Vista de Vilanova del Camí, Cataluña
Josep Maria Armengol i Bas · Public domain
Cataluña · Mar, Montaña y Cultura

Vilanova del Camí

Municipio unido a Igualada con el parque fluvial del Anoia

12.936 habitantes · INE 2025
302m altitud

Qué ver y hacer
en Vilanova del Camí

Patrimonio

  • Parque Fluvial
  • Iglesia de San Hilario

Actividades

  • Paseos por el río
  • Ferias

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sobre Vilanova del Camí

Municipio unido a Igualada con el parque fluvial del Anoia

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Las ocho de la mañana en Vilanova del Camí huelen a pan recién hecho con notas de almendra tostada. Por la calle Major, las persianas metalicas de las pastelerías se levantan despacio y el aroma se mezcla con el fresco del río Anoia que corre detrás de los edificios. Es el momento en que los vilanovinos van a por el pan y los cafés, antes de que el pueblo despierte del todo y los coches comiencen a circular hacia Igualada.

El rastro de los molinos

Vilanova nació donde el agua permitía moler. Siglos antes de que existiera como municipio, los monjes de Sant Cugat ya aprovechaban la fuerza del Anoia para mover sus piedras. La ruta de los molinos —cinco kilómetros que empiezan en la plaza Major y se adentran por el margen derecho del río— todavía conserva los muros de contención de aquellas construcciones medievales. En otoño, cuando los plátanos del camino tiñen el sendero de amarillo, es fácil imaginar el trajín de carros cargados de grano que subían por el camino de Aragón.

El agua ha marcado la vida del pueblo de formas distintas. Después de la crisis textil del siglo XIX, que dejó Vilanova con menos de quinientos habitantes, fueron las yeseras —alimentadas por el ferrocarril— las que devolvieron el trabajo. La ruta industrial, más corta y menos romántica, pasa entre naves de ladrillo rojo y la estación donde aún paran los trenes de cercanías. En los muros de la antigua fábrica de yeso se puede leer "Can Roca" en letras desconchadas, como si el tiempo no hubiera decidido si borrar o conservar la memoria.

El sabor del calendario

En Vilanova, el año se mide en masa y almendra. Cuando octubre tiñe de naranja los campos de alrededor, las pastelerías sacan los primeros panellets. No son los mismos que en Barcelona: aquí llevan más almendra y menos azúcar, y la proporción secreta la guardan como quien custodia un testamento. El día de Todos los Santos, las abuelas envuelven todavía los dulces en papel de seda antes de llevarlos al cementerio.

La mona de Pascua tiene forma de bollo bajo y lleva los huevos enteros, sin pintar. Se come el lunes de Pascua en el campo, sentados en las bardas de las masías que rodean el pueblo. La coca de recapte —fina como una hostia, con escalivada o bacalao— sale por San Hilari, en agosto, cuando las calles se llenan de mesas compartidas y el aire huele a romero y a sardina asada.

Cuando el pueblo se viste de fiesta

La Festa Major empieza el tercer fin de semana de agosto con un silencio: el de los gigantes guardados en el casal de cultura, esperando su momento. A mediodía, cuando el sol pega en las fachadas de la plaza, suenan los tambores. Los gigantes —en Vilanova son cuatro, no dos— dan vueltas lentas mientras los niños intentan tocarles los zapatos. Por la noche, el baile popular dura hasta que la luz del día empieza a cambiar de color. Entonces, los más jóvenes se van al riu, donde el agua fresca quita el calor de la verbena.

La cabalgada de Reyes, el cinco de enero, es otro asunto. Desde las cinco de la tarde, la gente de la comarca aparca por las afueras y camina hasta la plaza. Los Reyes llegan en coches descapotables —nada de camellos— y reparten caramelos con tanto ímpetu que los niños terminan con la cara pegajosa y los bolsillos llenos. Es el momento en que Vilanova se siente capital de algo más que de sí mismo.

