugat, que recibió la villa de Palau en una bula papal de comienzos del siglo XI.
Dos castillos que vigilaban caminos distintos
A unos dos kilómetros del núcleo se encuentran los restos del Castell de Montclús. Está situado en una colina que controla el acceso natural hacia el interior del Montseny. El castillo se levantó en el siglo XII como residencia de los señores de Sesagudes.
Lo que queda hoy son sobre todo muros y parte de la torre. El terremoto de 1448 dañó gravemente la estructura y nunca volvió a recuperarse del todo. Aun así, las ruinas permiten entender la lógica del lugar: desde arriba se domina buena parte del Vallès y el corredor que conecta con la montaña.
En dirección opuesta está el Castell de Fluvià. Su función era distinta. Más que vigilar el paso hacia el macizo, controlaba la ruta que descendía hacia la costa.
Se documenta desde el siglo XII y en el XIV se reforzó con elementos defensivos como una torre de vigilancia y aspilleras. Con el tiempo se transformó en masía fortificada. Actualmente sigue teniendo uso residencial, por lo que normalmente solo se aprecia desde el exterior. Aun así, la estructura deja ver bien cómo una antigua fortaleza acabó adaptándose a la vida agrícola.
Un núcleo pequeño alrededor de la plaza
Sant Esteve no conserva un casco antiguo compacto como otros pueblos de la comarca. El crecimiento reciente dispersó bastante la población.
El centro histórico se concentra alrededor de la iglesia y de la plaza de la Vila. El edificio del ayuntamiento ocupa una casa del siglo XIX con algunos detalles modernistas tardíos, discretos pero reconocibles en la fachada.
En esta plaza suele celebrarse el Tast de Titelles, un festival de títeres bastante conocido en Cataluña. Tradicionalmente reúne compañías locales y europeas durante varios días de junio. Los escenarios se reparten por distintos rincones del pueblo y el ambiente es más de encuentro vecinal que de gran evento.
El Montseny como vecino inmediato
Muchos visitantes llegan a Sant Esteve porque está muy cerca del parque natural del Montseny. Desde el municipio salen carreteras y caminos que permiten entrar en el macizo sin recorrer largas distancias.
Uno de los paseos habituales es la subida al Castell de Montclús, combinada a veces con tramos de sendero que siguen rieras y zonas de bosque de ribera. Son recorridos sencillos y bastante frecuentados por gente de la comarca.
También pasa por el término la llamada ruta del Carrilet, que sigue el antiguo trazado de un pequeño ferrocarril industrial. El itinerario es llano y se utiliza sobre todo para caminar o ir en bicicleta entre campos agrícolas y zonas residenciales del Vallès oriental.
Cómo situarse en el pueblo
El núcleo alrededor de la iglesia se recorre rápido, en menos de una hora caminando con calma. La mayoría de desplazamientos por el municipio se hacen en coche, porque las urbanizaciones están bastante separadas entre sí.
Sant Esteve queda cerca de la C‑35, una vía habitual para acceder al Montseny desde el Vallès. También se puede llegar en tren hasta Llinars del Vallès y continuar por carretera. Las conexiones locales existen, aunque suelen ser limitadas.
Primavera y otoño suelen ser las estaciones más agradables para caminar por la zona. En verano mucha gente de Barcelona sube buscando algo más de fresco, mientras que en invierno, si el aire está claro, desde las colinas cercanas se distingue bien la silueta del Montseny.
Sant Esteve de Palautordera no vive de grandes monumentos. Funciona más bien como lugar de paso tranquilo entre la llanura del Vallès y el macizo. La historia aparece en detalles concretos —una iglesia románica, los restos de un castillo, una masía fortificada— y el resto lo pone el paisaje que empieza a cambiar justo aquí.