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sobre Sant Fost de Campsentelles
Municipio residencial en la serranía de Marina con bosques cercanos
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Hay pueblos que conoces porque alguien te habla de ellos. Y luego están los que aparecen cuando miras el mapa sin mucha fe. El turismo en Sant Fost de Campsentelles se parece más a lo segundo.
Está a un rato de Barcelona. Aun así, mucha gente pasa cerca y ni se entera. A mí me recuerda a esos bares de barrio que están llenos mientras el de la esquina sigue vacío. Algo tendrá.
El pueblo que sigue a su ritmo
Sant Fost de Campsentelles ronda los 9.000 habitantes. Es un tamaño cómodo. No es tan pequeño como para que todo el mundo se gire cuando llegas, pero tampoco tiene prisa por crecer.
Está en el Vallès Oriental. La autopista queda cerca. Aun así, el pueblo mantiene su propio ritmo. Casas bajas, calles tranquilas y vida bastante local.
El centro gira alrededor de la plaza de la Vila. Al fondo aparece la iglesia parroquial de Sant Fost. No impresiona por tamaño, pero guarda historia.
Dentro se conserva un fragmento de altar con inscripciones de los siglos X y XI. Algo así como una nota medieval que sigue allí mil años después. También queda una espadaña románica del siglo XII. Tiene dos arcos que miran al pueblo como si vigilaran la plaza.
La caminata a Sant Cebrià
Si vienes a Sant Fost, casi todo el mundo acaba subiendo a Sant Cebrià de Cabanyes. Es la excursión clásica de la zona.
La ruta suele empezar cerca de Can Donadéu. Son unos siete kilómetros entre ida y vuelta. El desnivel es suave. No hace falta ser montañero.
El camino pasa por el pou de glaç de Can Donadéu. Es un antiguo pozo de hielo del siglo XVIII. Aquí se guardaba nieve para venderla en verano. Hoy está restaurado. Cuando lo ves, piensas en la gente que subía cargada con hielo mucho antes que nosotros.
La ermita de Sant Cebrià aparece al final del camino. Está rodeada de campos abiertos. En días claros se alcanza a ver el Montseny.
El lugar aparece citado ya en el año 1001. Fue consagrado a finales del siglo XII. El retablo que tuvo en el siglo XV desapareció en el XIX. Años después terminó recuperado por el museo nacional de arte de Cataluña. Ahora está en Barcelona, lejos de la ermita donde nació.
Cuando el calendario mueve al pueblo
Sant Fost tiene vida todo el año. Aun así, las fiestas cambian el ambiente.
La Fiesta Mayor suele celebrarse a mediados de agosto. Durante esos días la plaza se llena por la noche. Hay música, bailes y actividades que organizan las entidades del pueblo. El ambiente recuerda a las verbenas de antes.
En diciembre llega el pessebre vivent. Los vecinos montan escenas del belén por distintas calles. Pastores, ángeles y oficios antiguos. No es el más grande de Cataluña, pero tiene algo cercano. Se nota que lo hacen porque forma parte del pueblo.
También se mantiene la romería a Sant Cebrià. Suele celebrarse el último domingo de mayo. La gente sube caminando hasta la ermita. Allí se hace una misa y luego aparece la comida compartida. Coca, vino y conversación larga.
Lo que se come por aquí
Sant Fost no gira alrededor de la gastronomía. No es ese tipo de lugar.
Pero si te quedas unos días verás tradiciones que siguen vivas. En Pascua aparecen las monas artesanas en las panaderías. Algunas aún llevan el huevo duro en medio, como antes.
En carnaval manda la coca de llardons. Masa dulce con trozos de panceta crujiente. Es más contundente de lo que parece.
Cuando llega Todos los Santos aparecen los panellets. Almendra, piñones y azúcar. Los de aquí suelen hacerse con producto cercano, como se ha hecho siempre en la zona.
No es un destino gastronómico. Es más bien el tipo de sitio donde te sacan algo de la cocina y te dicen: “come, que aún está caliente”.
Mi consejo de amigo
Sant Fost de Campsentelles no es un lugar al que vengas a tachar monumentos. Funciona mejor como escapada corta.
Ven con zapatillas cómodas. Sube a Sant Cebrià. Mira el paisaje un rato. Luego baja sin prisa y date una vuelta por el centro.
En media jornada lo tienes visto. Y eso no es una crítica. A veces un plan sencillo es justo lo que apetece. Un paseo, un poco de monte y un pueblo que sigue viviendo a su ritmo.