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sobre Almedíjar
Pintoresco pueblo del parque natural de la Sierra de Espadán famoso por sus aguas y sus quesos artesanales; rodeado de alcornoques centenarios y barrancos de gran belleza
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Aparca arriba. La entrada al pueblo es estrecha y dentro no hay donde dar la vuelta. Lo normal es dejar el coche en los espacios junto a la carretera y bajar andando.
Se llega por una carretera comarcal desde Segorbe. Tiene curvas. En verano hace calor; primavera y otoño son mejores para ver el monte con algo de verde.
Recorrer el pueblo
Es pequeño. En una hora lo has visto.
Las calles suben y bajan entre casas con muros gruesos y tejas árabes. No hay grandes monumentos. La iglesia parroquial está en el centro y poco más llama la atención.
Lo que queda es el paseo sin prisa, el sonido del agua de alguna fuente y la vista del pueblo pegado a la ladera.
Caminar por la sierra
El monte importa más que las calles. Pinar, barrancos y lomas cierran el valle.
Desde el pueblo salen caminos que se meten en la sierra. Algunos pasan por masías viejas o cortados rocosos con vistas. Mira bien el recorrido antes de salir: hay cruces y pistas forestales que se confunden.
Las fuentes de los alrededores son construcciones simples, de mampostería. Siempre han sido punto de parada para quien trabajaba en el monte.
En otoño, con las primeras lluvias, se ven coches aparcados en los arcenes. La gente sube a buscar setas. Es habitual, pero hay que saber lo que se coge.
El ritmo del lugar
Hay menos de trescientos habitantes. La vida es tranquila casi siempre.
Las fiestas patronales suelen ser en agosto, cuando vuelve gente con casa familiar. En enero se mantiene San Antonio Abad, con hogueras frente a la ermita.
La Semana Santa es cosa del pueblo: procesiones cortas, vecinos conocidos.
Si vienes, ven a andar por el monte y parar un rato aquí. No busques una lista de cosas que ver. El plan es ir despacio o no venir