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sobre Benassal
Villa famosa por su balneario de aguas minero-medicinales y su barrio antiguo de La Mola; combina turismo de salud con historia y naturaleza en el Maestrazgo
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La primera vez que oí hablar de Benassal fue por el agua. Un amigo de Castellón me dijo algo así como: “allí la gente va a por agua como quien va al pan”. Y tenía razón. El turismo en Benassal gira bastante alrededor de eso, de un manantial que lleva generaciones formando parte de la vida del pueblo.
Benassal está en el Alt Maestrat, a unos 830 metros de altura. Cuando llegas entiendes rápido por qué aquí los inviernos se notan y los veranos no son como en la costa. El pueblo es compacto, con calles de piedra y casas que mezclan reformas recientes con muros bastante antiguos. No es grande. En un paseo tranquilo cruzas el casco histórico sin darte cuenta.
En el centro aparece la iglesia de la Asunción. El edificio actual es resultado de varias reconstrucciones a lo largo de los siglos. Por dentro no es especialmente llamativo, pero tiene ese aire de iglesia de pueblo donde todo está colocado con lógica y sin demasiados adornos. Algunos retablos barrocos llaman la atención si te paras un momento.
Caminar por el casco antiguo funciona casi como un pequeño juego de observación. Portones de piedra, escudos en las fachadas, balcones de hierro que llevan ahí más tiempo del que parece. Son pistas de épocas en las que la economía local se movía con la agricultura y el comercio de la zona.
El agua de la Font d’en Segures
Si hay algo que ha puesto a Benassal en el mapa es la Font d’en Segures. El manantial está a las afueras y desde hace mucho tiempo se asocia a propiedades medicinales. Tradicionalmente se ha utilizado para problemas reumáticos o de la piel, aunque hoy mucha gente se acerca simplemente a pasar unas horas de descanso.
El balneario que hay allí ha ido adaptándose con los años. No esperes un complejo enorme ni instalaciones espectaculares. Más bien es un lugar tranquilo donde el agua sigue siendo lo importante. Y sí, todavía es habitual ver a gente llenando garrafas.
Paseos por el entorno del Alt Maestrat
Alrededor de Benassal el terreno se abre en montes bajos, pinares y antiguos bancales. Es un paisaje bastante típico del interior castellonense. Caminas un rato y empiezan a aparecer muros de piedra seca, caminos agrícolas y alguna masía dispersa.
Una de las rutas más conocidas conecta varias fuentes del entorno. Se atraviesan pinares y campos que ya no se cultivan tanto como antes. El recorrido no es complicado y mucha gente lo hace a pie sin prisa. En verano conviene salir temprano porque hay tramos donde el sol cae directo.
También hay senderos cortos que bajan hacia barrancos pequeños o siguen antiguos caminos rurales. Nada técnico. Más bien rutas de esas que haces charlando mientras caminas.
Qué se come en Benassal
La cocina aquí es la que corresponde a un pueblo de interior. Platos contundentes, guisos de carne, embutidos curados en casa y aceite de oliva de la zona. No hay grandes florituras. Son recetas pensadas para jornadas de campo y para inviernos largos.
Si te gusta llevarte algo a casa, mucha gente compra embutido o conservas elaboradas en la comarca. Es una manera bastante directa de recordar el viaje cuando vuelves.
Fiestas y vida del pueblo
En agosto llegan las fiestas dedicadas a San Roque. El pueblo cambia bastante esos días. Hay actos religiosos, música en la calle y reuniones que juntan a vecinos y gente que vuelve en verano.
La Semana Santa también tiene presencia. Las procesiones recorren el casco antiguo y el sonido de los pasos sobre la piedra se oye bastante en las calles estrechas.
Benassal no funciona como un lugar de grandes atracciones. Es más bien uno de esos pueblos donde pasas unas horas caminando, bebes agua del manantial, miras el paisaje del Maestrat y entiendes un poco mejor cómo se vive en esta parte del interior de Castellón. No hace falta mucho más.