Artículo completo
sobre Vilanova i la Geltrú
Capital del Garraf con puerto pesquero y museo del ferrocarril
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Vilanova i la Geltrú suele empezar por el puerto, porque ahí se entiende bastante bien cómo ha crecido la ciudad. A primera hora de la mañana todavía se descarga parte de la pesca de la noche y se organiza la subasta. No es un espectáculo preparado para quien llega de fuera, sino una rutina que se repite desde hace generaciones. La relación con el mar explica buena parte de la historia local: en 1274 Jaime I concedió la carta de población que dio origen a la Vila Nova de Cubelles, un nuevo núcleo que buscaba consolidar un puerto estable en esta parte del Garraf.
Del antiguo núcleo de Geltrú a la ciudad del XIX
El territorio estaba ocupado mucho antes. En varios puntos del litoral del Garraf se han documentado asentamientos ibéricos y romanos vinculados al comercio marítimo. Durante la Edad Media el centro principal era Geltrú, donde todavía se conserva el castillo que vigilaba el entorno agrícola y el pequeño puerto natural.
La actual ciudad nace de la unión progresiva entre aquel núcleo medieval y la Vila Nova creada en el siglo XIII. Durante siglos fue una población marinera y agrícola, pero el gran cambio llegó en el XIX. El ferrocarril alcanzó la ciudad en la década de 1880 y facilitó el desarrollo industrial, sobre todo textil. A la vez, varias familias que habían hecho fortuna en América regresaron y construyeron casas amplias en las calles del centro. Esa arquitectura, mezclada con el crecimiento urbano de la época, explica en parte el apodo de “Petita Havana” que a veces se menciona al hablar de la ciudad.
En la plaza de la Vila, el corazón administrativo de Vilanova, se levanta una escultura dedicada a Josep Tomàs Ventosa, político y empresario local del siglo XIX. Es uno de los muchos recordatorios de ese momento en que la ciudad miraba tanto al Atlántico como al Mediterráneo.
El ferrocarril y su museo
La llegada del tren cambió la escala de Vilanova. Lo que antes era una villa marítima relativamente aislada pasó a estar conectada con Barcelona y Tarragona de forma regular. La antigua instalación ferroviaria se conserva hoy como Museo del Ferrocarril de Cataluña.
El museo reúne locomotoras históricas, vagones y material técnico que permite entender cómo evolucionó la red ferroviaria en España. Algunas de las piezas más llamativas son locomotoras de vapor de gran tamaño, conservadas en los antiguos depósitos. Más que una colección cerrada, el lugar funciona casi como un pequeño archivo industrial: quien tenga curiosidad por la ingeniería del siglo XIX y principios del XX encontrará bastante contexto.
Un carnaval que ocupa media ciudad
Si hay una tradición que marca el calendario local es el carnaval. En Vilanova no se concentra solo en un fin de semana: los actos empiezan semanas antes y acaban implicando a colegios, asociaciones y comparsas.
Uno de los momentos más conocidos es la merengada, una batalla colectiva de merengue en plena calle que acaba con niños y adultos cubiertos de azúcar y confeti. El origen exacto se mezcla entre tradición popular y relato festivo transmitido durante generaciones. Lo que sí es seguro es que forma parte del carácter del carnaval vilanovino desde hace mucho tiempo y que el centro queda completamente tomado por la fiesta.
El xató y la tradición del Penedès marítimo
Vilanova forma parte de la llamada Ruta del Xató, una tradición compartida con otras localidades del Penedès y el Garraf. El plato combina escarola con bacalao desalado, anchoas, aceitunas y una salsa espesa hecha con frutos secos, ñoras y aceite.
Cada pueblo defiende su manera de prepararla. En Vilanova suele notarse más la presencia de la ñora y la textura densa de la salsa. El origen parece estar ligado al mundo de la viña y al trabajo estacional: ingredientes que se conservaban bien y podían mezclarse fácilmente en el campo. Hoy sigue siendo un plato muy asociado al invierno y a los encuentros colectivos.
Pasear entre el puerto y Ribes Roges
El frente marítimo de Vilanova es largo y bastante abierto, algo poco habitual en el Garraf, donde la costa suele ser abrupta. Desde el puerto se puede caminar hacia la playa de Ribes Roges por un paseo llano que utilizan a diario vecinos que salen a correr, pasear al perro o simplemente acercarse al mar.
En uno de los extremos se levanta la torre de Ribes Roges, una construcción defensiva del siglo XVI vinculada a la vigilancia de la costa frente a incursiones corsarias. La estructura actual es una reconstrucción parcial, pero recuerda la red de torres que durante siglos controló este tramo del litoral.
Si se continúa hacia el norte, el paisaje cambia poco a poco: aparecen los pinares del macizo del Garraf y senderos que avanzan entre la roca y el mar. Algunos tramos conectan con rutas más largas que recorren el litoral hasta Sitges.
Cómo orientarse en la ciudad
El centro de Vilanova se recorre bien caminando. Desde la estación de tren hasta el puerto hay alrededor de un cuarto de hora a pie, pasando por la plaza de la Vila y varias calles comerciales.
La playa de Ribes Roges queda algo apartada del casco antiguo, aunque sigue estando a una distancia razonable para ir andando. También hay autobuses urbanos que conectan los distintos barrios.
Quien llegue en coche encontrará zonas de estacionamiento regulado cerca del centro y del paseo marítimo. En los meses de verano el movimiento aumenta bastante, mientras que fuera de temporada la ciudad mantiene un ritmo más tranquilo, especialmente a partir de septiembre, cuando el mar todavía está templado y la afluencia de visitantes baja.