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sobre Alcalà de Xivert
Municipio que combina historia y costa con el núcleo turístico de Alcossebre; destaca su imponente campanario y el castillo templario que vigila la sierra de Irta y el mar Mediterráneo
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A eso de las cinco de la tarde, cuando el sol empieza a bajar detrás de la Sierra de Irta y la montaña se vuelve de un violeta oscuro, el repique del campanario llega a casi todo el casco urbano de Alcalà de Xivert. No importa en qué calle estés: el sonido cae desde arriba y rebota en las fachadas claras. La torre —alta, visible desde lejos cuando te acercas por la carretera— marca el ritmo del pueblo desde el siglo XVIII. A esa hora las persianas empiezan a levantarse otra vez y la plaza de la iglesia recupera movimiento.
Alcalà está en el interior inmediato de la costa del Baix Maestrat, a pocos kilómetros de Alcossebre. Esa mezcla se nota: huerta y almendros hacia dentro, olor a sal cuando el viento gira hacia el mar.
La subida al Castell de Xivert
El Castell de Xivert se ve desde bastante antes de llegar al pueblo, recortado sobre la sierra. Desde abajo parece cerca, pero la subida tiene lo suyo: unos cuatro kilómetros desde el casco urbano, primero por pista asfaltada y luego por un tramo de tierra con grava suelta.
La caminata gana altura poco a poco entre matorral mediterráneo. Romero, aliaga, pinos bajos que crujen cuando sopla el viento. En los días claros de otoño —cuando el aire limpia el cielo— el paisaje se abre hacia el valle de Alcalà y, al fondo, aparece el Mediterráneo como una franja gris azulada.
El castillo conserva dos recintos bien diferenciados. El inferior tiene origen andalusí; el superior se reforzó tras la conquista cristiana, cuando la orden del Temple controló esta zona del Maestrat. Caminando entre los muros se distinguen bien las distintas fases de construcción, como capas de piedra superpuestas.
En la explanada inferior hay paneles que señalan la presencia de pinturas rupestres en algunas rocas del entorno. No siempre se distinguen a simple vista, pero el paraje merece la parada. Desde allí también se reconoce, aislada en una colina cercana, la Torre de Cap i Corb: una torre de vigilancia que formaba parte del sistema defensivo de la costa.
Si decides acercarte caminando hasta la torre, calcula aproximadamente una hora más entre ida y vuelta y lleva agua. La ladera queda bastante expuesta al sol.
Senderos de la Sierra de Irta
La Sierra de Irta arranca prácticamente al lado del municipio y desciende hacia el mar sin urbanizaciones en muchos tramos. Cuando caminas por aquí lo primero que se percibe es el olor: romero, lentisco, tierra caliente si el día ha sido largo.
Uno de los recorridos cortos pasa por la zona de la Roca Grossa. El sendero no es largo, pero el terreno obliga a ir despacio. Entre los pinos aparecen de golpe los acantilados, con el agua golpeando abajo y el viento subiendo cargado de sal.
Para bajar a algunas calas conviene dejar el coche en los accesos habilitados y continuar a pie. En verano, sobre todo los domingos, los caminos se llenan de familias cargando neveras y sombrillas.
La cala del Pebret suele mantener el agua bastante clara incluso en pleno agosto. Si llegas temprano —antes de que el calor apriete y empiece el trasiego de coches— todavía se oye el ruido de las olas contra la roca sin mucho más alrededor.
Cuando llegan las fiestas
En Alcalà las fiestas se viven en la calle. A finales de verano, durante las celebraciones patronales dedicadas a San Juan Bautista y al Sagrado Corazón, aparecen los carafals: estructuras de madera que levantan las peñas y asociaciones del pueblo.
Se reparten por varias calles del centro. Por la noche la música se mezcla con el olor de las parrillas y el ruido de las conversaciones que se alargan hasta tarde. Los niños corretean entre mesas y los mayores ocupan las sillas de plástico mirando quién pasa.
En invierno el ambiente cambia por completo. La romería de Santa Lucía, en diciembre, sube hasta la ermita situada en lo alto de una loma con vistas abiertas hacia la costa. Parte del recorrido se hace en coche por pista forestal y el último tramo suele recorrerse a pie. Cuando cae la noche el viento allí arriba se nota de verdad, y las hogueras se agradecen.
Lo que sale del horno
La cocina del pueblo sigue bastante ligada a lo que marca la temporada.
En invierno aparecen platos contundentes como la olla de la plana: alubias blancas, verduras de la huerta y carne de cerdo que cuece durante horas. En los hornos tradicionales, por esas fechas, también se preparan rosquillas asociadas a San Blas, fritas y cubiertas de azúcar.
Cuando llega el calor cambia todo. En muchas casas se hace coca de sardinas: masa fina, tomate y pescado azul horneado hasta que la piel queda tostada. Y en verano aparecen las claudias, unas ciruelas verdes muy dulces que se cultivan en esta zona del Maestrat. La temporada suele ser corta, entre julio y finales de verano.
En la cooperativa agrícola del pueblo también se encuentra miel de romero o de tomillo. Muchos tarros siguen vendiéndose de manera bastante sencilla, con el peso escrito a mano. Con el tiempo la miel se vuelve más densa y cristaliza; basta templarla un poco para que recupere la textura líquida.
Cómo moverse por el pueblo
Alcalà de Xivert queda junto a la N‑340 y cerca de la autopista que recorre la costa mediterránea, así que llegar en coche es sencillo. Dentro del casco urbano se puede aparcar sin demasiados problemas la mayor parte del año, aunque en pleno agosto el movimiento aumenta porque muchos veraneantes que se alojan en la costa suben a hacer compras o pasear por el mercado.
Una vez aparcado, lo más cómodo es moverse andando. El centro se recorre rápido y las calles alrededor de la iglesia concentran buena parte de la vida diaria.
Si piensas subir al castillo, mejor hacerlo a última hora de la tarde. La ladera queda en sombra y la caminata se hace más llevadera. Lleva agua: arriba no hay fuentes. Y si el plan incluye bajar luego a las playas de Alcossebre, conviene mirar el estado del mar. Cuando sopla fuerte viento de tierra, algunas zonas abiertas del litoral se vuelven más movidas de lo que parece desde la arena.