El Anoia, espejo de la comarca

El río Anoia pasa discreto por detrás de las casas. No es un río espectacular: en verano baja bajo y en invierno se lleva por delante lo que encuentra. Pero sus orillas han aprendido a ser útiles. El tramo que une Vilanova con Igualada —cuatro kilómetros de pista ancha— sirve para ir en bici a comprar el pan o para caminar después de comer. A mitad de camino, el puente de Can Roca tiene una barandilla de hierro donde los adolescentes dejan mensajes grabados con llaves. Desde ahí se ve la fábrica antigua, convertida en nave logística, y más allá los campos de cereal que todavía rodean el pueblo.

Cuando el agua baja muy baja, se descubren los cimientos de los antiguos molinos. Parecen dientes de piedra que asoman entre la grava. Los pescadores locales —pocos, pero fieles— dicen que en esos pozos todavía quedan barbos, los mismos que ya capturaban los monjes medievales.

Consejos de alguien que ha estado

Vilanova del Camí no es un pueblo para hacer turismo intenso. Es un lugar para llegar temprano, desayunar en la plaza mientras se observa cómo la luz va cambiando los colores de las fachadas. Si vienes en agosto, evita el fin de semana de la Festa Major si buscas tranquilidad; si vienes en octubre, el sábado de la Fira de Tardor hay cola para comprar queso artesanal pero es recomendable probar el vino nuevo que sirven en porrones de loza.

El mejor momento para la ruta de los molinos es la tarde, cuando el sol cae por detrera de l'Abadia y el sendero se llena de sombras alargadas. Lleva agua: no hay fuentes hasta el final. Y si llueve, olvídate del camino del río: el barro se pega como cemento y las bicicletas patinan más que ruedan.

En Vilanova, lo importante no es ver mucho, sino ver despacio. Pararse en el puente a mirar cómo el agua se lleva una hoja seca. Oír el silbido del tren que llega a las nueve y cuarto. Comprobar que, efectivamente, el panellet de aquí sabe diferente. Y entender que algunos pueblos no necesitan ser imprescindibles: basta con que sean fieles a su tiempo, a su río, a su pan.

Datos de interés

Comunidad
Cataluña
Comarca
Anoia
Costa
No
Montaña
No
Temporada
todo-el-año

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Enlaces de interés

Registros institucionales y datos abiertos (cuando están disponibles).

  • El Vilar del Met
    bic Jaciment arqueològic ~1 km
  • Església parroquial de Sant Hilari
    bic Edifici ~0.3 km
  • Can Muscons
    bic Edifici ~0.4 km
  • Fons de materials arqueològics de Vilanova del Camí dipositats al Museu de la Pell d'Igualada
    bic Col·lecció ~0.2 km

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Por qué visitarlo

Parque Fluvial Paseos por el río

Ficha técnica

Población
12.936 hab.
Altitud
302 m
Provincia
Barcelona
Tipo de destino
Gastronomía
Mejor temporada
year_round
Imprescindible
Can Roca dye-works
Gastronomía local
Conejo al romero

Preguntas frecuentes sobre Vilanova del Camí

¿Qué ver en Vilanova del Camí?

Lo imprescindible en Vilanova del Camí (Cataluña) es Can Roca dye-works. También destaca Parque Fluvial. El municipio conserva un legado histórico notable en la comarca de Anoia.

¿Qué comer en Vilanova del Camí?

El plato típico de Vilanova del Camí es Conejo al romero. Con 80/100 en gastronomía, Vilanova del Camí es un destino culinario destacado de Cataluña.

¿Cuándo visitar Vilanova del Camí?

La mejor época para visitar Vilanova del Camí es todo el año. Cada temporada ofrece una cara distinta de esta zona de Cataluña.

¿Cómo llegar a Vilanova del Camí?

Vilanova del Camí es un ciudad en la comarca de Anoia, Cataluña, con unos 12.936 habitantes. Se puede llegar en coche por carreteras comarcales. Coordenadas GPS: 41.5719°N, 1.6361°W.

¿Es Vilanova del Camí un buen destino para familias?

Vilanova del Camí puntúa 60/100 en turismo familiar, con opciones moderadas para visitantes con niños. Las actividades disponibles incluyen Paseos por el río y Ferias.

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