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sobre La Torre de les Maçanes
Pueblo de montaña alto y boscoso; famoso por su torre almohade y almendras
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A las diez de la mañana el sonido más claro es el de unas botas sobre la piedra. Las calles aún están medio vacías. En el aire se mezcla el olor a pino con el café que sale de alguna cocina abierta. El turismo en La Torre de les Maçanes empieza muchas veces así: despacio, con el pueblo todavía en silencio a 788 metros de altitud, en la vertiente norte de la sierra de Aitana.
Aquí arriba el ritmo es otro. La luz tarda un poco más en calentar las fachadas y el viento suele moverse entre los tejados antes de bajar hacia los barrancos.
El casco antiguo por la mañana
El núcleo del pueblo es pequeño. Se recorre andando en pocos minutos, pero conviene hacerlo sin prisa. Las calles son estrechas y algo irregulares. La piedra caliza aparece en muros, esquinas y portales.
La iglesia de la Natividad de Nuestra Señora ocupa el centro. El campanario sobresale entre los tejados claros. La fachada es sobria. Dentro se conserva un retablo del siglo XVIII y una imagen de la Virgen que tradicionalmente se viste en las celebraciones del pueblo.
Alrededor hay pequeñas plazas que aparecen casi sin aviso al girar una esquina. A media mañana es fácil encontrar a alguien regando macetas o moviendo una silla al sol. En invierno, la luz busca estos rincones protegidos del viento.
Bancales y paisaje de Aitana
En cuanto sales un poco del casco urbano aparecen los bancales. Muchos están abandonados. Aun así, los muros de piedra seca siguen marcando el terreno como líneas grises entre la hierba.
Durante generaciones aquí se cultivaron almendros, olivos y algo de cereal. El trabajo debió de ser duro: las parcelas son estrechas y las pendientes obligan a caminar siempre en diagonal.
Desde algunos puntos elevados el paisaje se abre hacia el norte. Las laderas descienden con suavidad hacia el interior del Alacantí. En días claros, muy claros, la línea del mar aparece lejos, casi como una mancha azul pálida.
Caminos que salen del pueblo
Desde la calle principal parten varios caminos. Algunos enlazan con rutas más largas hacia la sierra de Aitana. Otros se quedan cerca del pueblo y siguen antiguas pistas agrícolas.
Hay tramos con sombra de pinos y suelo cubierto de agujas secas. Otros discurren entre roca clara y matorral bajo. Las pendientes son moderadas en muchos puntos, pero conviene llevar calzado firme si se piensa caminar un buen rato.
En invierno el monte suena distinto. Se oyen carboneros moviéndose entre los arbustos y, a veces, pequeños grupos de camachuelos. La primavera trae más movimiento de aves y un olor más húmedo en los barrancos.
Fiestas y vida local
A lo largo del año el pueblo se reúne en torno a celebraciones muy ligadas al calendario tradicional.
En enero suelen encenderse hogueras por San Antón. El fuego ilumina la piedra de las calles y se bendicen animales, una costumbre que recuerda el pasado ganadero de la zona.
Las fiestas patronales se celebran en septiembre en honor a la Virgen. Es un momento en el que regresan vecinos que viven fuera. Durante esos días las calles tienen más voces y más mesas largas bajo los almendros de los alrededores.
La cocina local sigue basándose en guisos sencillos. Carne de cordero o conejo, masas de coca hechas en casa y embutidos que tradicionalmente se preparaban en invierno. Son platos pensados para el frío de la montaña.
Cuándo ir y cómo llegar
La Torre de les Maçanes cambia bastante según la estación. En otoño el monte toma tonos ocres y el aire suele ser claro después de las primeras lluvias. En primavera los bancales se llenan de verde y los días alargan.
El verano puede ser caluroso a mediodía, aunque las noches refrescan. Si se quiere caminar por la sierra conviene salir temprano. En invierno el viento puede ser frío y seco; una chaqueta de más se agradece.
El acceso desde Alicante o Elche se hace por carretera de montaña. La subida es constante pero el firme suele estar en buen estado. Cuando llueve fuerte o en episodios de frío intenso conviene conducir con calma. Algunas curvas y pendientes pueden acumular barro o algo de hielo.
Al llegar, el coche se queda quieto enseguida. El pueblo es pequeño. A partir de ahí todo ocurre caminando, entre piedra clara, olor a leña y ese silencio que vuelve cada vez que pasa el último coche.