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sobre Alcoy
Ciudad de los puentes y capital industrial histórica; famosa mundialmente por sus fiestas de Moros y Cristianos
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Hay ciudades que parecen tener complejo de identidad. Alcoy no. En cuanto pasas un rato aquí entiendes rápido de qué va la cosa: industria, montaña alrededor y una forma bastante directa de vivir la ciudad. Como si fuera una fábrica con casas alrededor que un día decidió conservar también lo que había construido mientras trabajaba.
Cuando bajas por la CV‑700 y ves por primera vez el viaducto de Canalejas, ese puente de hierro que parece dibujado con regla, entiendes una de las obsesiones locales: los puentes. Hay unos cuantos repartidos por la ciudad porque Alcoy está llena de barrancos. Más que crecer hacia fuera, fue cosiendo un lado con otro.
El olor a tela y la piedra que lo aguantó todo
El centro es un laberinto de calles empinadas donde el modernismo se mezcla con antiguas fábricas textiles. Algunas siguen en pie tal cual; otras se han reconvertido en edificios culturales o administrativos.
La Casa del Pavo parece sacada de un cuento de hadas diseñado por un arquitecto con fiebre: cerámica, hierro forjado y ese pavo real que da nombre al edificio mirando a los viandantes como diciendo “sí, ya sé que soy excesivo”.
Uno de los edificios más conocidos es el Círculo Industrial. Nació en el siglo XIX como punto de reunión de la burguesía industrial de la ciudad, cuando Alcoy era una potencia textil. Hoy sigue funcionando como entidad cultural y social. Si puedes entrar a echar un vistazo, verás salones y detalles modernistas que cuentan bastante bien cómo era aquella época en la que aquí se fabricaba medio país.
Cuando los moros y cristianos toman la ciudad
Si hablas de turismo en Alcoy, tarde o temprano acabarás en las fiestas de Moros y Cristianos. Aquí no son un desfile para turistas: son parte del calendario vital de la ciudad.
Se celebran cada primavera en honor a Sant Jordi y llevan organizándose generaciones y generaciones. Durante esos días la ciudad cambia el ritmo: pólvora por la mañana, música por todas partes y escuadras desfilando con trajes que, a veces, cuestan lo que un coche pequeño.
Lo curioso es que casi todo el mundo participa de alguna manera. El que desfila puede ser tu vecino, el compañero de trabajo o alguien que lleva todo el año esperando esos tres días. Si llegas sin saber muy bien qué está pasando, lo mejor es dejarte llevar por la música y seguir a la gente.
La cocina de la abuela, pero en serio
La pericana es uno de esos platos que explican bastante bien la cocina de la zona. Bacalao desmigado, ñoras secas y aceite de oliva. Tres cosas y ya está. Suena simple, pero tiene ese punto intenso que engancha.
Luego está la coca de mollitas, muy típica por aquí: masa de pan con una capa de migas crujientes por encima. Parece una idea improvisada, pero cuando la pruebas con un café o algo de beber entiendes por qué sigue tan presente en los hornos de la ciudad.
Y cuando llega el frío aparece el arroz al horno. Nada de arroces ligeros: aquí hay garbanzos, embutido, carne… comida de interior, de las que te dejan bastante tranquilo el resto de la tarde.
Subir a La Serreta y mirar la ciudad desde fuera
A pocos kilómetros del centro está el yacimiento ibérico de La Serreta. No queda una ciudad en pie, pero sí suficientes restos para entender que este lugar llevaba ocupado muchísimo antes de que existieran fábricas o chimeneas.
Muy cerca también está el abrigo de La Sarga, con pinturas rupestres que tienen miles de años. Es de esos sitios que te recuerdan que estas montañas llevan viendo pasar gente desde muchísimo antes que nosotros.
Desde las zonas altas se entiende bien cómo está colocada Alcoy: casas encajadas entre montañas, barrancos que obligaron a levantar puentes y barrios que fueron creciendo alrededor de las fábricas.
Consejos de amigo
Si vienes en coche grande, paciencia. El centro tiene cuestas, calles estrechas y bastante movimiento. Mucha gente acaba aparcando en zonas algo más abiertas y entrando caminando.
Y otra cosa: Alcoy no es la típica ciudad que se recorre tachando monumentos de una lista. Funciona mejor si la paseas sin prisa, cruzas algún puente, te metes por las calles del centro y te sientas un rato en la plaza de España a ver pasar la vida.
No es una ciudad de postal. Es más bien de las que se entienden caminando un rato. Y cuando te vas, te das cuenta de que te has quedado con curiosidad por volver otro día.