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sobre Sax
Pueblo dominado por un espectacular castillo roquero; famoso por sus persianas y fiestas
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En Sax el problema no es subir al castillo. Es aparcar. Arriba hay muy pocas plazas y los fines de semana se llenan rápido porque la gente del pueblo también sube a pasear. Lo más sensato es dejar el coche por la zona de la avenida del Vinalopó y tirar cuesta arriba andando. Calcula unos veinte minutos.
El castillo que no esperas
La fortaleza tiene origen en el siglo X y pasó por una reconstrucción en los años sesenta que hoy se nota bastante. El cemento no engaña. Aun así, merece la subida por las vistas: el valle del Vinalopó abierto hacia Villena, Sax abajo con las casas apretadas contra la peña y la sierra de la Cabrera cerrando el horizonte.
El horario cambia según la época y a veces depende de si hay personal. Conviene informarse antes de subir. Si coincides con quien guarda el recinto y tiene el día hablador, te contará la historia de Artal de Alagón, que murió aquí en el siglo XIII durante un intento cristiano de tomar la plaza. La anécdota circula bastante por el pueblo.
Un pueblo que no es museo
Sax ronda los diez mil habitantes y se nota que no vive del turismo. Hay industria desde hace décadas —sobre todo vinculada a las persianas y al pequeño metal— y el movimiento diario es el de cualquier localidad de interior que trabaja.
Por la mañana temprano la plaza Mayor tiene vida de verdad: gente que entra a tomar café antes de ir al taller o a la fábrica. Si preguntas por el gazpacho sajeño, lo normal es que te digan que en fiestas. En febrero, con San Blas, aparece en muchas casas. El resto del año no es tan fácil verlo en carta.
Más corriente es encontrar olla de cardet, un guiso de cardo que sigue saliendo algunos días en menús de la zona.
Fiestas que se solapan
El calendario fuerte llega en febrero. El 3 celebran San Blas y el 12 Santa Eulalia, y entre medias se meten los Moros y Cristianos. Dos semanas largas de actos, desfiles y música cuando todavía hace frío.
La procesión de San Blas es fácil de seguir: sale de la iglesia y termina con el reparto de pan bendito. Los trajes de las comparsas en los desfiles son vistosos, aunque muchos espectadores van con abrigo encima porque las noches de febrero aquí bajan bastante.
En agosto vuelven las fiestas mayores. Los conciertos y los actos grandes suelen concentrarse cerca de las instalaciones deportivas, y el aparcamiento por esa zona se complica cuando empieza a llegar gente.
Subir a la Cabrera
Desde el castillo sale una de las rutas más conocidas de la zona: la subida hacia la sierra de la Cabrera y el pico de la Moneda. Son unos cuantos kilómetros de sendero con bastante piedra suelta en algunos tramos.
Lleva agua. No hay nada arriba. Las marcas existen, pero en las zonas de roca cuesta verlas y a veces toca fijarse en por dónde ha pasado otra gente antes. También es habitual cruzarse con ciclistas de montaña bajando rápido.
La recompensa llega al volver al pueblo: sombra, algo frío y piernas cansadas.
Consejo directo
Sax se ve en medio día. Subes al castillo, das una vuelta por el centro y poco más. Si vienes en verano, mejor a primera hora o al caer la tarde: la peña del castillo guarda el calor.
Y no hace falta convertirlo en destino de varios días. Funciona mejor como parada tranquila entre Villena, Elda o la sierra cercana. Si te llevas algo de comer del pueblo antes de irte, mejor. Aquí el embutido sigue siendo cosa seria.