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sobre Argelita
Tranquilo municipio bañado por el río Villahermosa donde destaca la torre redonda de su antiguo palacio; un lugar perfecto para desconectar en plena naturaleza
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A media mañana, en los caminos que cruzan los bancales de piedra y tierra rojiza, el aire se queda quieto durante unos segundos. Huele a pino calentado por el sol y a tomillo aplastado bajo las botas. En Argelita, en pleno Alto Mijares, ese silencio aparece con facilidad: basta alejarse unos metros de las últimas casas para escuchar el crujir de las ramas o el canto breve de un mirlo escondido entre los arbustos.
El pueblo ronda los 139 habitantes, y se nota. Las calles son estrechas, con curvas suaves que se adaptan a la ladera sin demasiada geometría. Algunas suben despacio entre muros de piedra y otras se abren en pequeñas plazas donde a ciertas horas sólo se oye una puerta que se cierra o una conversación que sale por una ventana.
Las casas mezclan piedra, revoco claro y tejados de teja árabe. Hay fachadas restauradas con cuidado y otras que muestran grietas y capas de pintura antigua. Todo convive sin demasiada pretensión. En el centro del casco urbano se levanta la iglesia parroquial de San Roque, de proporciones contenidas y aspecto sólido, uno de esos edificios que han marcado el ritmo del pueblo durante generaciones.
El paisaje alrededor del pueblo
Al salir del núcleo urbano, el terreno cambia rápido. El entorno de Argelita combina pinar, encinar y matorral mediterráneo, con laderas que se abren hacia los valles del Alto Mijares. Desde algunos caminos altos se ven montañas encajadas unas detrás de otras, con tonos que pasan del verde oscuro al gris según la distancia.
En primavera el monte se vuelve más aromático: romero, aliaga y otras plantas que se calientan con el sol de mediodía. Después de días de lluvia el olor a tierra húmeda se queda flotando en el aire durante horas.
Caminar por los antiguos caminos
Argelita funciona como punto de partida para varias rutas por caminos tradicionales de herradura que cruzan barrancos y zonas de monte bajo. Algunos senderos están señalizados y otros siguen trazados antiguos que todavía utilizan vecinos para acceder a antiguos bancales o zonas de monte.
El terreno tiene desnivel en varios tramos, así que conviene venir con calzado cómodo y algo de agua, sobre todo si el día aprieta. También es buena idea llevar un mapa o un track descargado, porque hay cruces de pistas forestales donde la orientación no siempre es evidente.
A primera hora de la mañana o ya al caer la tarde la luz entra lateral entre los pinos y marca sombras largas en las laderas. Es el momento en que el paisaje se vuelve más contrastado y el monte parece más amplio de lo que realmente es.
Setas, cocina de casa y temporada
En otoño, cuando llegan las primeras lluvias, mucha gente de la zona sale al monte a buscar níscalos. Es una costumbre muy arraigada en el interior de Castellón. Después, en muchas casas, acaban en la sartén con ajo y perejil o acompañando guisos sencillos.
La cocina local sigue esa misma lógica: platos de cuchara durante el invierno, legumbres cocinadas despacio y recetas transmitidas dentro de las familias. También es habitual encontrar tortas de almendra y dulces caseros, especialmente en épocas festivas.
Fiestas y vida del pueblo
En agosto se celebran las fiestas dedicadas a San Roque, cuando el pueblo se llena más de lo habitual porque regresan vecinos que viven fuera. Durante esos días hay actos religiosos, música y actividades organizadas por los propios habitantes.
Fuera de esas fechas, Argelita mantiene un ritmo tranquilo. En invierno las calles se quedan casi vacías al caer la tarde y la vida se concentra en las casas.
Cómo llegar y cuándo ir
Para llegar desde Castellón de la Plana lo habitual es tomar la CV‑20 en dirección al interior del Alto Mijares y después continuar por carreteras comarcales que serpentean entre montañas. El trayecto suele rondar una hora en coche, dependiendo del tráfico y de las paradas.
La primavera es uno de los momentos más agradables para acercarse: temperaturas suaves y monte verde después de las lluvias. En verano el calor puede apretar en las horas centrales, así que conviene moverse temprano o esperar a la tarde, cuando la luz empieza a caer sobre las laderas que rodean Argelita.